sábado, abril 13, 2024
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Paz para después de la campaña

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«Tiene que ser posible la existencia/ de un hombre que dé paz/ que allá o aquí/ aun venza sin luchar en las batallas». Versos del poeta leonés Antonio Colinas para la última semana de la primera campaña electoral de 2015. Necesitamos hombres o mujeres que den paz, que aporten confianza, que apuesten por resolver los problemas y no por crear otros que no tienen solución. Las contiendas electorales deberían ser la oportunidad para ofrecer ideas constructivas, proyectos para la mejora social, programas y compromisos de honestidad, ejercicios de transparencia. Pero son, todos los días, descalificaciones del adversario -incluso, a veces, del compañero-, mentiras conscientes, palabras sin confrontación que acaban desmotivando a un electorado que ya no llena Palacios de Deportes o Polideportivos porque no se cree las medias verdades de sus líderes. ¡Imaginen ustedes lo que piensa el votante de aquellos con los que no comulga!

Nadie sabe lo que va a pasar de verdad en estas elecciones y los sociólogos «cocinan» las encuestas más que nunca porque también ellos andan desorientados por los resultados cambiantes cada día. El voto oculto de millones de ciudadanos está más oculto que nunca y el voto decidido menos decidido que nunca. Los votantes de derechas no quieren votar al PP y apuestan por Ciudadanos, que no es de derechas ni, posiblemente, de izquierdas ni de centro, mientras que los de izquierdas tienen un follón mental monumental. Es difícil votar al PSOE, especialmente en Andalucía después de tanta corrupción organizada; habría que dar una medalla a los que sigan pensando en votar a Izquierda Unida y votar a Podemos hay que entenderlo desde la desesperación o desde la agitación pseudorevolucionaria.

Lo malo no es lo que se vote, aunque algunos, a un lado y al otro lo hagan cerrando los ojos y tapándose la nariz, sino lo que va a venir después: una historia de pactos en los que si hubiera un hombre o una mujer «que dé paz», no pasaría nada. Si hubiera dos partidos que pactaran gobernar desde el respeto a la voluntad colectiva y con transparencia en sus programas y objetivos, no pasaría nada. El problema es que nos faltan esos líderes que buscan la paz, que quieren gobernar para todos, que, cuando llegan al poder, son capaces de sacrificar el objetivo de machacar al contrario y piensan sólo en las soluciones que hacen posible el bien común.

Nos sobran políticos que en campaña y en el poder piensan antes en vencer al contrario que en los ciudadanos de todos los colores a los que tienen que convencer con sus hechos. Políticos para la convivencia. Habrá que buscarlos donde estén. El poema de Colinas termina con unos versos para la reflexión: «Pero nunca aprendemos/ No sirven en la vida las ideas/ los hechos, las batallas, que no sean de amor/ que no sean semilla de paz fértil». Yo voto al soñador Colinas.

Francisco Muro de Iscar

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