viernes, diciembre 2, 2022

El peor día del presidente

El peor día en la historia del presidente Zapatero fue ayer, 13 de mayo, cuando se encontró con estas portadas. “ZP sacrifica su política social” (El País); “Tijeretazo” (Cinco Días y El Periódico); “ZP mete tijera al gasto social” (Público); “Al final de la escapada” (El Mundo); “Dramático recorte social” (Abc); “El gran recorte” (Expansión); “ZP rectifica” (La Vanguardia); “ZP impone el mayor recorte social de la historia” (La Razón), “Ajuste sin precedentes” (El Correo); “La crisis desborda a ZP y le obliga a un ajuste histórico” (El Heraldo).

Por fin ha logrado poner de acuerdo a todo el mundo, y a toda la prensa. ¿Contra él? No. Sobre él.

Los comentarios en la prensa consistían en decir que el presidente del Gobierno se ha enfrentado a la verdad. Pero que lo ha hecho tarde. Y por eso las medidas son de urgencia dramática. Es como cuando una familia atraviesa una crisis, y en lugar de que los padres digan “hijos, hay que recortar gastos”, los padres ni se reúnen, ni hablan de crisis, sino que todo sigue igual. Claro, tarde o temprano tendrán que hacer esa reunión y ordenar recortes en agua, luz, teléfono, gasolina, ocio, etcétera. “Es duro, pero hay que hacerlo, chicos”.

Por eso, todos los editoriales coincidieron en algo: el presidente no tomó decisiones a tiempo y ahora hay que pagarlo con recortes drásticos.

Lo chocante es que millones de familias españolas lo vienen haciendo desde hace años. Millones de familias han ajustado sus presupuestos, y han acometido profundos recortes. ¿Por qué el presidente no lo hizo de forma contundente hasta el pasado 12 de mayo del 2010? ¿Por qué no lo hizo a pesar de que nuestros vecinos franceses, alemanes, irlandeses lo hicieron ya en el 2008? ¿Por qué el presidente se dio cuenta tan tarde de que había una crisis del tamaño de un templo babilónico? ¿Qué parte de la palabra “crisis” no entendió?

La respuesta formará parte de “Grandes incógnitas de la humanidad” junto a enigmas como la ubicación de la tumba de Alejandro Magno, la situación del Arca de Noé o los glifos mayas. Nadie sabrá nunca por qué la persona que recibe más y mejor información de este país no se apretó el cinturón hasta esta semana.

Una de las hipótesis que circula es que la presión de los mercados internacionales le hizo regresar a la realidad. Hagamos memoria: en febrero, las amenazas de que se iba a devaluar la calificación de la deuda, el contagio de la crisis griega y los malos datos de la economía española hicieron caer la Bolsa española de forma contundente. Entonces, parece que el presidente empezó a hacer caso al diagnóstico según el cual había que cortar gastos. El 6 de mayo, la caída de la Bolsa fue dramática. Standard & Poor’s empeoraba la calificación de la deuda. El INE anunciaba 4,6 millones de parados.

¿Tienen que ser estas campanadas las que avisen de que hay una tormenta llamada crisis? Bastaba con mirar las estadísticas de los últimos dos años para saber que no era una pequeña crisis, ni mediana crisis, sino la mayor crisis financiera de los últimos 80 años.

Una vez alguien me contó que el economista Ramón Tamames mantuvo una reunión en la Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero. El sabio economista le explicó al presidente la magnitud de la crisis económica, el exceso de gastos, la caída de ingresos, el impacto de los impuestos y el futuro. Por supuesto, le explicó los recortes que había que hacer para afrontar la crisis. Y el presidente replicó con su afectuosa sonrisa: “Ramón, los economistas no tenéis ni idea”.

Ahora empiezo a creer que aquel encuentro no fue una leyenda.

Carlos Salas

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