sábado, noviembre 26, 2022

Liberación y seguridad

La liberación de la cooperante Alicia Gámez es una muy buena noticia después de cien días de angustia e incertidumbre. El Gobierno, que espera la liberación rápida de sus dos compañeros, quiere mostrarse cauto, y es lógico, porque se está tratando con terroristas islamistas y no puede cometerse un error que frustre las negociaciones. Al mismo tiempo que la vicepresidenta niega el pago de rescate alguno, el portavoz parlamentario de Asuntos Exteriores del PP, a mi juicio inoportunamente, asegura que no es el momento de hablar de ello aunque… ya se verá más adelante. En este tipo de asuntos parece más prudente solicitar informaciones confidenciales y plantear en otros foros alternativas para luchar con esa plaga de los secuestros. No tiene coherencia insistir en los rescates y, al mismo tiempo, como ha hecho el principal partido de la oposición, «animar» al Gobierno a que consiga la libertad de los dos cooperantes que aún están secuestrados.

El verdadero pagano es en este caso, y en otros, Mauritania. De un lado, la actividad de los terroristas de Al Qaeda del Magreb desestabiliza el país y daña seriamente sus principales fuentes de riqueza. De otro, sufre la presión de los países occidentales cuyos nacionales han sido secuestrados (hace bien poco Francia, ahora España) para que atienda, mientras escuchan las reiteradas declaraciones sobre la intransigencia ante el terror, el chantaje mediante intermediarios con la liberación de algunos criminales islamistas encarcelados. Los países del llamado Sahel son una zona especialmente sensible para los países europeos, tanto por el terrorismo como por ser punto de salida de inmigrantes ilegales. Europa debería tomárselo en serio y colaborar con los gobiernos amigos en ambas materias. No basta con lamentarse cuando las desgracias ocurren o con quejarse hipócritamente de cómo Estados Unidos, sin excesivo esfuerzo, quiere hacerse con la influencia en la zona. Al menos prestan ayuda militar a la seguridad de aquellos países mientras nosotros los dejamos de lado y les pedimos luego que liberen terroristas a cambio de los europeos secuestrados.

Que hay que liberarlos es una obligación. Que la prudencia se impone en estas cuestiones es otra. Pero también lo es, ya que nos hemos convencido -aunque tarde- de que nuestros intereses se defienden a veces lejos de nuestras fronteras, el compromiso español y europeo con la seguridad de la zona.

Germán Yanke

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