miércoles, noviembre 30, 2022

¿Cambios en Batasuna?

Andan algunos en el País Vasco (entre nacionalistas y entomólogos de ETA y sus derivaciones) interesados por subrayar o analizar un fenomenal cambio en Batasuna porque en documentos y declaraciones recientes se ha dicho que el «proceso democrático» -que no es otra cosa que el camino hacia la independencia- debe hacerse en condiciones de «ausencia de violencia». Caramba, vaya cambio…

Resulta un tanto pasmoso cómo se valora lo de siempre: ETA, que practica el terrorismo para conseguir sus objetivos, dejaría de hacerlo, al menos temporalmente, si se establece un camino, al margen del normal funcionamiento del Estado de Derecho, para que los logre. Además, Batasuna no cita a ETA en sus papeles por muy al margen de la banda que se diga que han sido redactados. Es decir, la ausencia de violencia es para Batasuna lo de siempre, no la de ETA sino una suerte de «violencia» general en la que entra la que Batasuna atribuye al Estado, al que, en definitiva, se le pide que no cumpla la ley. De hecho, el «mínimo democrático» que se exige para comenzar el «proceso», con el señuelo de la ausencia de violencia, es que se permita que Batasuna, travestida de lo que sea o como la conocemos ahora, se presente a las elecciones. En todo esto, el único cambio sería el que se pide al Estado de Derecho, es decir, que renuncie tanto a sus garantías como a sus obligaciones.

Los entomólogos de la cosa andan ahora, con la disculpa de evaluar la imposible independencia de Batasuna respecto de ETA, cavilando acerca de lo que podría hacer la primera si la segunda comete un atentado. Ya subrayar que hace tiempo no los hace, para dar apoyo al «proceso», es una indignidad: si no ha habido atentados es porque, afortunadamente, las detenciones de quienes los preparaban se han producido antes de que los llevaran a cabo, no porque la banda terrorista se plantee de ningún modo el abandono, ni temporal ni definitivo, del terrorismo. Al mismo tiempo se cavila sobre la hipotética reacción de estos colaboradores dependientes de ETA: si dirían que la condenan, en lo que nadie confía; si dirían que la repudian; si hablarán de una «injerencia»; si no dirán nada. Todo ello, y la murga alrededor de las hipótesis, no sirve sino para ocultar la realidad: ETA sigue existiendo y, que se sepa, ni en público ni en privado ha habido un dirigente de la izquierda abertzale que se haya opuesto a ella y al terrorismo. Como cambio, la verdad, todo esto de las declaraciones y documentos de Batasuna es una tomadura de pelo. Las cavilaciones en torno a los mismos es una demostración de pusilanimidad bastante peligrosa, ya que la única evidencia positiva es que ETA, para sus amigos y adversarios, es ya una banda claramente vencible.

Germán Yanke

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