martes, julio 23, 2024
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Luis Miguel Domínguez: “España tiene un problema de soberanía alimentaria muy serio”

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El naturalista y documentalista defiende que la falta de respeto que tiene la política española a la verosimilitud es lo que provoca que viva en un mundo aparte en cuestiones medioambientales

  • Me embarqué en un barco mercante, en el Gracia del Mar y viajé a Tanzania. Sin un duro”
  • “El camino única y exclusivamente es el de las emociones. Hay que dejarse de tanta vaina tecnocientífica, de tanto neologismo y acudir al corazón, a las emociones” según afirma
  • Luis Miguel manifiesta que no por estar más informados estamos más sensibilizados con el medioambiente

En la entrevista se abordó su trayectoria profesional como naturalista, periodista y productor de documentales sobre fauna y flora a nivel mundial, temas como el papel que ocupa la naturaleza en la actualidad, otros relacionados con sus comienzos en esta materia, sobre trabajos y experiencias en países como Vietnam o Tanzania que le “hicieron hombre”, su dramático paso por la empresa de recogida de animales exóticos Exotarium. Además, la ecología, la defensa del lobo, la política y “soberanía alimentaria” española, la sobreinformación, el “camino del amor” y “el sentido del ridículo” estuvieron presentes en la conversación.

Luis Miguel Domínguez Mencía nació el 16 de febrero de 1963 en el barrio madrileño de Vallecas en “una casita modesta”. Considerado naturalista, periodista y director de documentales sobre la naturaleza, recuerda su primer trabajo en una pared de ladrillos desquebrajada – a la que concebía en su niñez como si fueran cárcavas – que había en frente de su casa y en donde vivían gorriones. Su tarea consistió en observarlos y hacer estudios sobre ellos. Su desempeño como periodista se extiende desde sus comienzos en Onda Verde, una “radio pirata” producida desde una mesa de cocina, a la producción de series y documentales en cadenas como TVE y Cuatro, además de publicar más de cinco libros.

Entre 2010 y 2012 dirige la empresa Exotarium. En 2009 se convierte en administrador único de una empresa dedicada a todo tipo de actividades culturales y medioambientales, Avatar Wildlife Docs – que un año después pasaría a llamarse Tembo Films – y en 2015 constituye el Gabinete de Historia Natural, actualmente activo. Entre los trabajos más destacados encontramos series de televisión como Fauna callejera, Vietnam, vida tras la muerte, Amazonia, última llamada, Tesoros del Sur, documentales como Korubos. Morir matando y programas de radio como Al cabo de la calle y El ciempiés.

Asegura que por pura vocación quiso ser lo que hoy es. Todo se lo debe a la naturaleza y por tanto todo lo que hace tiene que ver con ella. Se define como una persona reivindicativa, al menos desde que observó que eso que tanto le gustaba estaba en peligro y había que establecer un compromiso de conservación en torno a ello. Declarado sufridor por ese vínculo personal que mantiene, admite que no podría dedicarse a otra profesión que no fuera esta. Ha recibido premios como el Nacional de artes y tradiciones populares en 1987, a la mejor serie científica de televisión en 1994, de la Federación de Amigos de la Tierra y Ondas Mediterráneas en 2009, entre otros.

Diez y media de la mañana del lunes y el entrevistado me recibe con su atención y amabilidad habitual, que ya conocía por asistir a varios eventos celebrados en el Gabinete – situado en el primer piso del número 9 de la calle Victoria –. Vestido con una camiseta grisácea escondida tras una camisa de lana a cuadros marrón y azul marino, Luis Miguel me acompaña a su despacho. La decoración del cuarto – a la que prefiere no denominar “adornos” al tratarse de colecciones etnográficas, según escribe en la web: “fruto de mis expediciones y viajes a lo largo del mundo y de nuestro precioso país– combina con la cantidad de libros que sostiene su escritorio. Una especie de manto de tela con bordados de un elefante negro y colores cálidos, junto a una posible palma de bambú serán los que lo acompañen visualmente en la entrevista.

¿Por qué ese compromiso tan firme y honesto con la naturaleza? Ya en 1978 dibujabas y escribías sobre especies y sus características, ¿lo recuerdas?

Sí, lo recuerdo sobre todo por una cosa, que es una especie de maldición pero que a la vez es una bendición, la vocación. Yo desde chaval quise ser exactamente lo que soy. Eso está muy bien porque indica una cierta coherencia vital. Y yo la tengo. Se lo que quiero y voy a por ello. Lo nombro también como una maldición porque si realmente no lo consigues, sufres. Sufres mucho más que la media de ciudadanos. Donde alguien dice si te va mal en esto, métete en otra cosa. Pero tú no puedes. Tú solo tienes que hacer esto. Entonces por eso mi dedicación, porque hay un vínculo personal con la naturaleza, en mi caso porque le debo todo lo que soy. Precisamente por esa entrega vocacional, todo lo que soy se lo debo a la naturaleza y por tanto todo lo que hago tiene que ver con eso

¿Cuál fue tu primer trabajo como naturalista?  

Quizás mi primer trabajo como naturalista fue en Vallecas, en el puente de Vallecas, donde yo vivía, en mi casita muy modesta. En frente de mi casa había una pared de ladrillo muy grande, desquebrajada, con algunos agujeritos, y ahí se metían los gorriones. Vivian ahí. Mis primeros estudios observaciones y trabajos fue donde los gorriones de esa pared de ladrillo que en mi niñez consideraba que eran cárcavas, cortados de roca. No sé, ese quizás fue mi primer avance en esta materia.

¿Y cómo periodista?

Pues mira, como periodista digamos que lo primero que yo hago es radio fundamentalmente, y mi primer trabajo en radio se desarrolla en una radio pirata que se llamaba Onda Verde, donde la policía nos esperaba abajo en la puerta para darnos con la porra cada vez que hacíamos esa radio. Era una emisora ilegal, y ahí empecé mi andadura como comunicador. En una mesa de cocina y en unas instalaciones totalmente amateurs pero que tenían alma y corazón.

¿Sobre todo información de protesta acerca del medioambiente?

Sí, siempre. Ha ido vinculado en mí. Fíjate, dicen: “Luis Miguel Domínguez el gran divulgador…” Bueno vale, yo divulgo historias bonitas de la naturaleza, observo, escribo. Pero siempre ha ido unido en mí el hecho reivindicativo porque siempre mi olfato me ha dicho que eso que tanto me gustaba y tanto me emocionaba estaba en peligro. Y tenía que haber un compromiso de conservación en torno a ello, o sea que no sirve solo quedarse en la superficie, sino a fondo.

¿Consideras que el comunicador tiene un arma efectiva con la que denunciar los problemas a los que se enfrenta el medio ambiente? ¿Está presente el periodismo en estos asuntos?

Fíjate, considero que la herramienta de la comunicación es vital para los cambios sociales. Te cuesta años convertirte en un líder de opinión, como me llaman ahora, un ‘green…ay, como es la palabra…influencer, un ‘green influencer’. Te cuesta años llegar a eso. Vale, pero lo que es cierto es que sea como sea en el ámbito que sea, aunque se dirija para una única persona, la comunicación es fundamental. Para eso hay que tener unas herramientas internas como facilidad de palabra. Bueno, que te guste. Hay gente que es muy tímida, sabe mucho de algo, pero lo es tanto que es incapaz de transmitirlo. Yo detecté en mí esa cualidad, y todo mi trabajo ha ido dirigido en torno la naturaleza a eso. No tanto a investigarla, a hacer un trabajo concienzudo de investigación, sino simplemente a comunicar.

¿Lo hace hoy de manera adecuada el periodismo?… No, no lo hace. Tenemos una gran asignatura pendiente, un eslabón perdido entre unos pocos que saben mucho de algo y otros muchos que no saben nada, eso se llama la comunicación ambiental o científica. Considero que no se desarrolla de manera adecuada en este país. Que yo sepa no hay una cátedra, nada en la universidad que tenga que ver con divulgación científica. Hay trabajo, hay gente estupenda pero indudablemente no se hace bien. Y, por otra parte, la prensa hoy está estrechamente vinculada a los intereses políticos. Yo no conocí eso. Yo vengo de la escuela de la crítica ante las cosas… ¡ahí va si son de los míos! sigo criticando. Eso hoy no pasa. Y claro, es muy difícil afrontar cualquier tipo de comunicación, aunque sea divulgativa, aunque tenga que ver con el medioambiente, con la naturaleza, y quizás por eso todavía más por ser de esas características hacerla en frio y de manera adecuada es muy difícil. Hoy en día no hay medios que se arriesguen a contar la verdad de ciertas cosas. Y siempre es parcial.

De tus trabajos y documentales en RTVE, me llamó la atención algunos como el de Vietnam, vida tras la muerte en el que el desplazamiento fue enorme. ¿Por qué a Vietnam?

Mira yo tenía ansias de desarrollar mi trabajo en algún país diferente al mío. como puro naturalista, como puro aventurero, como puro soñador… y Vietnam surgió estando yo en Videomedia. Era el director del área de documentales de Videomedia y llego a mis oídos a través de un científico español que había una persona, un ruso en Vietnam, en busca del ‘Qom alpino’. El cuon andino‘qom alpino’ es un cánido, no es un lobo pero se parece, y él trabajaba con este animal en Vietnam. De ahí tirando del hilo surgió otra cosa mucho más interesante, que era la presencia del ‘Yeti’ en Vietnam. Y me fui en busca del Yeti. Monté una expedición e hice esa serie que considero única, de un valor increíble. Me joroba tenerlo que decir porque la he hecho yo, pero no se ha hecho jamás nada igual sobre ese país, por cierto, tan conocido por la guerra y otras cuestiones. Por tanto, de verdad te lo digo, ese es un trabajo maravilloso, hecho por españoles. Por un equipo español. Si fuéramos franceses, ingleses o norteamericanos estaríamos en un pedestal. En España no se hacía nada de ese tipo y menos en Vietnam. Fue un trabajo muy duro. Yo me hice hombre allí y no en la puta mili. Me hice hombrecito allí. Y me siento muy orgulloso de ese trabajo que como resultado dio una serie sobre la historia natural de Vietnam que nunca se había hecho hasta ahora. Nunca se había grabado en ese país del sudeste asiático.

Respecto a tu viaje a Amazonia, conviviste con indios Korubo del territorio, ¿qué sentiste cuando llovía y te encontrabas con Armando y Xixú en la embarcación?

Pues yo lloré. Se mezclaban las lágrimas mías con las del cielo. En Amazonia llueve, llueve mucho, y bueno…no es difícil llorar si eres una persona sensible, llorar de emoción. Date cuenta que yo tuve la fortuna después de muchos años de entrar en contacto con el departamento de indios isolados de Brasil. Esas etnias que no han entrado en contacto con el ser humano. Y tuve la fortuna de visitar varias de ellas y hacer trabajos muy bonitos y muy intensos sobre ellas. Me emocioné mucho. Al ver al hombre en estado puro. Al ver al ser humano en una situación de…iba a decir de ingenuidad ¿no? Ingenuidad no, ellos hacen su vida igual que nosotros y tal, pero sí…esa sensación de que todo está tocado, todo está alterado, todo está contaminado, especialmente el alma humana, y el contraste. Encontrarte a esos pueblos realmente es apasionante. Y fue un viaje enormemente interesante el de los korubos del rio ya maní. Previamente yo ya había tenido otras experiencias con indios amazónicos y…esta pulsera de los guamirí altruari de Amazonas me acompañará mientras viva, eh. La llevo desde el 1999 y cuando se me rompen – las cuerdas de cuero –  procuro tener más y me las voy poniendo. Estoy muy vinculado a esa cuestión que me parece prioritaria en un tiempo, insisto, en que parece que todo se acabó, cualquier esperanza ya se acabó, las fórmulas y mecánicas que nos sirvieron ya no nos sirven, la gente joven como tú tiene la sensación de estar desamparados ante este cristo…De repente saber que hay cientos de miles e incluso millones de personas sin contactar, me parece que es una de las grandes epopeyas a la que podemos asistir. Preciosa.

A parte de esas dos experiencias tan grandes, ¿recordarías otra que destacar, o algún país de los que has visitado que te haya llamado la atención?

Me llamo mucho la atención y la llevo en el corazón, a un país llamado Tanzania. Tan-sa-nía. Porque fue el primer al que yo viajé siendo muy joven. Salí del puente de Vallecas, me embarqué en un barco mercante, en el Gracia del Mar y viajé a Tanzania. Sin un duro. Y viví con los masáis una experiencia inolvidable. Por tanto, con 23 añitos estaba ya en el centro de mi propia aventura vital. Y Tanzania no se me ha borrado del corazón y la voy a llevar siempre conmigo. Yo conozco una Tanzania sin parques nacionales, sin ‘jeeps’ al lado de los leones. Yo conocí una Tanzania de verdad, y la llevo en mi corazón. Allí desarrollé un montón de herramientas, de habilidades sociales que me han acompañado hasta este miso momento de mi vida. Y mi convivencia con el pueblo masái fue un regalo para mi vida. Para mi vida aventurera, sin duda.

Respecto a Exotarium. ¿Cómo recuerdas tu paso por la empresa? Una empresa en la que recogéis animales exóticos en Madrid, que han sido abandonados. ¿Qué te aportó esa época de tu vida?

La experiencia de Exotarium es una experiencia agridulce. De esas heridas que uno tiene que guardarse para sí y no exhibirlas ni tan si quiera. De hecho, Exotarium funciono muy bien, además era necesario para una ciudad como la de Madrid donde cada vez más la gente compra más mascotas que dejan de ser perros y gatos y se convierten en animales exóticos, y luego son abandonadas como de hecho pasa, porque la gente se aburre de las cosas. Se iba a provocar un problema. El problema son las especies invasoras. Y para eso había que crear con certeza un centro en esa dimensión y en esa dirección. Y eso hice. Invertí mucho dinero, el que tenía y el que no tenía. Y luego la administración madrileña nos dejó tirado a medio camino. No nos pagaron lo que nos debían y yo me tuve que comer un marrón de dimensiones estratosféricas teniendo que asumir una serie de responsabilidades fiscales y demás relacionadas con este quebranto que no olvidaré. Aun así, la experiencia fue positiva totalmente. En el momento que cerré Exotarium, obligado por la desidia de la Comunidad de Madrid y los amigos de Esperanza Aguirre, Exotarium tiene en aquel momento 50 animales que coloqué uno a uno en los centros zoológicos de este país. Ningún animal quedó aislado ni perdido, pero indudablemente fue un drama. Un drama por ver que un proyecto necesario era roto en mitad del camino. De hecho, hoy en día, cuando en la Comunidad de Madrid se encuentran una pitón o una iguana o un mapache, lo que hace es eutanasiar, matar directamente, si no es mirar a otro lado y pasarle el mochuelo a algún centro privado como GREFA y demás. O sea, un drama.

¿Cómo es la concienciación de España hacia la ecología respecto a la de otros países?

La política española vive en un mundo aparte, en un mundo paralelo donde lo importante es saber si alguien ha hecho una tesis doctoral o es falsa, o a ver si esta silla está más calentita que esta otra, en definitiva, una vergüenza. Digo esto porque con claridad producir en ecológico hoy no es una cuestión snoff, es una cuestión de primera necesidad. Es fundamental. Aquí, lejos de premiar se prima, se castiga esa producción, y se hace que el producto sea infinitamente más caro, no se le apoya institucionalmente de ninguna manera, las personas compran lo mismo una mandarina que viene de China que una que viene de al lado de tu casa y que por tanto la huella ecológica es menor. No hay ningún apoyo, entonces considero que se están haciendo mal las cosas. España va a a la deriva en muchas cuestiones, pero en la ambiental y vinculado con la producción de alimentos… ¡España tiene un problema de soberanía alimentaria muy seria! Si la gente supiera que este país, que ha sido, bueno, el gran sembrador de gramíneas cerealistas ¿no?, de trigo, de cebada, de centeno. Si supiera la gente que hoy dependemos de Francia para nuestro trigo. Que importamos trigo de Francia, yo creo que la gente se quedaría alucinada.

¿Ha habido una involución?

Totalmente. Tenemos un problema de decadencia como país que tiene que ver con la soberanía energética, con la alimentaria…Clarísimamente estamos en manos de otros y eso demuestra que las cosas no se han hecho bien en estas últimas décadas. Sin duda alguna

¿Tu actividad como director y presentador de series documentales, ya sea en TV o Radio, sigue siendo envidiable, o te dedicas, principalmente, a la celebración de eventos y cursos en tu Gabinete?

Mira me dedico más al Gabinete porque de alguna manera me pone más en contacto con la gente, de manera muy directa. Eso es lo que yo buscaba cuando monté el Gabinete de Historia Natural. Hacer una oferta desde el corazón, decir: “esta es mi casa, chicos venid aquí vamos a hablar, vamos a disfrutar de las cosas que nos gustan…” Pero indudablemente, en mi corazón descansa el director de documentales siempre. Siempre seré el director de documentales. Hoy en día en España es completamente imposible, la industria musical no existe. En este país existen los proyectos, los pelotazos, las coyunturas, pero no existe establecida como tal una red industrial de producción. No solo de documentales sino me atrevo a decir que de la propia ficción. Si comparas las cifras de lo que cuesta una obra de documental producida en España y otra producida en Francia, te darás cuenta de que se duplica o triplica en el caso francés. Ese dinero con el que se hacen las cosas. Claro, luego las cosas tienen una determinada calidad. Luego las cosas van a determinados festivales internacionales, luego las cosas generan un rasgo de enriquecimiento que tiene que ver con que hay industria detrás, y aquí no lo hay. Es muy difícil hacer documentales hoy en España y solo nos vemos abocados a que estos sean patrocinados por alguna marca que quiera entender la necesidad de llevar a la gran o pequeña pantalla el mundo del documental, si no, no hay manera. Así que en ese sentido yo siempre estoy activo, pero indudablemente siento una gran frustración porque España hoy ya no es ese sitio.

¿Por qué no siguen llegando a tu canal de Aúlla por el lobo, en el que invitaste al público a aullar por el animal? Más de 120 personas subieron un vídeo en el que solos o acompañados defendieron su supervivencia.

Quizás nos hemos cansado un poco, eso está latente. Y en cuanto yo toque la corneta otra vez ese canal se va a poner en marcha. Pero la defensa del lobo nos ha llevado a un terreno más virulento y nos hemos tenido que mover ya en materias de juzgados, denuncias, etc. Estamos inmersos en ese trabajo. Indudablemente fue una buena idea, pero ya te digo que es porque estamos en otra fase, la defensa del lobo nos lleva ahora a una más bélica sin quererlo, pero es así.

¿Somos ahora menos ecologistas que antes? ¿Crees que la sociedad mira hacia otros temas ajenos a la Naturaleza e incluso realiza ciertas prácticas – algunas inconscientes – contra ella?

Creo que donde hay confianza da asco y tengo la sensación de que la materia eclógica, ecologista, de la naturaleza o medioambiental es como esa cosa con la que ya contamos. Tu padre y tu madre son tu familia y quizás por ser los más cercanos son los peor tratados. A veces pasa eso. Entonces creo que a la naturaleza le pasa eso. Todo el mundo te va a decir: No, si la naturaleza es muy importante para mí, pero en el fondo no se materializa. Y ojo, vivir no es fácil. Por tanto, mantener una vida estrictamente ecológica es muy difícil. Pero bueno ahí está tu voto, para que lo hagan por ti las administraciones. Para que obligues a cumplir las leyes que van a proteger tu medioambiente. Y en cambio nada de eso pasa. Tengo la sensación de que indudablemente estamos sobre informados. Hay información, hoy las redes sociales nos aportan una maravillosa información sobre la materia que queramos. Pero no por estar más informados estamos más sensibilizados. Entonces hay que encontrar el camino. Y el camino es el amor. El camino única y exclusivamente es el de las emociones. Hay que dejarse de tanta vaina tecnocientífica, de tanto neologismo, y acudir al corazón, a las emociones. La gente tiene que emocionarse con la naturaleza. Y ahí, si ya la consideramos en nuestro disco duro, nadie nos la va a tocar. Lo vamos a defender con uñas y dientes. Por eso me impresiona tanto en la lucha por la defensa del lobo ibérico tener que pelear tanto. Me sorprende la manía, la inquina, la mala ostia que hay con este simple animal de la naturaleza por algunos sectores. Y cómo eso se enquista, como se enrocan ahí y cómo intentan destruir la paz y la concordia. En definitiva, deberían todos acompañarnos en la vida. “Mire usted el lobo, ¡que bicho!, impresionante. ¿Que ese bicho vive ahí? ¡qué pasada! ¿no?”Ya está. Nada más. Por tanto, tenemos que tirar las mentes a las emociones.

Cómo dijiste en la presentación de tu canal Aúlla por el lobo, es necesario no tener vergüenza a la hora de reconocer que defiendes lo tuyo con pasión y sin sentido del ridículo. ¿Crees que en tu ámbito de trabajo y en otros, sigue pasando esto?

Sí, en mi ámbito pasa. El sentido del ridículo es algo que se instala como una especie de autodefensa. Y creo que lo que más se le puede dar a una persona es seguridad en sí mismo. Seguridad en ti mismo, punto. Asentar las bases que te aseguren, que te hagan ser. Y, por tanto, ridículo, ¿qué es eso? Te puedes vestir de lagarterana, puedes hacer lo que te dé la gana, puedes estar en el mejor sitio en el mejor momento y de la mejor manera que tu consideres. Por tanto, el sentido del ridículo para mí no deja de ser un elemento más de la configuración demagógica de esta sociedad, donde la hipocresía es un grado. Bueno, salvo una persona en la que sea casi patológico, que tenga una de timidez, pero si realmente tú estás seguro, plantea las cosas con fuerza y con rotundidad y olvídate del complemento circunstancial, de la circunstancia, lo importante es el núcleo y el predicado.

Y, por último, si tuvieras un minuto para dar un mensaje que se hiciera viral en televisión, radio o cualquier otro formato que eligieras, ¿Qué dirías?

Vive y deja vivir, porque eres vivo, y porque no hay otra manera de permanecer en este planeta que no sea la de no molestar. Vive y deja vivir, ese es para mí el gran lema. No hay otro.

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