miércoles, mayo 29, 2024
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Un nuevo tiempo para Euskadi

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Agustín Vinagre Alcázar
Agustín Vinagre Alcázar
Agustín Vinagre Alcázar Diputado Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid. Presidente de la Comisión de Presupuestos y Hacienda

El próximo 21 de abril se celebrarán las decimoterceras elecciones vascas, unos comicios cruciales, con uno de los resultados más inciertos desde 1980, cuando se celebraron por primera vez. La mayoría de las encuestas indican que no hay de antemano un claro ganador, siendo la igualdad y la incertidumbre las notas predominantes. Si bien los datos parecen indicar una pequeña ventaja en votos del PNV sobre EH Bildu, en escaños ambas fuerzas aparecen empatadas o incluso con ventaja de EH Bildu. Esto se explica por el singular sistema electoral vasco, que reparte los 75 asientos del Parlamento de manera simétrica entre sus tres provincias, pese a que Bizkaia tiene más población, de manera que los votos allí valen menos: casi la mitad que en Gipuzkoa y cuatro veces menos que en Álava. Y, como en Bizkaia la fortaleza del PNV es mayor, esta formación sale penalizada en escaños frente a Bildu. Además, los principales partidos políticos han renovado sus cabezas de cartel, concurriendo a estas elecciones con nuevos candidatos (sólo Elkarrekin Podemos y Vox repiten candidatas).

La igualdad en los comicios, el relevo en los liderazgos, unido todo ello a las renuncias de Urkullu y Otegui a presentarse indican de manera clara el final de un ciclo y el inicio de un nuevo tiempo en una Euskadi afianzada en la normalidad democrática tras el fin de ETA en el año 2011 y su posterior disolución. Una sociedad que sigue votando a los nacionalismos mayoritariamente, quizás más que nunca, pero con una preocupación por aquellos temas que realmente afectan en la gestión de la autonomía en su día a día. El particularismo, los elementos identitarios o la independencia han sido apartados o relegados del debate político y social por la sanidad, la educación, el empleo, la innovación o el envejecimiento, temas que ocupan y preocupan en estos momentos a la sociedad vasca. Este cambio en las prioridades de los vascos tiene mucho que ver con la percepción que hay en la calle de estar sufriendo en los últimos años un deterioro en la calidad de vida, especialmente en áreas tan sensibles como la sanidad o la educación. Precisamente este sentimiento que se ha instalado en la sociedad vasca explica los evidentes síntomas de agotamiento del Gobierno vasco y, en particular, del PNV, que han precipitado el relevo de Urkullu por un desconocido Imanol Pradales. También explica la actual situación de igualdad en las elecciones, con la pugna cerrada entre un desgastado PNV que trata de renovarse y un EH Bildu pujante en los últimos procesos electorales, con un electorado muy movilizado y fidelizado.

El PNV llega a estas elecciones, por tanto, con uno de sus grandes activos muy desgastado. El activo de la buena gestión que siempre habían vendido ha quedado en entredicho. Necesitan asentar una imagen de renovación, rejuvenecimiento y cambio de actitudes, buscando una mayor cercanía con la calle. El PNV se presenta como voto refugio frente a una EH Bildu a la que dice no ver capaz de gestionar con solvencia. Por otro lado, EH Bildu trata de presentarse de la mano de su candidato, Pello Otxandiano, como un partido progresista e independentista más, con un discurso más transversal que alimenta las ansias de cambio. Sin embargo, sigue teniendo una deuda con todos los demócratas, la condena rotunda y contundente del terrorismo y el reconocimiento claro e inequívoco de que jamás tuvo razón de ser ni hay circunstancia que lo justifique. Es su falta de rotundidad su mayor talón de Aquiles y el elemento que puede movilizar al resto del electorado para impedir su triunfo.

A diferencia del futuro proceso electoral catalán, si las elecciones vascas no condicionan el marco político general es, en buena medida, porque se da por hecho que gane quien gane en las urnas, el Gobierno no cambiará de formato y repetirá la actual coalición entre el PNV y un PSE-EE al que todas las encuestas dan la llave de la gobernabilidad, con perspectivas de crecimiento moderado. El candidato socialista, Eneko Andueza, ha dejado claro que “sigue habiendo razones éticas para ni siquiera plantearse la opción de un Ejecutivo con EH Bildu y sin el PNV”. Reivindica que la alternativa al nacionalismo no puede ser el independentismo, sino el progresismo, y trata de hacer una campaña en la que se hable de “las cosas del comer”, de derechos sociales, de sanidad, de vivienda, de transportes o de educación. Aunque en esta ocasión no pueda pelear por la victoria, el socialismo vasco volverá a ser el eje de convivencia y de desarrollo social del País Vasco, como lo lleva siendo en los últimos 40 años de autonomía en Euskadi y en los más de 100 años que lleva haciendo política en la sociedad vasca.

Hay un espacio político disperso y difuso a la izquierda del PSE-EE que, si se organizara adecuadamente, podría haber captado el voto que todavía no ha confiado en los socialistas, pero hace tiempo que en ese espacio se optó por el suicidio asistido, de forma que presenciamos una pugna sin cuartel entre Elkarrekin Podemos y Sumar por ver quién pierde mejor y de manera más contundente.

Finalmente, tenemos en liza a la derecha clásica española, PP, y la extrema derecha de Vox. A estos últimos, con su discurso habitual del odio, parece que las encuestas les auguran su desaparición del Parlamento Vasco. En cuanto al PP, intenta recuperar pulso político en Euskadi con un nuevo candidato, Javier de Andrés, más cercano a las tesis más moderadas del defenestrado Alfonso Alonso. El PP entiende que no debe competir por el electorado de Vox, sino que tiene que tratar de presentarse como alternativa a un PNV que ve mimetizado con los socialistas. Les será difícil mantener esta posición de moderación con el estilo bronco, con descalificaciones personales e insidias, de degradación del discurso político y de la vida pública en el que se ha instalado el PP nacional de Feijóo, arrastrado por el PP de Madrid. Un Feijóo que hace dos años cuando accedió a la presidencia del PP nos dijeron que era moderado, que estaba a favor de los pactos de Estado, que quería separarse de Vox y que venía a renovar y regenerar el Partido. Todo mentira. Feijóo participa e impulsa hoy activamente el clima político más enconado y polarizado de la democracia instalado en el lenguaje de la confrontación y de la bajeza verbal, el CGPJ sigue sin renovarse tras casi seis años, ha abierto la puerta a la ultraderecha a 140 gobiernos autonómicos y municipales y no, no vino a regenerar el PP de la corrupción, como estamos viendo estas semanas no se atreve con la presidenta regional Diaz Ayuso.

Por cierto, un último dato, nada menor para muchos vascos: son las primeras elecciones desde el final de la primera legislatura y comienzo de la segunda que pueden coincidir con ver al Athletic Club de Bilbao campeón. Y se nota y mucho en el inicio de campaña. Otro signo de cambio de ciclo y de un nuevo tiempo para Euskadi.

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