martes, diciembre 6, 2022

El eterno dilema

De nuevo el dilema en la izquierda abertzale: apostar por las vías pacíficas, es decir, por desprenderse de su dependencia orgánica de la banda terrorista ETA, o seguir juntos, como hasta ahora, algo que han defendido recientemente incluso algunos de los llamados observadores internacionales, como el sudafricano Brian Currin, con el argumento de hacer eficaz el camino hacia el abandono de las armas. De nuevo, la repetición del debate. En anteriores ocasiones, ante la expectativa de un nuevo proceso de diálogo con el Gobierno y, actualmente, como modo de supervivencia política ante las elecciones locales y forales del 2011, y superar la ilegalización. Ya dejó clara la disyuntiva hace unos meses el ministro Rubalcaba: «O votos o bombas». Y en eso están.

Dice la autodenominada izquierda abertzale en una nota hecha pública que ha recibido miles de aportaciones de su militancia en su «última fase de debate interno», una explicación con la que pretende contrarrestar los «intentos de algunos medios de comunicación y agentes políticos de condicionar el debate mediante la intoxicación y la manipulación». La nota asegura que el documento Clarificando la fase política y la estrategia debatido en 254 asambleas del País Vasco y Navarra desde el mes de octubre ha sido un éxito: lo ha respaldado la mayoría de sus militantes y ha recibido aportaciones de 6.467 personas. El texto, de 62 folios, apuesta por la acumulación de fuerzas nacionalistas y por poner en marcha un «proceso democrático» que tenga «como base la palabra y la decisión de la ciudadanía vasca y por tanto se realice sin ningún tipo de violencia o injerencia externa», sostiene la nota, aunque no precisa si la «injerencia» incluye al papel de ‘vanguardia’ de ETA otorgado por el conjunto del entramado abertzale a la banda terrorista.

La valoración del debate interno se hizo pública horas después de que se publicara en el diario El País que se está saldando en favor de los defensores de las vías pacíficas y que se está expulsando a los más «duros», algo que rompería con la tradición asentada entre las organizaciones políticas afines a ETA, en las que siempre han ganado. Según las mismas investigaciones periodísticas, los favorables a una vía soberanista, mediante vías pacíficas y democráticas, se imponen sobre «los duros», que persisten en defender la presencia de ETA en este proceso. En esta vía posibilista, de cara a participar en las elecciones del 2011 -so pena de arriesgarse a desaparecer- estarían los líderes Arnaldo Otegi y Rafa Díez, ambos en prisión. Habrá que esperar los efectos que cause la última palabra de ETA cuando termine el debate para hacer el definitivo balance sobre el proceso de reflexión. El eterno dilema desde hace décadas, desde que nació ETA.

La apuesta soberanista, el precedente con el que sueñan muchos dirigentes nacionalistas, convencidos de que es la forma de mantenerse en el poder, fue el Pacto de Lizarra, en el que sindicatos y partidos nacionalistas acordaron con ETA la determinación de excluir de los pactos a los partidos constitucionalistas, PSE y PP, a su vez, objetivos de la banda terrorista, como precio de la paz (el año de tregua 1998-99).

Pero el lenguaje es opaco si no se contrasta con los argumentos de los adversarios. El PNV, que observa con cautela estos debates de la izquierda abertale -frente a una EA implicada y dispuesta a ceder sus siglas para amparar a las siglas ilegalizadas- no encuentra mejor crítica hacia el Gobierno de Patxi López que acusarlo de «frentista». No hay un espejo que devuelva la propia imagen.

Chelo Aparicio

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