lunes, noviembre 28, 2022

El libro «La tribu navarra» de José Antonio JáureguiI. De tribus pirenáicas a otras carpetovetónicas

La citada obra de José Antonio Jáuregui es un aporte fascinante a nuestra literatura étnico-política. Y no sólo para navarros, pues supone todo un excurso por la realidad del viejo reyno, dentro de los flujos históricos de las Españas.

Lo primero de interés en ese libro es la idea de tribu, que Roque Bacia, en su «Diccionario Etimológico de la lengua española» (1895), enlaza con el Génesis; por aquello del trío de patriarcas que fueron los hijos de Noe: Sem, Cam y Jafet, repobladores del mundo conforme a la Biblia, después del diluvio universal.

Según esa versión, un descendiente de Jafet, Tubal, con su propio hijo, fueron los destinados a poblar Sefarat, lo que hoy llamamos España, ya por entonces uno de los países conocidos en la inspiración del Antiguo Testamento, y para los creyentes ad pedem literae del antiguo testamento, Tubal debió ser el primer navarro.

Volviendo ahora a la idea general de tribu, creo que la tenemos todos bastante clara: agrupación de clanes, formativos del primer organismo multicelular de referencia política en la humanidad. Todavía con valores plenamente actuales en áreas como África central, el archipiélago indonesio, etc. Siendo una derivación del concepto de tribu, la expresión tribuno de la plebe, en el mismísimo origen de la República de Roma. De modo que esos tribunos elegidos por la base más popular de la ciudad eterna, eran los encargados de defender los derechos de los plebeyos, frente a la dominación de las tres tribus básicas que conformaron Roma.

Como ampliación de lo expuesto por Jáuregui en su mencionado libro, con ocasión de presentarlo en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, dirigido por mi buen amigo Sr. Pernas, tuve ocasión de exponer algunas ideas al lado de Jaime Ignacio del Burgo; verdadero promotor del libro, desde papeles semiolvidados que él guardaba. Y también junto a Eduardo Jáuregui, hijo del autor de La Tribu navarra. Palabras con las que me permití extender algunas de las doctrinas jaureguianas a los madrileños de hoy, que seguimos teniendo algo de las originarias huestes carpetovetónicas, entre los Vacceos normeseteños y los Oretanos manchegos, a caballo sobre la cordillera que antes se mencionaba según esa razón étnica, Carpetovetónica.

¿Y de dónde viene ese nombrecito? Pues lo veremos en las próximas líneas, a partir de Pedro de Répide, que dictaminó al respecto en su obra «La Villa de las siete estrellas» (1923), referente a las armas de la hoy capital de España. Un tema que vine de la mano del libro de Jáuregui, y que bien merece un paréntesis para los lectores de ESTRELLA DIGITAL; que en estos días navideños tienen más tiempo para folgar, si así lo desean, en cuestiones varias. Para lo cual recurrimos al portal electrónico Madripedia, en su excelente artículo «Escudo de la ciudad de Madrid».

Fue en 1211, cuando preparó en Madrid una expedición contra el reino de Las huestes madrileñas ostentaron en esa ocasión como enseña un oso prieto (pardo) en campo de plata. Al año siguiente, en 1212, se dio la y el Concejo de Madrid puso su vanguardia bajo el mando de Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya. Y también en esa ocasión ondeó al viento la enseña antes descrita, cosa que volvió a suceder años más tarde, en 1217, cuando el rey tomó En todas esas glorias reconquistadoras, el oso fue la enseña de Magerit, ya rebautizada como Madrid.

Ese emblema del oso fue el comienzo de lo que sería el escudo de la Villa, que contaba con todo un entorno abastecido de osos, por lo cual también fue denominada más poéticamente como Ursaria. Lo cual se corresponde con crónicas y documentos de la época, y singularmente, con el Libro de Montería del rey (primera mitad del siglo XIV) donde se dice que «Madrid, es un buen lugar de puerco y oso» (sin ninguna alusión al momento presente, en cuanto a los actuales habitantes de Carpetania, nota bene).

Posteriormente, se pintaron en el lomo del oso siete estrellas, y Don Francisco de Batzan Vergara asegura en alguna crónica que la estrella Polar era la que estaba sobre su cola. En tanto que los genealogistas han querido ver en esas estrellas y en el oso una alusión a los mitos de grandes constelaciones, basándose para ello en decir que Madrid estaba en la denominada región de Carpetania, y que Carpetum en latín quiere decir carro. De modo que durante bastante tiempo, las armas de Madrid fueron un oso pintado sobre azul, con siete estrellas sobre su lomo y paciendo sobre pasto verde.

Más tarde, surgieron desavenencias entre el Concejo de la Villa y el Cabildo de la catedral por el disfrute del monte y tierras de pasto de los alrededores de Madrid hasta la sierra. El pleito duró 20 años, y al final se llegó a un acuerdo, según el cual:

Se daría a la Villa de Madrid todos los pies de árbol y la caza.

Se concedería al Cabildo eclesiástico todos los pastos.

Para que el acuerdo quedara bien sellado y para memoria de todos, se acordó que el escudo de la Villa llevaría el oso con el añadido de un árbol -el madroño tan frecuente entonces en los pagos matritenses-, en tanto que el escudo del Cabildo llevaría el mismo animal paciendo el pasto. En definitiva, el escudo significó la consagración del emblema de Carpetania (así se menciona todavía en el plano de Texeira del siglo XVII), con una orla azul en la que se plantaron las siete estrellas. Con el oso dentro, empinado al tronco, para indicar la posesión de los pies de árbol por el Concejo de la Villa.

Se nos ha alargado un poco la historia del escudo de Madrid, a propósito de las tribus carpetovetónicas, desviándonos la atención del libro de Jáuregui. Pero tiempo habrá para que en una próxima entrega, terminemos por hacer nuestro informe acerca de una obra que no debería pasar desapercibida. Y que publicada recientemente por editorial Laoconte, supone un nuevo homenaje a nuestro llorado amigo José Antonio. Catedrático Jean Monnet, primero en la Universidad Complutense, y después en la Camilio José Cela. Y siempre recordado por su familia admirable, con Dorita al frente, y por sus numerosos amigos que le tenemos siempre in mente. Así que hasta el próximo día 31, cuando cerraremos el año, queridos amigos de ESTRELLA DIGITAL, con nuestras felicidades para la Navidad ya mañana mismo. Un abrazo a todos.

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http://www.madripedia.es/wiki/Escudo_de_la_ciudad_de_Madrids.

Ramón Tamames

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