Martes 16.10.2018
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El curioso origen de ocho expresiones del español

¿Quién era 'la Marimorena?, ¿Qué relación hay entre 'hacer la pelota' y la prostitución? Descubre el porqué de algunas de nuestras expresiones más comunes

Además de lo complicada que puede resultar la gramática española y de la amplitud del vocabulario de nuestra lengua, hay que tener en cuenta que el español también contiene una gran cantidad de expresiones muy utilizadas. En este texto se recogen ocho de las más populares: 

¡A buenas horas, mangas verdes! 

Esta expresión, tan utilizada coloquialmente para lamentarse de la tardanza de alguien, especialmente, cuando se iba aprestar una ayuda y ésta ya es inútil o innecesaria, tiene su origen en el siglo XVII.

En aquella época en nuestro país, la Santa Hermandad juzgaba y castigaba los delitos cometidos en pequeñas localidades o zonas rurales. Este tribunal contaba con numerosos soldados que vestían con chaleco y camisa verde, por lo que eran conocidos como ‘mangas verdes’.

Al parecer, esta especie de policía era famosa por su falta de disciplina y eficacia, y por ello, el pueblo acuñó la expresión “¡A buenas horas vienen los mangas verdes¡” como símbolo de su inutilidad.

'Hacer la pelota’

Una de las muchas palabras aceptadas por la R.A.E como sinónimo de prostituta es pelota, y la razón es que, antiguamente, dicho término era una de las formas de referirse despectivamente a las mujeres que ejercían la prostitución. Se utilizaba esta palabra puesto que, al igual que las pelotas, las prostitutas pasaban de mano en mano.

Teniendo en cuenta que estas mujeres se deshacían en piropos para convencer a sus posibles clientes, en la actualidad usamos la expresión ‘hacer la pelota’ para referirnos a la acción de halagar excesivamente algo o a alguien para obtener un beneficio.

‘Armarse la marimorena’ y la bravura de una tabernera

La fama de esta expresión proviene del arrojo de María Morena o María ‘la morena’, la regente de una taberna de Madrid en el siglo XVI.

En el año 1579 María y su marido se negaron a servir su mejor vino a un grupo de soldados, lo que provocó una tremenda pelea en la que al parecer, María fue las que más golpes ‘repartió’.

De ahí viene que a día de hoy utilicemos esta expresión para referirnos a quien monta un escándalo o un lío.

Esta ‘marimorena’ no debe confundirse con la del famoso villancico, pues en dicho canto navideño ‘la Marimorena’ es la virgen María.

‘Salvados por la campana’

Esta expresión, utilizada para indicar que alguien se ha librado de una situación indeseada, proviene de un origen un tanto macabro.

Antiguamente, la falta de conocimientos referidos a la medicina hacía que muchas personas fuesen enterradas cuando todavía no habían fallecido.

Era tan común, que en algunos lugares se decidió colocar hilos en los féretros, conectados a su vez con campanas en el exterior, para que así el ‘difunto’ pudiera advertir a los demás de que aún estaba vivo.

‘Vete a hacer puñetas’

Aunque hay varias teorías sobre el origen de esta expresión, la más sonada indica que las puñetas –los puños de las camisas-, se confeccionaban en los conventos apartados. Por lo que si ‘mandamos’ a alguien a ‘hacer puñtetas’ le estamos diciendo que se vaya a un lugar lejano y durante mucho tiempo.

‘Jesús’

Esta palabra, que todavía hoy en día decimos cuando alguien estornuda, tiene su origen en la Grecia de Aristóteles e Hipócrates, quienes explicaron que su uso estaba justificado para bendecir a quienes estornudaban porque algo perjudicial les había entrado por la nariz. ¡Que Zeus te salve¡, decían entonces.

Más tarde, se extendió la creencia entre los romanos de que al estornudar el cuerpo intentaba eliminar al diablo o a posibles enfermedades, por lo que se exclamaban diferentes bendiciones.

Por último, los cristianos empezaron a utiliza la expresión ¡Jesús! Cuando en el siglo Vi, tras una importante epidemia, el papa Gregorio I recomendó a todos los creyentes de la época que, ante un estornudo, se hiciese de inmediato una invocación ‘¡Jesús!’ o ‘¡Que Dios te bendiga!’.

'Quien se fue a Sevilla perdió su silla'

Este dicho tiene su origen en una anécdota protagonizada por el arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca, y su sobrino. Alonso de Fonseca, cansado de que le confundiesen con su sobrino, consiguió para éste el obispado de Compostela. El joven intentó hacerse con el dominio del obispado, pero era muy joven y  no pudo con ello, por lo que pidió ayuda a su tío. Don Alonso cedió a su sobrino su propio arzobispado en Sevilla y se fue a Santiago a poner orden en aquella diócesis durante un tiempo. Una vez resuelto el problema, cuando quiso volver a su escaño en Sevilla, el sobrino se plantó, diciendo: “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla”. Con todo, paree que, finalmente, don Alonso consiguió que su sobrino abandonara la ciudad hispalense y volviera a Santiago.

‘Meterse en una camisa de once varas’

Durante la Edad Media, cuando se adoptaba a un bebé para que éste no creciese como bastardo, existía la tradición de introducir al niño por una manga de una camisa bastante ancha y besarle al sacarle por el cuello de ésta.

En muchas ocasiones, los padres adoptivos se arrepentían de la adopción por diversos motivos y de ahí viene la expresión ‘no te metas en camisas de once varas (muy ancha)’ para aconsejar a alguien que no se meta en algo que le puede resultar demasiado complicado.

La vara era una barra de madera o metal utilizada para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar el tamaño de la camisa que en realidad no podía medir 11 varas -más de 9 metros-.

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