viernes, diciembre 9, 2022

Trabajo planificado

“No hay varitas mágicas, sino trabajo planificado”. La frase la ha pronunciado este fin de semana Mariano Rajoy en su gira para ayudar a su candidato andaluz a paliar la contundencia de su derrota el próximo domingo.

Desde luego, es uno de esos clásicos de su repertorio, el mismo en el que le gusta definirse como una persona previsible, el top de los valores marianos, junto al hacer las cosas como Dios manda o lugares comunes por el estilo.

Con todo, si me lo permiten, lo del trabajo planificado tiene su enjundia. No porque Rajoy se haya convertido tras más de tres años en La Moncloa a la planificación económica (o sí, que diría él mismo), sino porque esa frase es, en realidad, la constatación de que lo que advertimos antes de su llegada al Gobierno era absolutamente cierto: Rajoy venía con una agenda oculta milimétricamente planificada, y que ha aplicado con la misma tenacidad con que sacó las oposiciones a registrador de la propiedad.

En efecto, un trabajo planificado, muy planificado, para desmontar los derechos laborales de los ciudadanos y dejarles a su suerte en una especie de selva laboral en la que no rige más ley que la del más fuerte, el que emplea y altera condiciones económicas y laborales a su antojo. Resultado: la precariedad no ha dejado de aumentar, generando una realidad desconocida en España como la de los trabajadores a quienes su empleo no permite salir de la pobreza.

Un trabajo planificado, muy planificado, para desmontar la sanidad pública, cuyo hito clave se resume en dos cifras: 16/2012. Cifras que identifican el decreto que puso fin a la universalidad del sistema sanitario público español, en un giro de 180 grados a la política sanitaria que se había venido desarrollando en nuestro país desde la Ley General de Sanidad de Ernest Lluch. De repente, la sanidad dejó de avanzar para empezar a retroceder, dejó de ampliar coberturas para empezar a excluir a personas, dejó de reforzarse para debilitarse, mientras se ha encarecido la factura que pagan directamente los ciudadanos mediante copagos y repagos y que no ha impedido que el sistema haya perdido más de 22.000 profesionales.

Un trabajo planificado, muy planificado, para desmontar la educación pública, el bien más preciado de un país, generadora de presente y futuro y de movilidad social. Desde luego, Rajoy ha ido a su línea de flotación, recortando presupuestos y becas para dificultar el progreso educativo de los menos pudientes y cerrarles el paso a una universidad convertida paulatinamente en coto de privilegiados, proceso que el sistema 3+2 no hará más que acelerar.

Un trabajo planificado, muy planificado, para desmontar el sistema de pensiones, aprobando un factor de sostenibilidad que no es sino factor de precariedad y empobrecimiento de pensionistas presentes y futuros. Todo ello, metiendo mano de tal manera en la hucha de las pensiones que esta no resistiría un segundo mandato de Rajoy.

Un trabajo planificado, muy planificado para atacar las libertades civiles, como demuestran la ley mordaza para perseguir y sancionar manifestaciones o la amenaza constante a lo largo de la legislatura al derecho de las mujeres a decidir sobre su propia maternidad, pero también la vergonzosa vuelta atrás en la pluralidad e independencia de la radiotelevisión pública.

Ya ven, el presidente se permite hablar de “un nuevo ciclo virtuoso de prosperidad y crecimiento si se mantiene la misma línea”, cuando por haber seguido esa línea España se ha metido en una espiral de desigualdad, deflación y endeudamiento. Sí, un trabajo planificado, muy planificado.

No deja de tener su aquel que el traspiés que marcó el principio de Rajoy como presidente, Andalucía, vaya a ser también el que marque su final. Ya se sabe que el hombre es animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Justicia poética…

 

José Blanco

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