lunes, junio 17, 2024
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Thames Water no supera sus problemas y se encamina hacia la bancarrota

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La necesidad de hacer fuertes inversiones para mejorar una red de alcantarillado diseñada hace más de 200 años, y un sistema de financiación basado en la emisión de deuda para pagar luego dividendos a sus inversores, han situado a Thames Water, la mayor empresa de tratamiento y suministro de agua de Reino Unido, al borde de la bancarrota.

Los problemas económicos en la entidad que gestiona el sistema de alcantarillado de Londres no son nuevos. Hace un año que su consejera delegada, Sarah Bentley, presentó su dimisión, momento en el que se conoció que la compañía arrastraba una deuda de 16.292 millones de euros.

El Gobierno de Reino Unido inició entonces una negociación con Ofwat, regulador del sector del agua, para valorar la posible nacionalización de Thames Water. Medida que finalmente no fue necesaria, porque la empresa recibió una inyección de 878 millones de euros por parte de sus accionistas en julio de 2023.

El origen de la crisis

Las tarifas que puede aplicar esta compañía de gestión del agua están reguladas por ley, pero los costes se han disparado en los últimos años.

La red de alcantarillado de Londres está obsoleta y el crecimiento de la población en la ciudad ha hecho que los vertidos de aguas fecales se hayan multiplicado. Thames Water ha estado trabajando en la limpieza y adaptación de miles de kilómetros de alcantarillas, pero lo que percibe por sus servicios no cubre estos gastos.

En abril, Kemble Water Finance, empresa propietaria de Thames Water, anunciaba la suspensión de pagos de su deuda. Alegando que necesitaba unos 2.500 millones de libras para cubrir los costes del servicio en los próximos seis años, y otros 1.100 millones de libras para hacer las reformas que son necesarias para que no se produzcan vertidos de aguas fecales.

Esta empresa, como otras en Reino Unido, se financia principalmente a través de la emisión de bonos por los que los titulares reciben después unos dividendos. La situación que atravesó la compañía en 2023 ya había reducido el interés en ella por parte de los inversores, y el nuevo anuncio ha empeorado la situación. Los bonos apenas tienen un 6% de su valor nominal.

Pendientes de la decisión gubernamental

Será el Gobierno británico el que decida sobre el futuro de Thames Water en las próximas semanas. El 12 de junio resolverá si acepta el plan de negocio de la compañía, que aboga por una subida de precio de su servicio para los consumidores y una reestructuración de la deuda o si, por el contrario, da por amortizado el negocio y procede a su nacionalización.

Las perspectivas de futuro para la empresa no parecen nada halagüeñas. En los últimos días, algunos de los inversores más importantes de Kemble han retirado su inversión.

La matriz tampoco atraviesa un buen momento económico. Kemble Water Finance tiene un préstamo de 222 millones de euros que vence el próximo 30 de abril y ya ha advertido que no tiene liquidez. Sus acreedores, que son bancos chinos, irlandeses y holandeses, se han negado a ampliar el plazo de devolución del dinero si antes la empresa no recibe una inyección de capital.

En caso de que Kemble no devuelva el préstamo la próxima semana, podría verse obligada a declararse en quiebra, lo que agravaría todavía más la situación de Thames Water.

Fitch, agencia de calificación crediticia, ha rebajado la nota de solvencia como emisor a largo plazo de Kemble, y la calificación de su deuda senior garantizada ha pasado a “CC” desde “CCC”, lo que significa que hay un riesgo de impago inminente.

Impacto en el sector

La crisis de Thames Water está afectando a otras compañías británicas que intervienen en el sector de la gestión y el tratamiento de aguas. De hecho, la mayor parte de las empresas de agua en Reino Unido han visto subir el coste de su deuda en una media de cuatro puntos básicos desde que comenzaron los problemas de la compañía que opera en Londres.

Las empresas han colocado los bonos que han sacado al mercado, pero lo han hecho por un precio más bajo del previsto y tendrán que pagar más a sus inversores. Todas, en mayor o menor medida, están afrontando problemas de solvencia por las fuertes inversiones que están teniendo que realizar para mejorar el sistema de alcantarillado, lo cual está produciendo una situación de endeudamiento crónico que en algunos casos se está gestionando mejor y en otros peor.

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