miércoles, noviembre 30, 2022

El futuro del populismo republicano

La negativa de Mike Huckabee a concurrir a las presidenciales de 2012 deja un vacío y no únicamente un vacío de social conservadurismo. Huckabee era también el principal practicante del populismo económico en el seno del Partido Republicano.

En comparación con sus rivales del Partido Republicano cuatro años atrás, Huckabee sonaba como el candidato Demócrata William Jennings Bryan – comparación que probablemente habría ofendido a Huckabee menos que a la mayoría de los republicanos. Se quejaba de consejeros delegados muy bien remunerados y hablaba con empatía de «la gente en la base de la escalera económica». Su propia lucha para abandonar la pobreza daba credibilidad a su mensaje.

Los puristas del libre mercado se ensañaban con los antecedentes de Huckabee como gobernador de Arkansas – subidas tributarias, sus leyes estatales contra el tabaco, la subida del salario mínimo un 21%. El activista conservador Richard Viguerie le tildada de «socialista cristiano».

Pero Huckabee al menos daba lo que se esperaba de él. Mostraba su desprecio al libertario Club del Crecimiento, que contrató publicidad en su contra, llamándolo «el club de la codicia». Tras las críticas del presidente del colectivo activista Estadounidenses por la Reforma Tributaria Grover Norquist, Huckabee respondía: «Grover no ha sido nunca gobernador, no tiene que cuadrar unos presupuestos estatales… Grover nunca ha pasado por una situación en la que no pudiera endeudarse para no tener que subir los impuestos ni decir a la gente que va a tener que abandonar la residencia y dejarlos en la cuneta simplemente».

Durante su apuesta presidencial, las temáticas de Huckabee estaban más desarrolladas que su política. Su propuesta del «impuesto justo» -sustituir el impuesto progresivo sobre la renta con un impuesto nacional sobre la venta -no era una causa populista natural. Pero cuando el Sindicato Internacional de Obreros y Peones del Sector Aeroespacial hizo su elección presidencial, eligió tanto a Hillary Clinton como a Mike Huckabee.

En la actualidad hay una demanda Republicana de populismo económico limitada. Entre el actual palmarés de candidatos Republicanos, el activismo en cuestiones como la reforma sanitaria es un escándalo más nocivo que el reconocimiento del adulterio. Pero más allá de las primarias, un candidato Republicano va a necesitar un mensaje más alentador que recortes presupuestarios simplemente. Un sistema educativo en horas bajas y unas deficientes habilidades han reducido la movilidad socioeconómica de América en comparación con muchos países europeos. Un candidato ganador tendrá que hablar no sólo de austeridad, sino de oportunidad.

¿Qué Republicano tiene más probabilidades de redactar un mensaje de movilidad económica propio de unas generales? Se puede hacer una encendida defensa de Tim Pawlenty.

Pawlenty es menos intenso y a la vez más conservador que Huckabee. En Minnesota fue un gobernador contrario a impuestos nuevos y partidario de la disciplina fiscal que presidió la clausura de la actividad de su propio ejecutivo. Sacó un «sobresaliente» en la calificación fiscal que pone el libertario Cato Institute. Huckabee obtuvo un «suspenso». El ex gobernador de Minnesota fue presentado en la conferencia del Comité de Acción Política 2010 por Norquist, que afirmó que Pawlenty había gobernado «como un conservador».

Pero Pawlenty también gobernó como reformista de debilidad populista -un enfoque que bautiza «Club de Republicanismo del Tío Sam». Siendo gobernador,
elevó los estándares educativos, apoyó la nueva importación de las medicinas con receta de Canadá, accedió a elevar el impuesto del estado al tabaco,
propuso subvenciones a las energías alternativas y presionó para sacar adelante reformas sanitarias innovadoras basadas en el modelo de mercado. Este programa permitió a Pawlenty alzarse con victorias (ajustadas) en un estado Demócrata. «Si se fija», ha dicho, «en la brillantez de Reagan y Teddy Roosevelt y Lincoln… no eran gente del estatus quo. Eran agentes de cambio. Eran populistas- de credenciales conservadoras».

Pawlenty trata actualmente de demostrar la parte de las «credenciales conservadoras» de esa ecuación apelando directamente a la audiencia del movimiento fiscal. Teniendo en cuenta su admirable puntuación con la bondad de Minnesota, las tentativas de suscitar el escándalo partidista por parte de Pawlenty pueden parecer torpes. Podría tatuarse «No me chulees» y seguir sin obtener la mayoría del apoyo del movimiento fiscal. Pero hacerse con una minoría significativa no es imposible. Sus credenciales fiscales son fuertes. Y muchos en el movimiento fiscal -casi la mitad, según algunos cálculos- son conservadores religiosos, entre los que Pawlenty se cuenta. El argumento más firme en favor de la candidatura de Pawlenty es la aceptación que tiene entre algunos votantes del movimiento fiscal, algunos Republicanos de referencia y los independientes con el tiempo. Sus partidarios pueden carecer de entusiasmo en la actualidad, pero tienen gran potencial.

En las generales, Pawlenty podría volver a los temas populistas con una facilidad imposible para muchos de sus rivales. Sus orígenes modestos le dan posición. Su trayectoria como gobernador muestra diálogo creativo -la implantación de ideas conservadoras y de libre mercado con el fin de elevar la movilidad económica. No considera la empatía un delito ideológico.

Pawlenty no tiene nada que ver con William Jennings Bryan. Pero puede ser el populista Republicano más fuerte que también puede asegurarse la candidatura de su formación.

Michael Gerson

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