lunes, diciembre 5, 2022

Consuelo Ordóñez: «La gente que le odiaba, a mí también; y la que le admiraba, a mí también»

Hace quince años asesinaron a su hermano Gregorio, un líder político en el País Vasco que se caracterizó por su coraje al denunciar el terrorismo y por criticar la visión excluyente del nacionalismo. Qué es lo que le hizo mantenerse en el País Vasco, durante otros diez años, a pesar del trauma vivido?

CONSUELO ORDÓÑEZ.- Yo creo que fue un mecanismo de autodefensa. Realmente, entonces no pensé si irme o no, todo lo contrario, me entraron unas inmensas ganas de quedarme. Yo tenía que estar aquí, no he pensado de otra forma en diez años, hasta hace cinco, que tomé la decisión de cambiar. Ahora, con la perspectiva del tiempo, creo que hice bien en quedarme. Volvería a hacerlo.

Su hermano cosechó los mejores éxitos políticos en 1994. Logró la primera posición de su partido en San Sebastián, por primera vez, meses antes de su asesinato, en las elecciones europeas. Dado su parecido físico, a usted le reconocían por la calle…

C.O. Yo enseguida empecé a ser reconocida. Mi cara les recordaba a mi hermano y máxime cuando decidí aparecer dos días seguidos en la televisión. Me reconocía todo el mundo. Algo de mi cara les recordaba a mi hermano. La gente que le odiaba, a mí también; la que le admiraba, a mí también. Así que oía cosas terribles: «Ordóñez, te vamos a…» junto a otras como «Ordóñez, ¡valiente!». Y en los bares sabía en cual podía estar. En unos me miraban con complicidad y en otros había remilgos hasta para servirte.

Yo me he sentido siempre muy orgullosa de que me odien los malos. Es un orgullo, no por mí, sino por mi hermano. A veces, cuando me amenazaban (siempre de espaldas) o me hacían pintadas en la casa, decía: ‘Joé, hermanito, qué poder tienes. Ni siquiera te olvidan’. Para mí era un placer. Hombre, no me gustaba que me partieran la cabeza o me intentaran quemar la casa ni otras situaciones difíciles cuando caminaba sola por lo ‘Viejo’. Pero, en el fondo, sentía orgullo de mi hermano.

Quince años después se vuelven a proyectar los mensajes de Gregorio Ordóñez, desconocidos en cierta medida para muchos jóvenes españoles. ¿Qué reflexiones le han suscitado?

Ya cuando se cumplió el décimo aniversario se recopilaron algunos testimonios y ahora hay otros más. Francamente, las cosas que yo he oído decir mucho después a otras gentes, ya las decía Goyo. Y yo… sin valorarlo cuando las decía. Ahí tengo mi espinita. Era algo ignorante. Para mí, era mi hermano y no lo valoré.

De aquéllo por lo que luchó Gregorio Ordóñez, qué cosas cree que se han logrado hoy y cuáles no?

C.O. Las cosas cambian y se abren caminos diferentes. Pero ¿porqué no?. Igual este cambio que estamos viviendo en el País Vasco ahora hubiera podido adelantarse diez u ocho años. Además, mi hermano hubiera sido probablemente el alcalde de San Sebastián. Y todo eso hubiera transurrido en una normalidad contagiosa que hubiera cambiado las cosas. No son especulaciones. Era lo lógico. Todo el mundo sabía los resultados de las últimas elecciones europeas en San Sebastián y se veía el sentir de los donostiarras ante las municipales del 95.

Y este cambio político en el País Vasco podría ser el resultado de aquélla siembra, pero se podía haber adelantado si mi hermano y otros después no hubieran sido asesinados. El cambio en Euskadi es lo que más se acerca a aquéllo por lo que mi hermano luchó. Yo creo además que Goyo hubiera llegado a un pacto de gobierno con los socialistas, no solo a un apoyo para la legislatura. Él era pactista, salvo con quienes tenía muy claro que no.

¿ Y qué es lo que no se ha logrado?

Nos hemos alejado de su forma de hacer política. ¿Cuántas personas como Goyo tenemos hoy como políticos? Yo creo que sólo una: Rosa Díez.

Chelo Aparicio

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