viernes, diciembre 2, 2022

De mayor quiero ser Cebrián

Concha Velasco le cantaba a su madre que quería ser artista de mayor. Ahora, los pequeños quieren ser Casillas o tronistas, y las pequeñas Sara Carbonero o… tronistas. Vamos, guapos, ricos o famosos y sin tener que dar un palo al agua. Craso error. Yo de mayor quiero ser Juan Luis Cebrián. Pero de muy mayor. Vamos, cuando me jubile, si es que se aprueba algún día que las moscas tengamos esa opción.

Todo el mundo querría una jubilación como la suya. Con una así se acabarían para siempre gilipolleces que nunca he llegado a comprender como lo de que uno se aburre cuando se jubila, que echa de menos el trabajo o que ya no se siente realizado.

Si ya de por sí es un placer el no tener que ver todos los días a tu jefe (por mucho que adore al mío), el tener que poner buena cara a compañeros a los que habría que agredir a diario para quitarles la cara de empanados que tienen, y, por supuesto, el tener que levantarte cuando un pitidito te lo indique cada mañana y no cuando te lo pida el cuerpo, imagínense cómo sería sabiendo que por quedarte en tu casa te pagan 4,8 millones de euros. El no va más, pero sin ruleta de por medio. 

El presidente de PRISA es el tío más inteligente de este país. Desde su cargo, él mismo es el que tiene que autorizar su sueldo y sus prebendas. Que hoy quiero una casa en Nueva York para pasar los fines de semana, pues la acepto en la junta que me monto. Que me gustaría tener un Ferrari nuevo, pues me lo regalo con el dinero de mi empresa. Que me jubilo, pues me pongo en mi contrato un «complemento de jubilación» con esos 4,8 millones de euros. Que si me despiden antes, cobro la misma cantidad. 

Que si la compañía pierde 648 millones de euros, como en 2013, yo sigo cobrando lo mismo. Que si para la plantilla fijo un ajuste salarial de entre el 3 y el 7 por ciento, yo me pongo un mínimo de 600.000 euros, independientemente de que la empresa no cumpla sus objetivos.

Nada de que esa retribución variable pueda hacer que, como ocurrió el pasado año, uno se lleve «sólo» 568.415 euros en acciones y 378.944 euros en metálico al no cumplirse los objetivos. Así me garantizo esos 600.000 pase lo que pase. 

¿A quién le importa que en 2012 fuera el responsable de un ERE para mi empresa o que ésta se haya endeudado por encima de los 5.000 millones de euros?

Lo importante es que él se llevó en 2013 un total de 2,14 millones de euros, a razón de 1,57 millones en efectivo y 569.000 euros en acciones. Casi 800.000 euros más que Abril Martorell o 1,4 millones más que un apellido ilustre en la casa como Polanco, los otros dos directivos que mejor parados salieron del ejercicio anterior.  Sí señor, éste sí es el «puto amo» y no Mourinho. 

 

La mosca

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