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El PNV, lejos de resignarse

Enrique Badía |

Estrella Digital | 07 de abril de 2009

Si pretendían impedir el pacto entre PSE-PSOE y PP para investir lehendakari a Patxi López, los máximos dirigentes del Partido Nacionalista Vasco (PNV) han fracasado. Su estrategia les está suponiendo, además, el coste de transmitir una impresión excesiva de mal perder y, cara al futuro, brindando argumentos al próximo Ejecutivo vasco, que siempre podrá reprocharles una suerte de obstruccionismo a su labor.

El entusiasmo de todos cuantos saludan positivamente el relevo político en Euskadi no oculta las potenciales dificultades que encierra el camino que está a punto de iniciarse. Un Gabinete monocolor socialista, con el único apoyo de un Partido Popular demasiado enfrentado al PSOE en múltiples aspectos, con unas elecciones europeas y otras generales a celebrar durante la legislatura recién iniciada, habrá de afrontar sin duda numerosos riesgos de inestabilidad. Incluso sin trascender el escenario sociopolítico vasco, es evidente que a socialistas y populares les ha unido sobre todo el deseo -¿necesidad?- de alejar del poder al PNV tras casi tres décadas de dominio absoluto y en cierta medida excluyente.

Las discrepancias son palpables en casi todo lo demás. En realidad, aunque a ninguno le guste admitirlo, hasta ahora habían existido más puntos de conexión entre PNV y PSE, ó hasta entre PNV y PP, que los cimentados para situar a Patxi López al frente del Ejecutivo de Vitoria-Gasteiz. El compromiso entre ambos ha sido en buena parte posible como consecuencia de la deriva radical-soberanista emprendida por Ibarretxe y una parte del PNV que se ha revelado dudosamente compartida por el electorado y sectores de la propia familia nacionalista.

La nueva etapa merece, en todo caso, el beneficio de atribuirle que pueda resultar lo positiva para la sociedad vasca que sus patrocinadores presumen y el PNV se empeña en negar, probablemente más allá de lo elegante. Su argumentación de que pervierte la legitimidad democrática no se sostiene, desde la evidencia de que los nacionalistas gobiernan la Diputación Foral de Álava pese a ser la tercera fuerza en cómputo de votos del territorio, o desde el recuerdo de que ocuparon durante cuatro años la presidencia del gobierno vasco pese a haber obtenido menos votos y escaños que el PSE. Sean o no conscientes de ello, incurren en el hábito, éste sí perverso, de discutir ahora unas reglas del juego que no han objetado durante décadas sólo porque esta vez no les van bien.

El tiempo dirá si el PNV es capaz o no de aprovechar en su propio beneficio el tránsito por la oposición. No ha empezado precisamente bien ni caben muchas esperanzas de la actitud hasta ahora evidenciada por el todavía lehendakari, Juan José Ibarretxe, llamado a ser líder de la oposición parlamentaria ¿durante toda la legislatura?

Habrá que ver también cuáles son las repercusiones finales en el Congreso de los Diputados. Se ha apuntado, acaso con cierta precipitación, que el PNV se va a alinear ineludiblemente contra el PSOE como represalia por haberle arrebatado el gobierno de Vitoria, pero ¿significa eso que apoyará al PP? No cabe olvidar que los populares también han cooperado al alejamiento del poder de los nacionalistas ni que los puentes están bastante más deteriorados con los conservadores que con los socialistas... malgré tout.

La cosa, pues, no ha hecho más que empezar. Las incógnitas son variadas. Una de las más inmediatas será ver qué ocurre con los pactos establecidos en torno a las tres Diputaciones Forales: todas ellas encabezadas por el PNV, aunque en posición de minoría en Vizcaya y Álava. Pero dista de ser la única: tanto en el circunscrito escenario político de Euskadi como en el ámbito más amplio de la política estatal.

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