jueves, diciembre 1, 2022

Jugando a barcos

No es la primera vez, si será la última, que Gibraltar se convierte en noticia. Si nos quedamos con lo más prosaico podría parecer que el famoso «se acabó el recreo en Gibraltar» del ministro Margallo ha sido el detonante de esta nueva crisis. No se puede decir que fuera una frase muy diplomática, pero, ¡ojalá¡ el problema fuera la frase del ministro. En esta ocasión, el detonante ha sido la arrogancia de las autoridades gibraltareñas, ordenando lanzar a aguas españolas_y no británicas_moles de cemento con ganchos. Justo en las aguas_hay que insistir que son españolas– en las que cientos de pescadores españoles se ganan la vida, cosa que ahora no pueden hacer porque esas moles de cemento les hace imposible faenar en esos caladeros. Primero, han conseguido que los pescadores españoles no faenen, pero el objetivo último no es otro que ganar terreno al mar y así expandir su territorio.

Soy de las que creo que ni mis hijos ni los hijos de mis hijos verán a un Gibraltar español. Que Europa contemple con absoluta normalidad una colonia en el siglo XXI no deja de ser llamativo. A estas alturas de la historia Gibraltar es, cuando menos, una extravagancia política y, por supuesto, fiscal. Pero ahí está y seguirá estando, de manera que lo inteligente es buscar los acuerdos más inteligentes posibles  que  pongan a salvo los derechos de los ciudadanos españoles y que los llamados «llanitos» en lo que a fiscalidad se refieren dejen de vivir en el reino de jauja.

Si algo hay que descartar es que esto acabe a cañoñazos

En medio del fragor, de comunicados ingleses y españoles que dan versiones no coincidentes, de colas de coches porque el extravagante Gibraltar no forma parte de territorio Scheggen… en medio de todo esto, Gran Bretaña anuncia maniobras navales. Defensa ha dicho que es normal y que lo suyo es «aparcar» en Rota, que es donde está la base de la OTAN. Es más que probable que alguna fragata se cuele a aguas jurisdiccionales españolas pero si algo hay que descartar es que esto acabe a cañonazos. Gran Bretaña, muy seguros de sí mismos, optan por jugar a barcos y España, que también debe sentirse muy segura de sí misma, debe huir del terreno en el que al parecer algunos pretenden que juguemos.

Entre amigos y aliados, los problemas se solucionan hablando, pero no de cualquier manera y para buscar meros apaños. Se impone el diálogo como una única herramienta, pero los objetivos deben quedar claros de antemano. No es descabellado exigir que retiren las moles de hormigón. No es pavoroso que además del diálogo entre España y Gran Bretaña, la Unión Europea tome cartas en el asunto para evitar que Gibraltar sea un auténtico y vergonzoso paraíso fiscal y no estaría de más establecer un censo correcto de los «llanitos» que cotizando en Gibraltar, que es lo mismo que no cotizar, viven  en territorio español, beneficiándose gratis total de los servicios españoles.

 No es cuestión de jugar a barcos, pero si Cameron no ordena retirar las moles de cemento de manera inmediata, Rajoy, de ninguna de las maneras debe renunciar a las legítimas herramientas de presión y todo ello sin caer ni en estridencia ni en discursos patrióticos que sólo conducen a la melancolía. Basta con actuar de manera que quienes se tienen que enterar, se enteren que ya va siendo hora.

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Charo Zarzalejos

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