lunes, mayo 27, 2024
- Publicidad -

Los olvidados

No te pierdas...

Las vacaciones se acercan. Como el corredor de fondo llegamos a ellas tambaleándonos tras el interminable recorrido del año. Las ciudades se quedan vacías y la gente se aleja de la lacerante rutina con un solo objetivo: olvidar y descansar, cada uno a su manera y en lugares diferentes.

Tengo la suerte de haber vivido periodos estivales muy variados: un atardecer mirando al mar en una isla perdida, las verdes praderas y las agrestes montañas asturianas, una cena compartida en familia en un pueblo castellano rodeado de campos de trigo y remolacha. No importa el lugar ni la condición, sino simplemente dejar atrás la monotonía invernal, larga y devastadora y reencontrar, con todos aquellos a quienes queremos, la paz y la estabilidad para afrontar de una manera más equilibrada nuestra vida de todos los días que nos espera al otro lado del invierno.

Sin embargo este periodo preciado y que normalmente damos por descontado no es accesible a todo el mundo. La crisis actual ha provocado que una gran parte de la gente que nos rodea diariamente no puedan partir y poner un paréntesis en su cotidianeidad desencantada. En estos momentos de reposo generalizado, ellos siguen sin poder desconectar de sus preocupaciones y de los agobios que los atenazan. En homenaje a todos ellos, este es mi testimonio.

El lugar: Marbella. Icono del glamour y de las fiestas, espacio de encuentro de muchos madrileños atraídos por su amplia oferta de restaurantes nuevos que aparecen y desaparecen, playas y chiringuitos, campos de golf y mercadillos donde disfrutar  al máximo y en una «carrera contrarreloj » de los preciados momentos de asueto que se evaporarán en breve. El entorno concreto: una cena entre amigos en una urbanización próxima a un hotel de lujo que ha cerrado hace un año y al que sus trabajadores siguen acudiendo día a día, sin recibir nada por ello.

No conozco en detalle los entresijos del asunto, ni la situación judicial del expediente, pero sin tan siquiera esperarlo y por pura casualidad, me di de bruces con una historia de dolor de decenas de familias andaluzas, hipotecadas, con niños pequeños, que han perdido todo, desde su trabajo a sus casas, que viven de la caridad de sus vecinos, del buen hacer de Cáritas o de la bondad de la gente anónima. Que ven como muchos de los responsables de una mala gestión que les ha situado en esa posición siguen disfrutando de esos restaurantes de lujo y de sus fantásticas vacaciones a pocos metros, mientras ellos son conocidos como los afectados, los de la “mala suerte». En definitiva los olvidados que tienen que seguir yendo a cuidar esos jardines e instalaciones sin obtener nada a cambio y sólo por conservar el derecho a reclamar. Carecen de ilusión, pero están obligados a continuar.

No tienen vacaciones ni tan siquiera las desean. Su único sueño es salir de una pesadilla. No buscan descanso, sólo justicia.

Relacionadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Publicidad -

Últimas noticias

- Publicidad -