domingo, febrero 5, 2023

El Supremo trata de fallar un caso de crack

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El Supremo se está ganando su reputación de ser la instancia judicial más elevada.

Los de la toga han deliberado acerca de la cocaína al menos una docena de veces los últimos años, ocupándose del estupefaciente preparado en alguna forma distinta en cada uno de los cuatro últimos. El lunes, los magistrados lograban otro éxito, y este es particularmente alucinante.

Por un lado, el código que estaban interpretando, la disparidad de las penas por posesión de cocaína en polvo y en forma de crack, fue modificado por el Congreso el año pasado, haciendo que el debate no tenga mayor trascendencia.

Por otro, el debate giró en torno a las propiedades químicas de los derivados de la cocaína, una cuestión técnica para la que la facultad de Derecho no prepara mucho a los magistrados.

«¿Se puede moler para que ya no tenga aspecto de china, que sea más como un polvo, y fumártela después con esa presentación?» preguntó el juez Samuel Alito.

«¿Se puede preparar cocaína en forma de china sin utilizar una base?» quiso saber la jueza Sonia Sotomayor.

El juez Anthony Kennedy tenía una duda acerca de la edad y la exposición al sol de la hoja de coca. La jueza Elena Kagan invocaba el encuentro del actor Richard Pryor con la cocaína pura. Alito, que disertó recitando la fórmula química de la cocaína, C17H21NO4, solicitó información acerca del número de estadounidenses que fuman coca preparada en pasta.

El juez Stephen Breyer tenía aún menos conocimiento de la cocaína cortada. «La gente la esnifa a menudo, supongo, si es una sal, y eso es malo», decía. «Y luego hay un tipo que es peor. Es la pura o crack».

A juzgar por su aspecto, los abogados, Andrew Pincus, hijo del redactor del Washington Post Walter Pincus, y la letrada del Departamento de Justicia Nicole Saharsky, tenían tan poca experiencia con la sustancia como los que les hacían preguntas. Pero compartieron lo que sabían de las chinas y el polvo nevado.

Breyer dijo a Saharsky que era «muy interesante» que se refiriera al preparado en pasta como «una sustancia amarillenta salida de triturar directamente las hojas, algo así».

«La pasta no tiene que ser amarillenta, igual que el crack no tiene porqué ser blanquecino u oscuro», explicó Saharsky. «Hay pruebas de que hace unos años había gente en Ohio que teñía de verde el crack por el Día de San Patricio». Los jueces se sonrieron ante esta inteligente técnica de marketing. Saharsky explicó además que la droga ha sido descrita como «una sustancia marrón, blanda, esponjosa y húmeda» y «una sustancia húmeda y pegajosa de color crema».

«Lo que acabas teniendo», preguntaba Alito, «es un sólido amarillento llamado pasta de coca, ¿no?».

«También se puede secar y fumar», agregó Saharsky. «Se ha secado en Latinoamérica, de forma que no siempre va a ser húmeda».

Los síntomas de un chute de cocaína incluyen verborrea, hiperactividad y una sensación de superioridad, seguidos con frecuencia de letargia durante el bajón. Por casualidad, eran los mismos rasgos que se manifestaban en la sala de justicia. ¿Locuacidad? Sotomayor. ¿Hiperactividad? Breyer. ¿Letargia? Clarence Thomas. ¿Sensación de superioridad? Antonin Scalia.

«Nos está llevando a una definición que no es ni la definición de crack ni la definición química de la cocaína», resopló Scalia. «No es ni carne ni pescado».

Pincus daba una respuesta culinaria, diciendo «la cuestión que debatimos es si el consumo de levadura es esencial o no».

«Es esencial para el crack», informó Scalia al letrado. Pero hasta el sabelotodo Scalia se confundió al esnifar el debate de la droga.

«Vamos a suponer que el gobierno tiene razón», dijo Pincus. «O que tiene usted razón. Y que es, no, supongamos que el gobierno tiene razón, y es, no, usted dice que es la base. Y supongamos que tiene razón».

Saharsky impartió doctrina ante sus alumnos lentos. «Los isómeros ópticos son imágenes especulares, como la mano derecha y la mano izquierda, de la misma molécula», les informó, y «los isómeros geométricos… se sustentan en modificaciones espaciales en las que una parte concreta de la molécula es modificada axial o ecuatorialmente».

«Todo eso es muy exótico», observaba la jueza Ruth Ginsburg.

Así que los jueces trataron de simplificar. «La cocaína básica significa que se trata del mismo principio que la cocaína, porque la cocaína es una base», pensaba Kagan en voz alta. «Es como referirse a una manzana diciendo ‘fruta manzana’ o referirse a un caniche como ‘perro caniche'».

Breyer afirmaba más tarde que «no voy a repetir la misma broma estúpida, caniches y frutas». Kagan no se rió.

Como metáfora alternativa, Breyer dijo que la ley de drogas le suena a acertijo: «¿Quién es el hijo de tu padre que no es tu hermano?»

Es evidente que el Supremo debe tomarse un respiro para empolvarse la nariz.

Dana Milbank

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