miércoles, noviembre 30, 2022

Un hilo de acero

Hace casi un año, la Fiesta de la Rosa de los socialistas vascos no contó con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.  La explicación de su ausencia –el desplazamiento a Barcelona para visitar al Rey, convaleciente de una intervención- no satisfizo del todo a los socialistas vascos, incluido el lehendakari,  que esperaban su respaldo en el acto de Baracaldo cuando celebraban el primer aniversario del Gobierno Vasco, presidido por Patxi López.  En privado lamentaban después la falta de esfuerzo del presidente para llegar al recinto ferial.

Esta vez sí ha venido, aunque, entretanto, primara su pacto con el PNV sobre el apoyo a sus compañeros vascos.  Ligero de equipaje tras renunciar a la reelección,  se acercó al recinto de Durango, ante una militancia sensible a las muestras de afecto.  Es un momento distinto.  Aquél, el de su ausencia, fue un acto reivindicativo del cambio, frente a los “catastrofistas que vaticinaban el caos”, decía el lehendakari socialista.  Sólo, con su rosa,  ensalzaba en la tribuna a los concejales que fueron “un muro contra ETA” y se jactaba de que  “los cerdos volaran”,  en alusión a la metáfora nacionalista de lo imposible del cambio.

El de hoy no era tan emotivo.  La fiesta de la Rosa resurge en plena contradicción interna hacia el pacto político que firmaron con los populares vascos y que sustenta el Gobierno de Euskadi.  Eguiguren, reprendido durante unas horas por el lehendakari por su defensa de romper el acuerdo con el PP,  y por la descalificación  de su socio, fue de nuevo tratado con cariño, incluso por Zapatero.  No importa que repita tesis como éstas a diario, que quiera romper el pacto y conservar el gobierno,  una política de ficción, en la que no parecen embarcarse sus compañeros. 

Zapatero eludió la bulla que quedó en algo doméstico, por repetido, mientras se empleó en intentar disolver otro conflicto en el seno socialista que trae causa con el anterior.  Entre quienes saludan las buenas nuevas de la izquierda abertzale mirando “sólo” al futuro, y quienes de ningún modo aceptan que se entierre el pasado.  Pero para Zapatero,  ambos son compatibles. En la recta final de su mandato se comprometió a no dar un respiro a ETA ante el “lehendakari de la paz”.  Otra ocasión perdida para reconocer que lo es también por los votos del PP. 

En medio de gruesas acusaciones, de malentendidos sustentados en los recelos mutuos, y de presiones para la ruptura desde sectores  más críticos,  persiste un hilo que sustenta el Gobierno de Vitoria.  Un solo hilo que, de mantenerse, decía en estas horas el antropólogo vasco Mikel Azurmendi, “podría llegar a ser de acero”.  Para ello ha de contarse con la “paciencia” de la que habla Basagoiti al asistir al desprecio de su partido, y a la falta de alternativas creíbles para el PSE.  La forja del acero sería, pues, más instrumental que épica,  pero remitiría a la hermandad surgida en los peores años.  

 

 

 

Chelo Aparicio

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