martes, abril 23, 2024
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Historias de mi vida liberal: Dêu, deû, déu (Dios, debe, diez)

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Bernardo Rabassa
Bernardo Rabassa
Librepensador. Maestro Nacional. Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras y Diplomado en Psicología Industrial por la Universidad Complutense de Madrid.

En mi tierra mallorquina, solo la forma de pronunciarlo, es capaz de definir el vocablo, por lo que Dios solo es el primero de ellos, como de costumbre.

Definir a mis años( casi 83) la idea de Dios, no es sino tarea harto difícil, pues en ella llevan enzarzados la Teología, la Teosofía y la Teodicea, diversos siglos, sin lograr llegar a ningún resultado concreto. Al final es, cuestión de Fe, de creencia, pues los caminos intermedios, intentando demostrar la existencia de Dios por sincretismos culturales o por pruebas experimentales (Teosofía y Teodicea), la verdad es que no llevan a ninguna parte.

Ello, no obstante, lo que sí es cierto es que la idea de Dios es una creación humana, presente en todas las culturas (Islamismo, Judaísmo, Animismo etc.) y hasta en la Civilización Occidental (Grecia, Roma), la única que ha aceptado el Laicismo como regla, desprendiéndose del mundo de las creencias y substituyéndolo por la experimentación científica, según la cual, es imposible demostrar la existencia de Dios.

Históricamente, desde los albores de las distintas ramas del Homo Erectus, salidas, parece que, de Etiopia, es evidente el desarrollo del antropoide que, por motivos de evolución, observa los fenómenos naturales, se asombra de algunos de ellos, y les atribuye valores, por experimentación constante, que le sirven para su supervivencia. Es evidente que el culto a los muertos y el canibalismo, para no solo comer, sino para adquirir las virtudes del muerto están, en estas primeras fases, en las que se incluyen los árboles, el agua, los distintos animales, los planetas. Estamos en la fase animista, en la que se pretende encontrar en objetos bien materiales, virtudes especiales que le ayudan a superar el día a día. 

Si caza a un león, por ejemplo, es evidente que no solo se cubre con su piel, sino que adquiere su fiereza o fuerza, que es ya una cualidad, que puede ser independiente del león mismo y que es el comienzo del pensamiento abstracto, que difiere del concreto en que no necesita de un león para ser fuerte o fiero. Lo mismo pasa, con el resto de los animales o de plantas, algunas curativas, otras alucinógenas o venenosas y a su vez, va intercambiando experiencias con su horda o tribu, a tiempo que comienza a elaborar mitos, que constituirán por repetición verbal, cuando logra aprender a hablar y a comunicarse por gruñidos. Estos, van creando étimos, palabras y finalmente el lenguaje y cuando aprenda a escribir, su Historia, naturalmente convenientemente modificados en su provecho.

Estamos hablando del hombre trashumante, al principio, cazador y recolector, más tarde pastor y por fin sedentario. Estas fases van acompañadas de la evolución de creencias abstractas sobrenaturales, que dan lugar a religiones, que normalmente son controladas por los brujos de las tribus (que viven de ello) y que le ayudan a organizar su vida interior, a medida, que se va volviendo progresivamente, más inteligente.

Después y en fases avanzadas del animismo, crea dioses, que representan las diversas cualidades que le ayudan a sobrevivir, el Politeísmo, que  más adelante, se transforma en  Panteón de dioses(Egipto, India, Mayas, Grecia y Roma) entre los que sobresale alguno, un Dios padre (Amón Ra, Zeus, Júpiter) que está por encima de los demás o una Diosa Madre (Diana) quienes ponen orden (Cosmos frente al Caos) en el lugar que habitan, normalmente por encima , en el cielo o en profundas cuevas o bajo el mar, la cuestión es que no se pueden ver, más que por las castas sacerdotales que van surgiendo, herederas de los antiguos brujos y que con el control de la religión consiguen poder, normalmente asociados a las monarquías que se establecen como castas de dominio. Se construyen templos, con una celda interior donde está el dios, y diversos recintos, de acceso solo para los Aristos.

La evolución del Pensamiento abstracto religioso, lleva a intentar que todas las virtudes que se atribuían a todos los dioses, lo sean, para un Dios único (Atón en Egipto, Yavé en Israel ), Ahí se arman un poco de lio, pues luchan  entre sí culturas que podían no aceptar esa solución, hasta que en el S.VI antes de Cristo, según Toynbee, aparecen las raíces de las grandes religiones de hoy : Deutero Isaías para los judíos, Buda y Confucio, para los orientales, Pitágoras para los griegos, luego romanos y occidentales y Zaratustra para los zoroastristas de escaso éxito. No debemos olvidar que Cristianismo e Islamismo son sectas judías, desgajadas del tronco común en los siglos I y VI. Que la Biblia no es más que la recolección de mitos históricos que los judíos habían guardada oralmente, como hoy se hace con el Corán, a base de repetir sus contenidos una y otra vez, en las madrasas. La historia de la religión es un fascinante viaje a través de la evolución del pensamiento humano, donde las creencias abstractas se entrelazan con las complejidades culturales y sociales de cada época. Uno de los momentos cruciales en este desarrollo es la transición de la adoración de múltiples dioses a la concepción de un único Dios, un proceso que llevó a conflictos y transformaciones fundamentales en diversas culturas.

La búsqueda de la unidad divina se puede rastrear en varias civilizaciones antiguas, pero es en el antiguo Egipto e Israel donde se pueden observar algunos de los primeros indicios de este cambio paradigmático. La figura de Aton en Egipto y Yavé en Israel representan intentos de consolidar las virtudes atribuidas a diversos dioses en una única deidad. Sin embargo, esta transición no fue sin complicaciones, ya que culturas que no estaban dispuestas a aceptar esta solución se enfrentaron entre sí.

Según Arnold Toynbee, historiador y teórico británico del siglo XX, el siglo VI a.C. marcó un hito crucial en la evolución religiosa. En este período, surgieron las raíces de las grandes religiones que han influido significativamente en la historia y la cultura hasta el día de hoy. Para los judíos, el Deutero Isaías desempeñó un papel fundamental, mientras que en Oriente, las enseñanzas de Buda y Confucio se consolidaron como pilares de las creencias orientales. En Grecia, Pitágoras dejó su huella en el pensamiento religioso, extendiéndose luego a los romanos y, finalmente, al mundo occidental. Mientras tanto, Zaratustra lideró la formación de las creencias zoroastristas, aunque con un éxito limitado.

Es crucial destacar que tanto el Cristianismo como el Islamismo, dos de las religiones más influyentes en la actualidad, tienen sus raíces en el judaísmo. Estas dos creencias se ramificaron del tronco común en los siglos I y VI, respectivamente, llevando consigo una evolución y reinterpretación de las enseñanzas judías.

En este contexto, la Biblia y el Corán, textos sagrados del Cristianismo y el Islamismo respectivamente, se consideran recopilaciones de mitos históricos que los judíos y musulmanes han transmitido oralmente a lo largo de los siglos. Esta tradición oral, similar a la práctica actual en las madrasas islámicas, implica la repetición constante de los contenidos para preservar la autenticidad y la integridad de las enseñanzas.

En conclusión, la evolución del pensamiento abstracto religioso ha sido un proceso fascinante, marcado por la transición de la adoración de múltiples dioses a la concepción de un Dios único. Este cambio ha dado forma a las grandes religiones de hoy, influyendo en la historia, la cultura y la filosofía de diferentes sociedades en todo el mundo. La interconexión entre estas creencias revela una narrativa compleja y rica que continúa impactando la forma en que las personas comprenden su existencia y su relación con lo divino.

Civilización solo hay una: la Civitas romana, la que considera al ciudadano, el origen y el destino de todos los sistemas políticos y sociales. El resto son culturas, incluido judaísmo, islamismo, cristianismo, budismo etc. y que hay que separar la religión del Estado, lo que no quiere decir tomar el laicismo o el ateísmo como religión.

La civilización romana ha dejado una marca indeleble en la historia, destacando por su enfoque singular en la Civitas Romana, que considera al ciudadano como el epicentro de todos los sistemas políticos y sociales. En contraste con otras culturas, incluidas las grandes religiones como el judaísmo, islamismo, cristianismo, budismo, la Civitas Romana ha demostrado ser un modelo distintivo que ha influido en la evolución de las sociedades.

 El Ciudadano como Núcleo de la Civitas Romana:

En la Civitas Romana, la figura del ciudadano era central. Este concepto no solo abarcaba derechos y deberes, sino que también establecía una conexión directa entre el individuo, el origen y el destino de los sistemas políticos y sociales. La ciudadanía romana no se limitaba a una mera identificación geográfica, sino que abrazaba la participación activa en la vida pública y la responsabilidad hacia la comunidad.

 Separación de Religión y Estado:

Aunque las religiones desempeñaron un papel significativo en la vida romana, la sociedad estaba diseñada de tal manera que permitía la coexistencia de diversas creencias. La separación de la esfera religiosa y política era una característica distintiva. Aunque los romanos adoraban a múltiples dioses, la toma de decisiones políticas y administrativas estaba separada de las cuestiones religiosas. Este enfoque permitió una mayor flexibilidad y adaptabilidad en el gobierno.

 Distinción entre Cultura y Civitas:

La civilización romana se destacó por su capacidad para absorber y asimilar diversas culturas sin comprometer su estructura fundamental. A diferencia de las religiones monoteístas que a menudo tienen un componente dogmático, la Civitas Romana permitía la coexistencia de múltiples tradiciones culturales sin imponer una única visión del mundo.

 La Necesidad de Separar Religión del Estado:

La experiencia romana destaca la importancia de separar la religión del Estado. Esto no implica adoptar el laicismo o el ateísmo como religión en sí misma, sino reconocer la necesidad de un gobierno que no favorezca ninguna creencia en particular. La neutralidad religiosa del Estado permite la protección de la diversidad de creencias y garantiza la igualdad de derechos para todos los ciudadanos, independientemente de su afiliación religiosa.

En Conclusión:

La Civitas Romana sigue siendo un modelo fascinante de organización social y política que destaca la centralidad del ciudadano y aboga por la separación de la esfera religiosa y política. A medida que exploramos las lecciones de la historia, la noción de una civilización única basada en estos principios puede ofrecer valiosas reflexiones sobre la construcción de sociedades justas y equitativas en el mundo contemporáneo.

Su trabajo ha costado en Occidente, hace solo dos siglos, teníamos la inquisición. En los países islámicos la religión suele estar controlando sus Estados, es decir, la Humanidad con la globalización no ha conseguido quitarse de encima su dios ni a sus Dioses.

 «La Inquisición: Entre la Fe y la Persecución»

La Inquisición, una institución que dejó una profunda huella en la historia de la Iglesia Católica y en la memoria colectiva de la humanidad, es un tema que ha suscitado debate, polémica y reflexión a lo largo de los siglos. Este artículo se propone explorar la Inquisición desde sus orígenes hasta su declive, examinando sus motivaciones, métodos y consecuencias.

Orígenes y Contexto Histórico:

La Inquisición nació en el siglo XIII como respuesta a la expansión de herejías consideradas amenazas a la ortodoxia católica. La Iglesia, temerosa de la proliferación de ideas consideradas heterodoxas, buscó establecer un mecanismo para identificar, juzgar y, en última instancia, erradicar cualquier desviación doctrinal.

La Inquisición Española:

Uno de los capítulos más oscuros de la Inquisición se encuentra en España, donde la Corona y la Iglesia colaboraron estrechamente. A partir de 1478, la Inquisición española persiguió principalmente a judíos y musulmanes convertidos al cristianismo, conocidos como conversos, bajo la sospecha de practicar secretamente sus antiguas creencias. Este período marcó una etapa de intolerancia religiosa y control ideológico que dejó cicatrices duraderas en la sociedad.

Métodos y Procedimientos:

La Inquisición utilizó métodos variados para obtener confesiones de los acusados, incluyendo la tortura física y psicológica. Estos métodos, aunque cuestionables desde la perspectiva ética, se justificaban en la creencia de que el sufrimiento terrenal purificaría las almas y preservaría la ortodoxia católica.

Impacto Cultural y Social:

La Inquisición dejó una marca indeleble en la cultura europea. La censura y la persecución generaron un clima de miedo e inhibición intelectual, limitando la libre expresión de ideas y la diversidad de pensamiento. Sin embargo, algunos argumentan que esta represión también sirvió como catalizador para el surgimiento del humanismo y la Reforma, movimientos que cuestionaron la autoridad de la Iglesia y abogaron por la libertad de conciencia.

Declive y Críticas Posteriores:

Con el tiempo, la Inquisición perdió influencia y fue suprimida en muchos lugares. A medida que la sociedad evolucionaba y la Ilustración promovía la razón y la libertad, la persecución religiosa perdió terreno. En el siglo XIX, la Iglesia Católica condenó oficialmente los métodos de la Inquisición, reconociendo sus excesos y errores.

Lecciones Aprendidas y Reflexiones Actuales:

El legado de la Inquisición plantea preguntas importantes sobre la relación entre la fe, el poder político y la libertad individual. A medida que reflexionamos sobre este capítulo oscuro de la historia, es crucial aprender de sus errores y trabajar hacia la construcción de sociedades más tolerantes, inclusivas y respetuosas de la diversidad de pensamiento y creencias.

En conclusión, la Inquisición es un episodio complejo y controvertido en la historia de la Iglesia Católica y de la humanidad en general. Analizar sus motivaciones, métodos y consecuencias nos proporciona una visión más completa de las dinámicas sociales y religiosas que han moldeado nuestro mundo, al mismo tiempo que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la tolerancia y el respeto en nuestras sociedades contemporáneas.

Algo sigue habiendo de antropoide, en todos nosotros, y nuestra arquitectura mental en general, precisa de la Fe, para creer en algo superior que nos dará vida después de la muerte y que nos ampara mientras vivimos, lo que nos permite vivir relativamente felices a algunos, a otros mucho y a algunos les lleva a sustituir la religión por creencias esotéricas, adormeciendo las conciencias con ideas o drogas que nos hagan sentirnos seguros, como un  antídoto contra la ansiedad que invade al hombre o mujer solitarios en cuanto no tiene una fe a la que agarrarse.

En Occidente, no obstante, existe algo que tiene valor para la sociedad y es la ética cristiana, que es preferible a no tener ninguna ética, creamos o no en Cristo, y que ahora en Europa se pretenden negar las raíces cristianas de los distintos estados para buscar una ética laica que no existe. 

Ejemplos como la asignatura Educación para la ciudadanía de los socialistas por Educación y Constitucional por el ministro Wert del PP, nos demuestran el deseo de alienar a las masas, de nuestros políticos, al pensamiento único, con mucho tufo fascista, en vez de impulsar la independencia y la libertad del ciudadano. Del individuo y de sus libertades pequeñas diarias, porque si no, no seremos más que hormigas de un hormiguero o abejas de una colmena, trabajando para el Estado Leviatán con el que pretenden sustituir, a Dios los Keynesianos socialdemócratas que desgraciadamente nos gobiernan sucesivamente.

Por absurdo que parezca, después de lo antedicho ¡Dios nos libre, de semejante esclavitud! Los faltos de fe, somos según María Zambrano, en realidad, humildes ateos, en busca de Dios.

 En el complejo tejido de la existencia humana, la fe y la incredulidad bailan en una danza perpetua, desafiando la lógica y desafiando las convenciones. La filósofa española María Zambrano arroja luz sobre esta paradoja al proponer una perspectiva única: los faltos de fe son, en realidad, humildes ateos en busca de Dios.

En un mundo donde la espiritualidad a menudo se ve eclipsada por el materialismo y la razón, la idea de ser un «humilde ateo» puede sonar a contradicción. Sin embargo, Zambrano sugiere que, lejos de renunciar a la búsqueda espiritual, los que carecen de fe pueden embarcarse en una indagación más profunda y personal.

La paradoja se manifiesta en la humildad de aquellos que se llaman a sí mismos ateos pero que, en el fondo, sienten una conexión con lo trascendental. No es una negación total de lo divino, sino más bien una lucha interna por comprenderlo y experimentarlo de una manera que resuene con la razón y la conciencia.

Zambrano argumenta que la verdadera esencia de la espiritualidad no reside exclusivamente en las estructuras religiosas convencionales, sino en la búsqueda continua de significado y conexión con algo más grande que uno mismo. Los humildes ateos, según ella, son buscadores de la verdad espiritual, exploradores de la existencia en su totalidad.

La falta de fe, en este contexto, se convierte en un acto de valentía y sinceridad. Estos individuos se atreven a cuestionar las creencias establecidas y a sumergirse en las profundidades de la propia alma en busca de respuestas. No es una negación obstinada, sino un viaje de descubrimiento personal.

En lugar de percibir la ausencia de fe como una pérdida, Zambrano sugiere que puede ser un punto de partida para una conexión más auténtica con lo divino. Es una invitación a explorar la espiritualidad sin restricciones, sin las limitaciones impuestas por dogmas preestablecidos.

En la era de la información y la pluralidad de creencias, la noción de humildes ateos en busca de Dios resuena como un eco de la libertad de pensamiento. La esclavitud a las creencias rígidas puede ser reemplazada por la libertad de buscar la verdad personal, incluso en la ausencia aparente de fe.

En última instancia, la paradoja planteada por María Zambrano nos desafía a reconsiderar nuestras percepciones sobre la fe y la incredulidad. ¿Es posible que en la aparente negación de lo divino encontremos una búsqueda más profunda y significativa de lo trascendental? ¿Podría la humildad ateísta ser la puerta de entrada a una comprensión más rica y matizada de la espiritualidad?

En la encrucijada entre la fe y la incredulidad, los humildes ateos en busca de Dios nos recuerdan que la búsqueda espiritual es un viaje personal, una odisea que trasciende las etiquetas y desafía las expectativas. En última instancia, la paradoja revela que, por absurdo que parezca, la libertad de buscar a Dios puede encontrarse incluso en la ausencia aparente de fe.

Así pues, Dios debe diez, lo que ha hecho en los diez mandamientos. De forma que ha cumplido con su palabra, Ojalá esto trascendiera a la Moral Política, en  la falta de Ética de nuestros actuales gobernantes, es decir Pedro Sánchez y sus mentiras, del que no nos podemos fiar en un inmediato futuro y que conste que no es mi intención culpabilizarle de su ateísmo, pues yo me encuentro en esa situación, pero si lo hago, de su falta de moral pública pues ni siquiera cumple los axiomas de Sócrates y de su alumno Platón, después de un par de milenios. En realidad va más bien marcha atrás en la civitas universal, aunque luzca en la solapa el pin de 2030. 

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