martes, febrero 7, 2023

Escándalo político en Madrid

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Doblemente puesto en evidencia y explotó, esto sí que lo es, el escándalo político: no los quieren ni los suyos, oiga. Los negocios de Güemes y el recurso de inconstitucionalidad contra el euro por receta. Lo ha interpuesto también el Partido Socialista de Madrid, después de un affaire ridículo sobre la propiedad de los senadores y la oportunidad de los textos.

Al final se impuso la política, que consiste en dejar en evidencia planteamientos y propuestas políticas que difieran de otras, tener discurso, proponer algo, defender ideas. Ideas no es lo que defiende este gobierno que solo tiene una: hacer negocio rentable de los bienes públicos de los madrileños. Años de construcción se van por el sumidero de la destrucción banal y pueril que hace esta pandilla inconstitucional, ya se verá.

La idea de este gobierno es hacer negocio rentable de los bienes públicos madrileños

La sanidad es como la educación: una conquista. Mírense los libros de historia, aprovechen la red para mejorar su erudición. Estos usurpadores luchan contra la historia, que es como luchar contra el progreso. La sanidad pública, como parte esencial del bienestar; la educación pública, como pieza de la igualdad de oportunidades. Ambas son lo mismo, un escalón más en la adquisición de derechos.

Pero ahora, llega la crisis como excusa. Qué excusa tan banal. Quieren desmantelar la sanidad y trocearla en parcelas de negocio; quieren dejar de gastar en educación para que disponga de ella el que se la pueda pagar. El progreso debe ser producto de la capacidad de compra. La cultura de la supervivencia. Si estos fueran americanos defenderían la ley de la frontera, el discurso de la Asociación del Rifle. No en vano, uno de ellos se hizo fotografías feliz con testículos de ciervo en la cabeza. Otros no los llevan sobre el pelo, los llevan dentro. Dentro de la cabeza junto al aire pestilente que expiden sus neuronas.

El bienestar es un concepto caducado. Nos han pasado por los lados, a toda velocidad. Van del ladrillo a la miseria como vamos de la nada a la nada, que diría Miguel Hernández, y me recuerda un buen amigo en prodigiosa metáfora y evidencia. A la nada, si por ellos fuera allí iríamos. Güemes sabe de lo que habla, se casó con la hija del aeropuerto, que le tocaba mucho la lotería, la del «que se jodan», y que fue compañero de González en el gobierno de la lideresa, que nos jodamos, vaya, viene a decir esta fórmula política del heredero llorón en discurso infumable de investidura.

Cómo serán que hasta su propio partido los denuncia en el Constitucional

El que quiera salud que se la pague y que me pague mi porcentaje de negocio, no te jode, y que se jodan. El que quiera educación que se la pague, y que le pague a los concertados su parte de negocio, y que se jodan. El que quiera metro, tren, autobús, comer en el colegio, trabajar con dignidad, conseguir un empleo, que se joda. Somos un ERE programado, se acabó el ladrillo, a la mierda la democracia social, bienvenido el negocio donde quedan oportunidades. Si lo sabrán estos, los de las mamandurrias que tienen un plan en el que nosotros, los mortales cualesquiera, ya no cabemos. A ver si el meteorito pone arreglo y nos iguala en la nada, será la última oportunidad, ingrato consuelo, pero en fin, ya lo escribió Jorge Manrique en las Coplas.

Dios mío, cómo serán que hasta su propio partido los denuncia en el Constitucional. Esto sí que es un escándalo, oiga.

Rafael García Rico

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