jueves, diciembre 8, 2022

Juicio político contra Garzón.

Salvo Gaspar Llamazares, seguramente persuadido de que hay causas que deben ser defendidas desde la intemperie, ningún otro diputado de la Nación se acercó a las puertas del Supremo para expresar su adhesión y dar aliento al juez que, por querer serlo verdaderamente al investigar a fondo la trama Gürtel, significado episodio del brutal latrocinio que viene sufriendo la sociedad española, se ve sentado en el banquillo y despojado de su función en la Audiencia Nacional, donde los magistrados probos y valientes son tan necesarios. No habla muy en favor de la Cámara, de sus actuales inquilinos, esa desafección personal de todos ellos no hacia un individuo, Garzón, sino hacia un caso netamente político. ¿O es que, como aconsejaba Franco, prefieren no meterse en política?

Pero del mismo modo que este primer juicio contra Baltasar Garzón puede ser calificado de «netamente» político, podría serlo de «exclusivamente» político, por cuanto la acusación de haber lesionado con las escuchas telefónicas a los presuntos mafiosos de la Gürtel su derecho a una defensa con todas garantías, no se sostiene. Ni jurídicamente, pues los reos tenían derecho a departir secretamente con sus abogados, pero no a urdir impunemente en sus charlas con ellos el blanqueo y la evasión a paraísos fiscales de lo robado a los españoles mediante apaños con políticos venales, ni, desde luego, desde el punto de vista del sentido común: se trataba de evitar precisamente, a petición del Fiscal, la evaporación de los 20 millones de euros escondidos en Suiza.

A propósito de esto, y pues parece más que sentado el móvil político del ajuste de cuentas hacia el juez que tirando del hilo Gürtel podía llegar al ovillo de la financiación del PP, y que encima quiso sentar la mano de la Justicia a los criminales del franquismo, cabría recordar que uno de los delitos más perjudiciales para un país es el de la fuga de capitales, pues lo deja depauperado y anémico. Se trata de un delito de lesa patria, merecedor de un castigo ejemplar, muy parecido al que se sospecha pudo perpetrar también, continuadamente, el tal Urdangarin.
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Rafael Torres

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