jueves, junio 20, 2024
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La Ley de Amnistía no rompe España

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Agustín Vinagre Alcázar
Agustín Vinagre Alcázar
Agustín Vinagre Alcázar Diputado Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid. Presidente de la Comisión de Presupuestos y Hacienda

Cuando Olof Palme hablaba de democracia decía siempre «La democracia no es solo una forma de gobierno, sino una forma de vida». Ponía así de manifiesto la importancia de entender la democracia como algo más que un sistema político, enfatizando que no se puede reducir a la simple elección de gobernantes, sino que debe ser una manera de vivir y relacionarnos. Implica el respeto hacia los derechos y libertades de todos, una participación activa en la vida política y social de nuestra comunidad, así como una actitud de diálogo y tolerancia hacia las opiniones y posturas diferentes a las nuestras.

La ruptura en Cataluña durante los días anteriores y posteriores al famoso 1-O supone un antes y un después en las relaciones entre Cataluña y el resto de España, incluso entre los propios catalanes. Una sociedad con padres que no creen en la independencia, pero con hijos que han entendido que su aspiracional de mejorar estaba en separarse del resto de España. Familias que no pueden juntarse porque un hijo cree en la independencia y el otro no. Una sociedad que ha transitado desde entonces en la creencia de que aquello que pasó tampoco solucionó sus problemas. 

Y en ese impasse ha vivido la sociedad catalana, viendo como aquellos que les hicieron creer en el independentismo como solución huían fuera de España y empezaban un juego de utilización de todos. No creo que ningún catalán haya olvidado todo lo que pasó en esos días, ni lo que pasó después como probablemente no lo haya hecho ningún ciudadano del resto de España. Pero no olvidar no quiere decir que los seres humanos no quieran pasar página. Y eso es precisamente lo que significa la Ley de Amnistía, pasar página y continuar avanzando, juntos.

La Ley de Amnistía, a pesar de todo lo que se ha dicho de manera torticera, establece de manera nítida el marco de actuación, que no es otro que la Constitución, que garantiza los derechos fundamentales. Esta Ley supone excepcionar la aplicación de normas vigentes en aras del interés general, consistente en garantizar la convivencia dentro del Estado de derecho y generar un contexto social, político e institucional que fomente la estabilidad y el progreso tanto de Cataluña como del conjunto de España. 

No hay mejor argumentario para explicar y defender la necesidad de la Ley de Amnistía que la propia exposición de motivos, que, de manera clara establece una idea de que un Estado democrático decide desde el respeto a la Constitución, decide de manera excepcional amnistiar unos delitos circunscritos a un periodo de tiempo y a una situación política especial, con un objetivo inequívoco, mejorar la convivencia. Y es en ese objetivo donde puede verse reflejada la inmensa mayoría de españoles, que quieren mirar al futuro con optimismo y voluntad de avanzar

Hay muchos que hablan de que la amnistía rompe España, pero lo que rompe España es que algunos recorten en algo que es universal como la sanidad. España se rompe cuando los ciudadanos no son iguales porque la igualdad no se defiende en base a territorios si no en base a que todos puedan vivir con un sistema de pensiones que les haga iguales, con una educación que nos haga iguales en oportunidades, con un sistema sanitario que no diferencie entre la gente que puede y no puede pagarlo. Algunos levantan la bandera de la igualdad a modo de pulserita, para lucirla, mientras no creen en la igualdad.

Muchos se llaman demócratas mientras siguen sin condenar los actos de violencia sobre las sedes del Partido Socialista o las manifestaciones en la calle Ferraz, donde se clama contra todo menos contra la amnistía. Hay silencios que suenan estruendosos. Mientras se llaman demócratas toleran el ruido de iluminados, que gritan desde hogueras en la calle, insultando y vilipendiando a las ministras del Gobierno de España con muñecas hinchables, o señalan a compañeros socialistas en portadas de periódicos. Si aguantas ese ruido sin poner pie en pared es que no crees en la democracia por mucho que lo repitas incansablemente.

Para Palme, la democracia se vive en el día a día, en la manera en que nos tratamos y en cómo nos comprometemos con la construcción de una sociedad justa y equitativa en la que todos tenemos cabida. Esa justicia social que la presidenta de la Comunidad de Madrid dice que es cosa de “rojos peligrosos” pero que es la única que garantiza la libertad y sobre todo la igualdad.

Se puede estar a favor o en contra de la Ley de Amnistía, es legítimo en una democracia consolidada como la nuestra. Se pueden tener diferencias políticas. Se puede tener la opinión que se quiera sobre lo que pasó en Cataluña, pero lo que no se puede nunca es cruzar los límites de la convivencia y amparar al odio con silencio. Eso si es romper España. 

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