jueves 22/10/20
REFORMA DE LA AEAT

Cuando la inspección es la quiebra

Un empresario reflexiona sobre las consecuencias de la acción “sin límites” de los inspectores

Trabajadora de la Agencia Tributaria .
Trabajadora de la Agencia Tributaria.

“Enemigo que huye, puente de plata”, o bien “si tienes que cerrar, ese no es mi problema”. Los entresijos de una inspección de la Agencia Tributaria (AEAT) a veces son crueles y, sobre todo, se liquidan en los tribunales pasados los años. Muchas veces ya con las empresas en quiebra. Es el caso de un empresario dedicado a la importación de productos, que se remueve inquieto ante el aumento de poderes que se piensa otorgar a los inspectores de hacienda con la reforma de la AEAT. “Yo gané en los tribunales, siete años después, pero ya no me quedaba empresa”.

Todo comenzó con la revisión de las liquidaciones correspondientes a los años 2002-3. Hablamos de los albores de la crisis, diciembre de 2006, cuando el Jefe de la Dependencia Regional de Aduanas e IIEE de Madrid dio una instrucción especialmente severa a sus funcionarios, aplicar un reglamento comunitario para la protección de los intereses comunitarios. Así extendía la caducidad para revisar las liquidaciones aduaneras hasta el plazo de cuatro años, algo que los inspeccionados ponían en duda legalmente.

La empresa en cuestión vio que la liquidación que correspondía a los ejercicios 2002-2003 se elevaba a 2.300.000 euros. La empresa advirtió a la inspección que esa reglamentación no se aplicaba en ninguna aduana comunitaria y que la aplicación de los criterios debería ser uniforme en toda la Unión Europea. La consecuencia, avisaban, es que tendrían que efectuar sus importaciones de productos perecederos por cualquier otra aduana de la CEE. La respuesta no pudo ser mas descorazonadora: “A enemigo que huye puente de plata”.

Al parecer no era la primera vez que este funcionario de aduanas actuaba de tal forma, ya que antes intentó una acción similar contra los importadores de merluza de Chile, a los que levantó mas de quinientas liquidaciones, todas ellas anuladas posteriormente.

Una vez efectuada la liquidación fue recurrida por la empresa y al no poder obtener una garantía bancaria para la suspensión de la deuda, solicitó un fraccionamiento de la deuda que le fue concedido por la Dependencia Regional de Recaudación. “El problema es que las condiciones eran leoninas, suponían un pago mensual de 60.000 euros, cuando en el año 2007 ya se notaban los efectos de la bajada del consumo”, explica este empresario.

Al no poder satisfacer algunos plazos de la deuda, y al límite de su economía, cuando ya había pagado puntualmente anteriores plazos, solicitó a la Dependencia de Recaudación la reconsideración del aplazamiento. Ésta le fue denegada, con otra frase lapidaria de la responsable regional, que está esculpida a cincel en el recuerdo de este empresario hoy arruinado: “Me dijo que si tenía que cerrar, no era su problema y que cerrara”.

Al no poder satisfacer los plazos que restaban, la AEAT, procedió al embargo de las cuentas corrientes de la empresa y los saldos que sus clientes tenían pendientes de abonar. Eso conllevó el bloqueo de de la tesorería, de manera que la empresa se vio obligada a presentar concurso voluntario y en definitiva, despedir a todos sus empleados.

En el mes de marzo de 2013 los tribunales anularon la liquidación del ejercicio 2002-2003, por ser manifiestamente ilegal.

Todas las inspecciones, que se produjeron, posteriores a la liquidación en liza, la de 2006, están pendientes de resolver en los tribunales. Pero ya demasiado tarde, al ser la primera liquidación la que llevó a deteriorar en cascada la situación económica de la empresa. Según explica este empresario –que quiere mantener el anonimato para no perjudicar sus siguientes empresas– al ser culpable de toda esta catástrofe en su empresa la “acción irresponsable de la AEAT”, la administración concursal de su antigua compañía iniciara acciones legales, incluso en el orden penal, contra los funcionarios que personalmente perjudicaron a la empresa. También quiere que los créditos tributarios puedan ser considerados dentro del concurso como subordinados.

Toda una reflexión sobre los límites de la presión de los inspectores en las empresas y sus consecuencias. Una recaudación fallida, una empresa al cubo de la basura.

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