martes, diciembre 6, 2022

Malos augurios

La contundencia del triunfo de CiU es directamente proporcional al batacazo de los socialistas catalanes. Nunca pensaron que se iban a quedar en 28 escaños, de la misma manera que el PP nunca creyó que alcanzaría los 18 obtenidos. Pero las urnas han hablado y han decidido que Cataluña sea gobernada por CiU, sin especiales ataduras. El tripartito ha sido literalmente arrasado.

Han sido elecciones autonómicas y en esa clave hay que interpretarlas, pero como nada de lo que ocurre en un lugar de España es irrelevante para el conjunto, es bien legítimo ampliar el foco y dar a los resultados una lectura nacional. Con todas las precauciones propias del caso, pero resulta bastante indiscutible que los resultados del domingo no son indiferentes para los dos grandes partidos nacionales.

En el PSOE se impone una reflexión muy seria. Es verdad que el PSC se ha bastado el sólo para obtener los resultados que ha obtenido, pero el PSOE, y de manera especial Rodríguez Zapatero, no ha sido ajeno a este batacazo. El recreamiento permanente en el Estatut, el silencio ante determinadas políticas propuestas por ERC pero asumidas por el PSC, han sido circunstancias que, a la vista de los resultados, han perjudicado seriamente a los socialistas que a lo largo de estos últimos años han llegado a dudar de quienes eran. Una cosa es ser catalanista —en Cataluña todos los partidos lo son— y otra bien distinta confundirse con el paisaje del soberanismo.

El PSOE tiene que reflexionar sobre lo ocurrido y sobre lo que está por venir. Entre los barones territoriales, comienza a cundir algo parecido al pánico, porque también en esto existe el riesgo del contagio. Lo ocurrido en Cataluña sólo sugiere malos augurios para los socialistas, que de aquí a las municipales tendrán que corregir seriamente el rumbo, el mensaje y la actitud ante una opinión pública que, al menos en las encuestas, les está censurando muy seriamente. Si algo hay seguro, y CiU lo tiene bien testado, es que en generales no obtienen “ni de lejos” los 25 diputados de los últimos comicios generales.

El Partido Popular, por el contrario, tiene motivos más que suficientes para sentirse satisfecho. Siempre pensó que tanto la abstención como el voto útil a favor de CiU eran para ellos una seria amenaza que han sabido conjurar. CiU ha ganado estrepitosamente, pero este triunfo no ha impedido que Alicia Sánchez -Camacho haya colocado al PP catalán en el rankin más alto de toda la democracia. Se arriesgó, después de recurrir el Estatut, a hablar de una Cataluña constitucional en medio de un clima claramente soberanista y la apuesta le ha salido bien.

Ahora, el Partido Popular tiene que poner toda su inteligencia al servicio de una oposición que no sólo vaya dirigida a desgastar a su adversario, sino a reafirmar su proyecto. En Cataluña, el PP ha logrado ser visto como un partido más y no como una rara avis para la que no había lugar. Los intentos de dejarle en la cuneta de la democracia, no han dado resultado  y todo apunta a que los intentos socialistas de colocarle como el partido que sólo pretende que España no salga de la crisis para llegar a La Moncloa, no van a tener la eficacia deseada.

Hace falta un poco más de tiempo para el análisis completo de los resultados. De momento habrá que estar a la espera de la primera decisión de Artur Mas, que no es otra que elegir el partido que, con su abstención, le permita ser presidente de la Generalitat. Mas y Rajoy hablaron la misma noche electoral.

Charo Zarzalejos

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