miércoles, diciembre 7, 2022

Las compasivas y sensibles legiones de EEUU

Un vuelo rasante de helicóptero sobre Puerto Príncipe revela barrios enteros de tejados llanos derrumbados junto a zonas que parecen casi intactas. Los dioses del terremoto no sólo son crueles, sino arbitrarios. El Palacio Presidencial se inclina como borracho. Los campos de fútbol y los demás espacios abiertos están cubiertos de tiendas de lona, que ofrecen cierta protección mientras llega la temporada de lluvias.

El piloto se dirige hacia un faro blanco a lo largo de la costa, entre el epicentro del terremoto en Leogane y Puerto Príncipe. En el emplazamiento de un anfiteatro en estado de ruina y un parque, el segundo pelotón del tercer batallón de Marines ha levantado el campamento en la ciudad de Carrefour: un lugar con costa y alambre de espino, playa y buques de guerra en el horizonte, tiendas de campaña de camuflaje, laboriosos marines y ruido de helicópteros.

Carrefour es la cuarta zona que estos marines han ayudado a estabilizar desde el terremoto. Inicialmente, las necesidades más urgentes fueron el orden público, la alimentación y el tratamiento médico. El orden llegó más rápido de lo que esperaban los marines. Los haitianos no precisaron de una demostración de fuerza, sólo de la sensación de que alguien estaba al mando. Con el puerto en ruinas, los suministros se trasladaron a cuatro playas mediante lanchas de desembarco. La carga pesada a larga distancia -la capacidad de mover masas de equipo, suministros y personas por todo el mundo- es una demostración de la influencia global estadounidense. Puede ser la mejor definición de esa influencia.

Pero las operaciones de los marines en Haití han entrado en otra etapa. Cuando llegué a Carrefour, un oficial de los marines a cargo de las relaciones civiles convocaba la primera reunión de activistas de la comunidad, organizaciones no gubernamentales y funcionarios locales, un grupo que se reúne a diario para evaluar las necesidades de ocho sectores de la ciudad. El oficial me explicó la compleja dinámica de clases de Haití que determina el liderazgo local. Los marines estadounidenses de origen haitiano hablan un criollo fluido -una de las ventajas de un ejército multicultural-. El objetivo era empezar a repartir comida a través de instituciones de la comunidad en lugar de enclaves de reparto o cupones, para que los haitianos puedan empezar a asumir la titularidad de los esfuerzos. Los marines practican una especie de cirugía no invasiva: proporcionar estructura y seguridad, pero fomentando instituciones comunitarias que deben seguir en pie cuando Estados Unidos se marche.

¿Dónde demonios aprendieron los marines este tipo de sensibilidad cultural? El teniente coronel Rob Fulford, a cargo de la operación de Carrefour, responde: «En Iraq y Afganistán, donde el equivalente era tratar con los jeques tribales… Hay un nivel de madurez dentro de nuestra Infantería Marine que no existía en el 2003, cuando invadió Iraq. Una conciencia cultural. La capacidad de aprovechar sus relaciones».

Otro oficial del grupo de Fulford añade: «Es muy similar a Iraq y Afganistán, excepto que aquí no hay malos. Estamos ayudando a la población, ganando su confianza. Viene que ni pintado. Todos somos producto del manual COIN».

Alude al manual de campo de contrainsurgencia obra del general David Petraeus, que implicó un cambio drástico en el pensamiento militar: mayor énfasis en la seguridad de la población, estímulo de la capacidad de los habitantes y aislamiento del enemigo mejorando las condiciones de vida de los residentes. Esta estrategia ayudó a salvar la misión estadounidense en Iraq. Su alcance y beneficios pueden verse ahora en una playa de Haití.

Los grandes despliegues militares como el de Haití constituyen una paradoja. Someten a una importante presión al equipo militar. Viajando de un buque a otro en las costas de Haití, fui informado de los condensadores de potabilización averiados, la escasez de repuestos esenciales, los mantenimientos preventivos aplazados.

Pero la gente del ejército gana habilidad y experiencia, con el traslado de suministros, el tratamiento de los casos traumáticos, abordando complejos retos culturales. A pesar de muchas dificultades, aquellos que se entrenan para una misión están encantados con ella.

Ningún imperio de la historia puede presumir de tener legiones tan compasivas. La tripulación del USS Fort McHenry logró reunir decenas de miles de frascos de mantequilla de cacahuete que repartir en las escuelas en tierra. En el USS Bataan, una haitiana de 96 años en cuidados intensivos es atendida como un general. La tripulación del Bataan se siente especialmente orgullosa del bebé haitiano que ayudaron a subir a bordo. A falta de una incubadora apropiada, improvisaron, utilizando una lámpara de calor empleada normalmente para cerrar grietas en la fibra de vidrio.

Estos soldados, marineros, pilotos y marines saben que había mucho averiado en Haití antes incluso del terremoto, y que mucho seguirá averiado después de que se vayan. Pero de vuelta en la playa de Carrefour, los marines recogen y desplazan una de sus instalaciones. Un grupo de inversores haitiano-estadounidenses quiere empezar a construir en ese lugar. Estos marines, por lo menos, saben que su presencia fue un buen augurio.

© 2010, Washington Post Writers Group

Michael Gerson

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