jueves, diciembre 1, 2022

Masacre en la irresponsabilidad

El terrorismo de Hamas, punta de la política iraní contra la culminación del Estado palestino y contra el Tratado de Paz entre Israel y Siria, ha cebado la bomba de las soluciones brutales contra los problemas que no tienen solución; al menos, mientras subsistan los factores de obstrucción para la vía del diálogo y cualquier otro género de racionalidad política. La enormidad del suceso militar israelí desde el mismo corazón del Sabat en adelante, merece algo más que la obviedad de las condenas contra la contundencia de una acción bélica de inevitables efectos colaterales. Inevitables porque la propia Hamas tiene en la población civil palestina, como escudo humano, las claves de su desafío a Israel.

Obligado resulta señalar, en estas horas de conmoción ante lo sucedido, la claridad política del presidente de la UE, al pedir la «interrupción mediata» de la violencia; obviamente, la militar del Ejército judío, pero también la de los milicianos con sus cohetes. Y no sólo eso. Sarkozy ha condenado las «provocaciones irresponsables que han conducido a esa situación». Irresponsable la decisión de Hamas de no renovar la tregua con Israel. Más irresponsable aún, la orden o el consentimiento de que se reanudaran los ataques con cohetes contra las poblaciones judías próximas.

Y, además, inaceptable por entero ha sido la incapacidad de la Liga Árabe para impedir o frenar todo el cúmulo de irresponsabilidades colectivas que se ha resuelto en este baño de sangre. Pues si la Liga fue impulsora también de la Conferencia de Annápolis para la construcción del Estado Palestino y la paz entre Israel y Siria, debió serlo asimismo del aislamiento de Hamas en el seno del mundo árabe, al ser esta organización una pieza clave de Irán en Palestina, de la misma manera que lo es Hizbola en el Líbano.

Mientras el balance de heridos en los bombardeos de bases y cuarteles de Hamas en Gaza y dos localidades próximas pasa de los 750, las muertes acabarán rebasando con holgura la cifra de los 225 muertes contabilizadas a última hora del sábado. Pero lo espeluznante de tales cuentas no debe empañar la visión del helado cálculo de cuantos conspiran -acaso no sólo en Teherán- para que la paz en Oriente Medio sea imposible. Y en lo que debe repararse ahora es en el hecho de que la escala israelí en su respuesta a las provocaciones de Hamas marca a fuego el inmediato comienzo de la presidencia de Barack Obama en Estados Unidos.

Otra lectura de la ferocísima respuesta israelí a las reanudadas provocaciones de los milicianos tras acabarse la tregua por parte de Hamas, es la de la calidad de mensaje a Irán que se advierte en ella, en el sentido de que no se dará cuartel, de ahora en adelante, a los combatientes por interposición que Irán quiera enviarle. Lo de Gaza señala otra línea divisoria que la existente entre la guerrilla palestina y la población judía. Se trata de una frontera entre el antes y el después del 27-D. Cantado está que a los cohetes de los milicianos, sólo ocasionalmente mortales, sucederá el ya convocado regreso de los suicidas. Pero esto como lo de ayer no es otra cosa que la guerra, en la que tiene poco sentido hablar de proporcionalidades. Más importantes que los números de muertos y heridos, son las causas que los provocan y aquellos que deben responder por ellas.

José Javaloyes

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