lunes, mayo 27, 2024
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¿Por qué hasta los economistas detestan el Nobel de Economía?

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A diferencia de otras disciplinas, un Nobel de Economía no ha hecho nada por usted. Es más que probable que las teorías premiadas hayan sido superadas por nuevos enfoques o que cualquiera de las recurrentes crisis hayan hecho trizas las opiniones premiadas.

El 10 de octubre se concedía el Premio Nobel de Economía. Como el año pasado se premiaron estudios orientados al consumo o la pobreza (Deaton), este año tocaba empresa. Ha sido concedido a Oliver Hart y Bent Holmström. Dice el Comité, sin que el cronista pueda confirmarlo, que han desarrollado “valiosas herramientas teóricas” para “entender los contratos en la vida real”, así como los posibles problemas en su diseño.

Prácticamente la víspera, Amazon daba cuenta de un libro titulado El Factor Nobel, firmado por un profesor de Oxford (Avner Offer) y un investigador de Uppsala (Gabriel Söderberg). El libro revela las batallas políticas e ideológicas, y las presiones personales y financieras que llevaron al Banco de Suecia a crear el llamado 'Premio Nobel' de la economía en 1968.

Tan deprimente como intrigante, el libro revela bien por qué hasta los economistas detestan este premio Nobel. Notarán en este texto el profuso uso del término “los economistas”. No es casualidad: de 47 premiados solo una es mujer, Elinor Ostrom

Un premio muy político

Este no es un «verdadero» premio Nobel. Nació unos 50 años después de que se crearan los premios de Física, Medicina, Química, Literatura y la Paz. Tiene su origen en la voluntad del Banco Central de Suecia.

Los socialdemócratas suecos nombraron un gobernador del Banco Central Sueco (el más antiguo de los que existe) que no siguió la tradición del país de seguir la línea política del gobierno. El elegido se propuso contrarrestar lo que consideraba una propagación virulenta de la democracia social en los países nórdicos.

Para entendernos, el premio es el resultado de años de financiación de estudios por el banquero central para propagar las ideas que contradijeran a los socialdemócratas y garantizaran su independencia y visión política. Un propósito que siempre ha escandalizado a los propios suecos.

Y una financiación de la patronal

El Banco financia el premio, nacido como conmemoración del 300 aniversario del Banco Central Sueco. El Banco buscó el patrocinio de un instituto de investigación ligado a la dinastía Wallenberg, banqueros y diplomáticos que han recorrido la historia económica sueca y que fueron muy motivados con sugerencias acerca de su estatus de exoneración fiscal y sobre investigaciones sobre sus bancos.

La familia Nobel se garantizó que el Premio se denominara “en Memoria de Alfred Nobel» para distinguirlo de los creados por el abuelo. El heredero actual se ha sumado a los que piden, desde 2004, la supresión del premio. Desde 2015 se debate en la Academia Sueca de las Ciencias, actual concesionaria del Premio, su eliminación.

El poco respeto que se tienen los economistas

El premio no oculta su orientación ideológica. Cuatro de los seis miembros originales son miembros o familiares de la Sociedad Mont Pelerin, fundada por Friedrich Hayek o economistas que trabajan para el sector empresarial. Ni Gunnar Myrdal, un respetado economista que ganaría el premio, ni Rudolf Meidner, el economista jefe de los sindicatos, tuvieron papeles relevantes.

Probablemente son los propios economistas premiados los que menos han hecho por que el premio sea especialmente respetado. El buen rollo corporativo no impera precisamente en la profesión.

Las broncas entre Hayek (liberal austriaco) y Myrdal (progresista sueco), premiados el mismo año, son estruendosas. Samuelson (keynesiano) vetó a Perroux (crítico con las políticas de apoyo al entonces denominado tercer mundo y colaborador con los nazis). Myrdal encontró un insulto que el premio se otorgara a Friedman. Solow y Krugman desprecian el trabajo de Lucas. Una decena de premiados han afirmado que los principios de los demás son inaceptables.

Los autores del libro citado escriben en la página 278: “Para recuperar su validez, la economía tiene que descender a los argumentos y presentar evidencias, apoyándose en la razón y la mente abierta. En la búsqueda de un conocimiento válido es bueno hacer caso omiso de las cajas negras, la magia de los premios, y el atractivo de las leyes inmutables «.

En ninguna otra 'ciencia' nos encontramos con un nivel de disensión tan alto ni con fracasos tan notables. Uno podría creer que si un Banco Central concede premios quizá cabría sospechar de su equilibrio. Pero en realidad son los propios economistas más afamados los que detestan el llamado Premio Nobel de Economía.

Miguel de la Balsa

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