miércoles, mayo 29, 2024
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Historias de mi vida liberal: El origen de las lenguas peninsulares contradice los mitos políticos de la historia de Catalunya, Euzkadi y Galicia

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Bernardo Rabassa
Bernardo Rabassa
Librepensador. Maestro Nacional. Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras y Diplomado en Psicología Industrial por la Universidad Complutense de Madrid.

Según Carlos Cañete en su tesis doctoral de 2013, La idea de un origen común de las comunidades peninsulares y las norteafricanas fue, sin duda, un paradigma de amplia y prolongada repercusión. Según Eduardo Arroyo y Eva Fernández, La presencia de restos humanos de personas adultas en el yacimiento ibérico del Puig de la Nau de Benicarló, ha permitido la identificación del ADN mitocondrial correspondiente, a través del cual se ha constatado la pertenencia de los individuos analizados al haplogrupo V que se encuentra actualmente en el País Vasco y en Escandinavia. Es decir que los vascos son eso; Iberos(vacceos) y El euskera (vascuence) proviene de una lengua africana. Luego hablaremos del origen del Catalán, Valenciano y Balear, así como de los galaicoportugueses, todos Iberos mezclados con celtas, y otras tribus bárbaras invasoras como los godos, finalmente romanizados, lo que tiene un enorme interés, dada la actual tendencia extra periférica e independentista de Catalunya, Euzkadi y Galicia que se intenta basar en diferencias etnográficas o lingüísticas sin la menor base científica, producto de la locura de los políticos de fines del S. XIX influidos por el auge de los nacionalismos y la perversa psicología actual, de que su hecho diferencial, les transformas en seres superiores, tan corrientemente visto en el lenguaje común, en los chistes y en los derechos de soberanía, que tienen hasta el Viva a Cartagena.

Circunstancialmente, he encontrado recientemente una carta que me envió Rosario Barbier Uría viuda de José M.ª Chico y Ortiz, el 27 de enero de 2000, donde me dice que su esposo tenia copia del Testamento de Sabino Arana en el que se arrepentía de su desvarío separatista, como se ve también en la historia de Cataluña en los textos escolares que carece de toda solvencia histórica científica.

Los iberos o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a las gentes del levante y sur de la península ibérica, para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. De estos pueblos escribieron Hecateo de Mileto, Heródoto, Estrabón o Rufo Festo Avieno, citándolos con estos nombres, al menos desde el siglo VI a. C.: elisices, sordones, ceretanos, airenosinos, andosinos, bergistanos, ausetanos, indigetes, castelani, lacetanos, layetanos, cossetanos, ilergetas, iacetanos, suessetanos, sedetanos, ilercavones, edetanos, contestanos, oretanos, bastetanos y turdetanos. Geográficamente, Estrabón y Apiano denominaron Iberia al territorio de la península ibérica. Con una base común la palabra ber e ber que dio nombre al rio Ebro y a Iberia. Estos pueblos procedentes del Atlas africano y probablemente del África subsahariana 10.000 años A.C, colonizaron la península a través del estrecho de Gibraltar.

En los anales de la antigua historia de la península ibérica, los Íberos emergen como un fascinante y enigmático grupo humano. Llamados así por los escritores griegos antiguos, los Íberos poblaron las regiones del levante y sur de la península, dejando un legado cultural y arqueológico que despierta la curiosidad de los historiadores modernos. Desde los relatos de Heródoto hasta las descripciones detalladas de Estrabón, la presencia íbera en la península ibérica ha capturado la imaginación de generaciones.

Los orígenes exactos de los Íberos siguen siendo objeto de debate entre los académicos, pero se cree ampliamente que estos pueblos tienen sus raíces en el norte de África, posiblemente en el área del Atlas y el África subsahariana, hace aproximadamente 10.000 años A.C. A medida que las olas migratorias cruzaban el estrecho de Gibraltar, los Íberos se establecieron en la península ibérica, llevando consigo una rica diversidad cultural y una compleja red de intercambios comerciales.

La cultura Íbera floreció en una variedad de formas, desde la arquitectura hasta la artesanía, pasando por las prácticas religiosas y las estructuras sociales. Las ciudades fortificadas, como Tarraco y Sagunto, atestiguan la habilidad de los Íberos en la construcción y la defensa. Además, su dominio en la metalurgia del hierro les otorgó una ventaja tecnológica significativa.

La sociedad Íbera estaba estructurada en torno a clanes familiares y comunidades locales, con una élite gobernante que ejercía autoridad sobre la población. La religión desempeñaba un papel central en la vida cotidiana, con cultos dedicados a deidades locales y prácticas rituales que reflejaban la conexión profunda con la naturaleza.

La presencia Íbera en la península ibérica coincidió con la llegada de otras culturas y civilizaciones, como los fenicios, griegos y cartagineses, que establecieron colonias comerciales y ejercieron influencia cultural en la región. Esta interacción resultó en una fusión de tradiciones y prácticas, enriqueciendo aún más el paisaje cultural de la antigua Iberia.

El legado de los Íberos perdura en los numerosos yacimientos arqueológicos dispersos por toda la península ibérica. Desde las majestuosas ruinas de ciudades como Numancia hasta los impresionantes conjuntos de arte rupestre en lugares como la cueva de Altamira, cada hallazgo arqueológico ofrece una ventana única a la vida y la cultura Íbera.

Los Íberos, con su intrincada red de asentamientos, su rica expresión artística y su compleja estructura social, continúan desafiando nuestras percepciones de la antigua historia de la península ibérica. Su legado perdura como un testimonio duradero de la diversidad y la complejidad de las sociedades humanas, recordándonos la importancia de explorar y preservar nuestro patrimonio cultural compartido.

El euskera procede del dogón, uno de los idiomas hablados en Mali, según un estudio lingüístico realizado por el Profesor Jaime Martín, que ha comparado 2.300 palabras de ambos idiomas encontrando semejanzas en el 70 por ciento de ellas. Martín, licenciado en Filología Románica, ha sido durante 40 años profesor numerario de Lengua y Literatura en el Instituto Cervantes de Madrid. Y ha dedicado 12 años a comparar el euskera y el dogón, tanto en su estructura lingüística como en su vocabulario.

Su conclusión, resumida en el estudio «Un enigma esclarecido: El origen del vasco», es que el dogón –hablado actualmente por unas 300.000 personas en el país subsahariano situado entre Argelia y Mauritania–  es la lengua originaria del euskera.  Según  explicó “Como soy filólogo, sentía curiosidad por el euskera» Hace unos años leyó una tesis sobre el dogón de la francesa Geneviève Calame- Griaule, la hija de Marcel Griaule, el mayor experto sobre este pueblo, y fue en esa lectura cuando «desde las primeras palabras», observó que había «similitudes entre ambos idiomas, tanto en la forma como en el significado».  Y decidió investigar aplicando criterios científicos, porque el parecido «no podía ser casual». Para ello, comparó la estructura lingüística y el vocabulario. Sobre la estructura lingüística, el dogón y el euskera coinciden en el orden de colocación en las frases:  Con el sujeto al principio, el verbo al final –la gran diferencia con las latinas– y el objeto directo en el centro.

También el demostrativo (este, ese) va después del nombre, cuando en latín y castellano va delante. «Me llevé una gran sorpresa», confesó. Sin embargo, difieren en que el euskera conserva las declinaciones, mientras que el dogón no tiene declinaciones. Sobre el vocabulario, ha comparado 2.300 palabras de ambas lenguas, con un resultado de 1.600 pares de semejanza, lo que representa un 70 % del total.

Según el autor, la lingüística comparativa dice que a partir del 5 % de semejanza se puede hablar de «parentesco» entre dos lenguas. Veamos 10 ejemplos de palabras casi idénticas: bede/bide  «camino» en dogón y euskera, respectivamente;   soro/soro «tierra agrícola»;    beri/bero «caliente»;    gara/garai  «alto»;   bana/banandu «separar»; gogoro/gogortu  «aferrarse»;   kwiye/kuia  «calabaza»;   pipilu/pipil  «capullo»;   togi/toki  «lugar»;   kose/gose  «hambre». También encontró palabras en euskera compuestas por dos vocablos del idioma dogón. Por ejemplo, senide «hermano», que en dogón es sani de. Además, observó una mayoría de vocablos que eran más antiguos en dogón que en euskera. Todo ello le ha llevado a sostener que el dogón es la lengua originaria del vasco.

Según su teoría, la desertización del África subsahariana llevó hace siglos a los pueblos que allí vivían a emigrar hacia la Península Ibérica y la cuenca mediterránea, como he afirmado antes. Y esto explica la expansión de los vocablos. Naturalmente la península fue conquistada por Roma, cuyo latín vulgar, dio lugar al castellano, el más cercano al ibero y al vasco, al catalán, valenciano y balear que se hablaban ya en esas áreas antes de la conquista de Jaime I mucho más nasales pues provenía del retoromano. Se han encontrado cartas de judíos de Denia escritas en valenciano en el S.X. La conquista no llega por Aragón hasta 1238, por lo que deben considerarse lenguas distintas, según el diccionario catalá-valencia-balear de Costa y Llobera, terminado por el valenciano Sanchis Guarner y el menorquín Francisco de Borja Moll a los que personalmente ayude haciendo fichas en mi juventud en Mallorca en el Estudio General Luliano. Para mayor inri catalán significa simplemente castellano, y esa lengua coincide con la Langue d´Oc que entonces era Aragón, pues Rossellon y Cerdanya eran de la Sra de Montpellier. madre de Jaime I y esposa de Pedro muerto en Muret defendiendo a sus súbditos albigenses de la cruzada católica de Simón de Monfort en nombre de san Luis rey de Francia.

Los Iberos escribían en  signario íbero nororiental y en signario íbero suroriental, que no se han logrado descifrar  y solo ha sido posible conocer la lengua a través de los bronces de Botorrita, una serie de planchas de bronce del siglo I a. C. encontradas en Contrebia Belaisca, en Cabezo de las Minas, cerca de la actual Botorrita, en las proximidades de Zaragoza. El yacimiento de Contrebia Belaisca ha producido cuatro bronces, tres de ellos en escritura paleo hispánica (lengua celtíbera) y otro en escritura latina (el cual es legible sin demasiadas dificultades). Otra piedra de Rosseta es el plomo de la Serreta (Alcoy) en Alfabeto greco-ibérico. Es decir que no solo todos descendemos de los iberos, sino que los vascos no son otra cosa. En Alicante existe la sierra de Aitana (de Aita= padre y ana= Madre) tanto en vasco como en indoeuropeo y protoindoeuropeo y origen de la diosa Diana (Denia) es decir la madre. Llama la atención el cercano monte Mongó una corrupción de Monte de Zeus es decir el padre, Diana o Ana (madre de Jesús) representada muchas veces en las famosas vírgenes negras descubiertas por los medievales, ahumadas por el culto en cavernas y ámbitos cerrados de piedra. De forma que, menos monos, que todos los peninsulares somos hermanos de sangre, al fin y al cabo, toda la humanidad, procedemos de la común y africana Eva mitocondrial.

Un viaje a las raíces ibéricas: la conexión entre la escritura, la cultura y la identidad peninsulares.

En el vasto tapiz de la historia humana, hay hilos que se entrelazan de manera fascinante, revelando conexiones sorprendentes entre pueblos, lenguas y culturas. En la península ibérica, estas conexiones adquieren una profundidad única a través del legado de los antiguos iberos, cuya herencia perdura en la tierra, la lengua y las tradiciones hasta nuestros días.

La riqueza lingüística de la península ibérica se refleja en la coexistencia de diversas lenguas y escrituras. Desde el signario íbero nororiental hasta el suroriental, y el alfabeto greco-ibérico presente en el plomo de la Serreta, cada inscripción es un testimonio de la compleja red de interacciones culturales que caracterizaba a la región.

La teoría de que todos los iberos y, por extensión, todos los habitantes de la península ibérica comparten un origen común, plantea interesantes interrogantes sobre la identidad y la historia de la región. La presencia de topónimos de posible origen vasco en lugares como la sierra de Aitana sugiere una continuidad cultural que trasciende las divisiones geográficas y lingüísticas.

Los nombres de lugares como el monte Mongó en Jávea-Denia, una posible corrupción de «Monte de Zeus», y la sierra de Aitana, con sus posibles connotaciones religiosas en vasco e indoeuropeo, nos llevan a reflexionar sobre la persistencia de antiguas creencias y prácticas religiosas en la península ibérica. La figura de la diosa Diana, venerada en la antigüedad y asociada con la maternidad y la fertilidad, encuentra eco en las representaciones de la Virgen María, especialmente en las vírgenes negras debidas a la iluminación con velas de humo caracteristico, que han cautivado la imaginación de generaciones y que son las patronas de numerosas iglesias en España..

En última instancia, al explorar las raíces ibéricas, nos encontramos con un recordatorio de nuestra conexión compartida como seres humanos. Desde los enigmas de la escritura antigua hasta los vestigios de antiguas creencias religiosas, la historia de la península ibérica nos invita a reflexionar sobre nuestra herencia común y la riqueza de la diversidad humana.

A medida que contemplamos las huellas dejadas por los antiguos iberos en la península ibérica, nos sumergimos en un viaje fascinante a través del tiempo y el espacio. En cada inscripción, en cada topónimo, encontramos una pieza del rompecabezas que es la historia humana, recordándonos que, en última instancia, todos somos hermanos y hermanas, unidos por la herencia compartida de la humanidad.

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