martes, febrero 7, 2023

Zapatero no ha entendido el mensaje

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Rodríguez Zapatero no parece haber entendido el mensaje que los electores enviaron a su partido el pasado 22 de mayo. Él sigue como si nada hubiera ocurrido; fiel a su estilo Jano -el dios romano de las dos caras-, le ha faltado tiempo para pastelear con Urkullu (PNV) a espaldas de Patxi López. Mientras, el grueso de los ciudadanos sentenciaban en las urnas al zapaterismo, el presidente, al que han arrinconado en su propio partido, quiere seguir en La Moncloa. Seguir y agotar una legislatura que ha entrado en fase agónica. Quiere seguir para aparentar una normalidad que no es tal pues, por desgracia, la economía no despega, apenas se crea empleo y todo son deudas. Dicen los expertos que falta confianza. Los bancos no prestan dinero y el diagnóstico del gobernador del Banco de España (Fernández Ordóñez) sobre el estado de salud de algunas cajas de ahorro no ha hecho más que añadir una nueva dosis de incertidumbre. El país necesita otra gestión. No más componendas de trastienda política para ir colocando parches. Zapatero necesita al PNV y a CiU para aprobar el Presupuesto del 2012. También podría prorrogar el de este año, pero todas sus cifras y previsiones -incluidas las de gasto- han sido cizalladas por la realidad. Quiere pues decirse que la prórroga sería poco menos que un ejercicio de aritmética recreativa o, más exactamente, un disparate.

Ha trascendido que desde el PNV, fiel a su estilo de rebañar la cazuela sin disimular el desdén que sienten por el cocinero, exige la transferencia de todas las competencias estatutarias que restan todavía en manos del Estado. Urkullu aprovecha la debilidad de Zapatero para presentarse ante los suyos como el «gran conseguidor», dejando, de paso, en evidencia al «lehendakari» Patxi López.

Si los nacionalistas vascos piden el resto de las joyas de la abuela, los catalanes no se quedan atrás: quieren un concierto económico (y fiscal) propio. Como los vascos y los navarros. Lo quiere Artur Mas a sabiendas de que para conseguirlo habría que modificar la Constitución. La debilidad política de Zapatero es un estímulo para la barra libre. Lo de menos es que España y los españoles tengamos problemas acuciantes: el primero de todos el paro: casi cinco millones de desempleados. Ellos, los políticos, van a lo suyo. A mantenerse unas horas más en el poder o a consolidar privilegios contrarios al irrenunciable mandato de igualdad entre todos los españoles que consagra la Constitución. La debilidad política de Rodríguez Zapatero nos está costando mucho más de lo que se aprecia simple vista. Lo que necesita el país no son apaños parlamentarios. Lo que necesitamos son elecciones para que cuanto antes podamos vencer tanta incertidumbre. Ese y no otro fue el mensaje del 22 de mayo.

Fermín Bocos

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