sábado, julio 13, 2024
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Ifigenia en el Real

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Como ustedes saben Ifigenia, hija de Agamenón, fue arrojada al mar para calmar una tempestad siguiendo las instrucciones de los dioses. Luego su madre Clitemnestra, informada del asunto, se cargó a su marido. Pero llegó Orestes, hijo de ambos y en venganza mató a su madre.

Este tranquilo y ejemplar retrato de una familia mediterránea, es el previo a la ópera que durante Enero se representará en el Teatro Real de Madrid.

La realidad es que Ifigenia llegó a Táuride donde hizo carrera como sacerdotisa y lugar donde también desembarcó su hermano Orestes.

Aquí comienza una de las óperas más importantes en el devenir de este género ya que inicia la renovación del mismo a cargo de Christoph Willibald Gluck y que materializó en su posterior Orfeo y Eurídice. Es el tránsito del Barroco a Mozart y demás, que cambiaron el mundo lírico al liberarlo de las formas convencionales que hasta entonces se manifestaban.

Por ello la estancia de Ifigenia en Táuride llegó a ser trascendental y su permanencia en el Real aparece como muy oportuna.

Se estrena el día 13 y estará en escena hasta el 27 de Enero y recomiendo que deben escuchar y ver esta obra tan ilustrativa.

Dirige musicalmente Thomas Hengelbrock, con fama justificada de brillante y también de exigente. El agotamiento del coro en los ensayos y la brillantez de lo logrado certifican su fama de perfeccionista.

Robert Carsen es el director escénico de una producción procedente de la Lyric Opera de Chicago, Covent Garden de Londres, San Francisco Opera y próximamente en pleno Metropolitan de Nueva York. Carsen ha creado un espacio cerrado en el que transcurre el encuentro entre hermanos. No hay más. Lo anterior y posterior de esta familia pertenece a otras obras.

Este concepto puede observarse a través de las magníficas fotografías de Javier del Real que nos cede gentilmente el propio Teatro Real.

En el reparto destaca la humilde presencia de un señor que en este mes cumple 70 años y que se llama Plácido Domingo: es un Orestes de lujo. En esta ocasión prefiere ceder el protagonismo tanto a Paul Graves como Pylade y en especial a una magnífica Susan Graham como Ifigenia. Toda una lección humana y artística.

Gerard Mortier sigue sentando cátedra. Si pueden, no se lo pierdan.

Concha Carbajo para Estrella Digital

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