martes, abril 23, 2024
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Lacras educativas

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Cada vez que salen a la luz nuevos resultados de las capacidades de nuestros estudiantes, vuelven a sonar las alarmas por su bajo nivel. Sin embargo, esta presunta alarma social nunca consigue que alguien intente arreglar las cosas. Sirva este artículo para resaltar dos problemas del sistema educativo español:

1. En selectividad los chavales tienen que hacer cinco exámenes en tres días. Como se les considera débiles víctimas antes que fuertes candidatos a la universidad, se han tomado medidas para que el estrés y el esfuerzo sean mínimos. No vayan a herniarse, supongo. En selectividad hay cuatro asignaturas obligatorias para todos los alumnos: Lengua castellana y Literatura, Inglés, Filosofía e Historia. Todos tienen que hacer los dos primeros exámenes -por qué la Literatura va con la Lengua es algo tan circunstancial que no tiene explicación académica ni pedagógica- pero pueden elegir si hacer Historia o Filosofía con lo que, en la práctica, una de las dos deja de ser obligatoria.

Es decir, que un chaval puede llegar a la Universidad sin un mínimo dominio matemático y sin conocer nada de Historia o Filosofía. Se supone que en la ESO y Bachillerato las habrá estudiado, pero las Juntas de Evaluación perdonan más que controlan. Del analfabetismo del conocimiento matemático -exigido por la UNESCO- ya he hablado en anteriores ocasiones. Me preocupa ahora esa «elección» entre Historia y Filosofía.

La Historia en el colegio se da a trompicones. Los planes de estudio se han vuelto tan esquemáticos y fragmentarios que resulta imposible dar continuidad y carácter sintético a esta disciplina. Pero, por lo menos, algo se estudia. La Filosofía comienza a estudiarse en 1º de Bachillerato y, cada vez con menos horas, tiene escasa -¿ninguna?- importancia en la formación final del estudiante.

En 2º, el antiguo COU, sólo entran cinco autores en selectividad: Platón, Santo Tomás, Descartes, Kant y Ortega. Y el esquema del examen es tan rígido que cualquier profesor puede prepararlo sin que el chaval aprenda el pensamiento humano en su conjunto. Por ejemplo, con leer fragmentos del Menón de Platón y conocer por encima el contexto histórico y las influencias platónicas, el chaval ya está preparado para sacar buena nota. Y sólo si decide hacer el examen de Filosofía en lugar del de Historia.

La tendencia «criminal» a ningunear las Humanidades en la vida escolar del alumno conlleva necesariamente una laguna ingente en su formación. Por mucho que se den Educación para la Ciudadanía en 2º de la ESO y Ética en 4º -las dos son meras «marías»-, el bachiller carece de una educación humanística que le permita razonar y entender las opiniones ajenas. En este sentido, nuestro sistema crea minusválidos sociales y morales, problema cuyos primer síntoma es la proliferación de violentos grupos extremistas como los que han producido disturbios en Madrid y Barcelona.

2. Está claro que actualmente, cuando más estudiantes existen, se escribe y lee peor que nunca. Este dato lo corroboran todas las pruebas realizadas y el escaso nivel oral y escrito de cualquier licenciado universitario. En el estudio de Lengua predominan las teorías estructuralistas, generativistas, textualistas o «istas» de cualquier especie que convierten el idioma en una especie de galimatías que se fragmenta y aleja de la realidad lingüística. El ser humano, por naturaleza, piensa, siente, razona y se relaciona a través de la lengua. Y se le enseña una ciencia que poco o nada tiene que ver con lo que utiliza en el día a día.

En los últimos tiempos las circunstancias me han obligado a empaparme de Saussure, Jakobson, Chomsky, Hjelmslev y otros gramáticos del siglo XX. Todos ellos han trabajado duro para convertir la Lengua y su Gramática en otra ciencia empírica, en una disciplina equiparable a las ciencias puras. Quieren creer que en el lenguaje hay las mismas verdades que en la Física cuando cada hablante convierte su propio idioma en algo único. No hay dos personas que hablen igual.

Tengo serias dudas sobre si estos modos de estudiar la Lengua son los más indicados. Pero, al mísero y ágrafo presente me remito, desde luego no son los medios para enseñar un idioma. El estudiante tiene que aprender a leer, escribir y, sobre todo, pensar en su lengua, y para ello no hay nada más abstruso que conceptos como sintagma, hipónimo o plerema. La lengua es un ente vivo que aprendemos de forma inconsciente y cuyo dominio está en la práctica, no en la fría, abstracta y «generalista» teoría. ¿Por qué si no escriben y se expresan tan mal los jóvenes de hoy en día?

Estas son dos lacras significativas del sistema educativo. Dos más entre muchas otras. Lo que no vale es sorprenderse e indignarse cuando conocemos el resultado de unas nuevas pruebas o confirmamos la violenta y salvaje conducta de muchos chavales. Lo alucinante sería que las consecuencias de la mala educación fuesen otras. [email protected]

Daniel Martín

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