jueves, diciembre 1, 2022

El discurso del Rey

Se cruzaban apuestas sobre la posibilidad de una mención al caso Urdangarin en el mensaje navideño del Rey. Cuatro contra uno, la más favorable. Y el Rey habló de este asunto, como lo hacen los monarcas: con claridad, serenidad y aplomo. Enmarcándolo en la plaga de cargos públicos y personajillos que han metido las manazas en la caja del pan o se han aprovechado del puesto que ocupaban para llevárselo crudo. El mundillo de los sinvergüenzas que han traficado con su agenda ha provocado una escandalera lamentable. Muchísimos ciudadanos, parados o agobiados, se preguntan en voz alta cómo es posible que nuestro sistema representativo albergue a tal cantidad de chorizos. El Rey ha puntualizado que la inmensa mayoría de los servidores públicos son honrados y eficaces, hombres y mujeres incapaces de llevarse un euro del dinero público, insensibles a la mafia de espabilados dispuestos a sobornarles y corromperles.

Un garbanzo negro no altera el buen sabor de un cocido y una panda de arrebatacapas no puede arruinar la buena fama de nuestras instituciones. La actividad de un familiar de nuestro Rey, que todavía no ha sido imputado, no debe agrietar los cimientos de la monarquía española. Las andanzas mercantiles del yerno pelotari han abierto el cofre de Pandora. Las críticas no proceden de los ámbitos políticos y sociales tradicionalmente republicanos, hay que buscarlos en los ambientes de siempre. La vida y milagro de toda la familia Borbón aparecen en las revistas de colorines, en los programas de televisión cuajados de presuntos cronistas palaciegos expulsados en su día y a buena hora de los aledaños de la Zarzuela, y en los artículos de sesudos analistas que urdan en el árbol genealógico de don Juan Carlos. Los gacetilleros del corazón se han encontrado con un nuevo filón de frivolidades y los que no perdonan al Rey que fuera infiel a Franco y a los principios del movimiento nacional, la estaca ideal para golpearle en la nuca. Todo vale: los viajes de la Reina, las fotos que se hace, las idas y venidas de las Infantas y de sus hijos, incluso los planteamientos familiares de las hermanas del Rey. En este patio de vecindad en el que algunos indecentes han convertido a España, todos podemos terminar jugando al pañuelo ciego o saltando la comba.

No debemos jugar con las cosas de comer y menos con la Jefatura del Estado, que integra y armoniza los poderes nacionales y los territorios, históricos o no, que conviven bajo la autoridad constitucional de la Corona. No quiero terminar sin destacar otro detalle más: la foto que don Juan Carlos colocó en un lugar bien visible de su palacio. El Rey acompañado de Zapatero y Rajoy, un símbolo del relevo gubernamental y la continuidad democrática amparada desde siempre por don Juan Carlos. Perdieron los que no apostaron por la valentía y el compromiso. Fue un auténtico discurso del Rey. 

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Fernando González

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