viernes, junio 14, 2024
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Historias de mi vida liberal: criptonacionalismo mallorquín  

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Bernardo Rabassa
Bernardo Rabassa
Librepensador. Maestro Nacional. Licenciado y Doctor en Filosofía y Letras y Diplomado en Psicología Industrial por la Universidad Complutense de Madrid.

¿Estoy yo orgulloso de ser mallorquín? Lo dudo, aunque tengo toda mi familia mallorquina desde 1450. Todos mis antepasados cuidadosamente relacionados con sus esposas por mi padre Gabriel Rabassa Oliver Medalla de oro de la Comunidad Balear,

 Comienza la historia, desde la conquista del Rey de Aragón Jaime I, hijo de la Señora de Montpellier y de Pedro II muerto en la batalla de Muret,  contra Simón de Monfort, cruzado por el Papa y por San Luis de Francia contra los albigenses o cátaros, que habitaban el Rossellón y la Cerdanya y que se basaban, en la pobreza y los clérigos se llamaban “les bonnes hommes , les bonnes femmes. La situación amenazaba  la hegemonía de la Iglesia romana, y su amor por el lujo y la pompa y la venta de bulas y simonías, por lo que les declararon herejes y este fue el comienzo del imperialismo lingüístico de Oil (actual francés), frente a la lengua de Oc que hablaban entonces y que se perdió del todo, a partir  del Tratado de los Pirineos de 1659 con Francia, lo que  consolida la pérdida del Rosellón y la Cerdanya  después de la Guerra de los  Treinta años (1618-1648) por su imperialismo lingüístico, naturalmente en francés.  

El 7 de noviembre es una fecha con una significación especial para Catalunya y Baleares. Sobre todo, para los catalanes del departamento francés de los Pirineos Orientales, que la reviven reivindicando la catalanidad del territorio en el que Puigdemont esta desarrollando su campaña por las próximas elecciones generales Europeas y en que ha quedado segundo en las recientes autonómicas catalanas. 

  El 7 de noviembre de 1659 las monarquías hispánica y francesa firmaban un acuerdo de paz –el Tratado de los Pirineos– que mutilaba Catalunya: le amputaba los territorios del antiguo condado del Rosselló y buena parte del de la Cerdanya. La cuna histórica de la nación catalana. Este año esta reivindicación tiene una razón añadida. La reciente modificación del mapa regional francés en 2016 –que comporta la desaparición de la denominación Roussillon– ha despertado la conciencia de los indiferentes y los ha unido a los sectores tradicionalmente más reivindicativos. Oui au Pays Catalan (Sí al País Català) es la nueva divisa del catalanismo del norte. La catalanidad que se resiste a quedar diluida dentro de la nueva macrorregión administrativa que París –graciosamente y arbitrariamente– ha llamado Occitania.

¿Por qué la guerra? Para entender las razones de aquella paz –la de 1659– hace falta retroceder unos cuantos años más y situarse en las causas de la guerra. Corría el año 1618 (40 años antes) y los problemas financieros de la monarquía hispánica –causados en buena parte por la corrupción– aventuraban un cambio de ciclo. El fin de la supremacía de los Habsburgo hispánicos. La postración del dominio español en Europa. En París, en Londres y en Estocolmo lo observaban todo con atención. Y la guerra que estalló –la de los Treinta Años– no tenía otro propósito que dirimir un nuevo liderazgo en Europa. Franceses, ingleses y suecos se aliaron para hacer leña de árbol caído. Más adelante se enredarían en mil conflictos. Pero eso son otras historias. La guerra de los Treinta Años significó el fin del liderazgo español. También sería el inicio de la decadencia española. Las derrotas no vienen nunca solas. Y con la de Sucesión –50 años más tarde– se certificaría el descenso español a la segunda división de las potencias continentales.

La Conquista de la Isla de Mallorca, como todos conocen. fue lograda  por el rey Jaime I de  Aragón  entre 1229 y 1231. Madîna Mayûrqa (actual Palma  de  Mallorca)  cayó en diciembre del primer año y como resistió, todos los supervivientes fueron asesinados. La resistencia en las montañas duró tres años más. En 1232 se producen el Repartiments y se asientan en los distintos pueblos de la Isla, los colectivos que vinieron con el Rey Jaime, hablaban, según de donde provinieran, lo que hasta recientemente ha garantizado la diversidad e incluso la independencia ,pues fuimos Reino de Mallorca. Todavía, he oído hablar en Pollensa con el articulo neutro y me era muy fácil saber, si era mi interlocutor, felanitxer, d´Arta, o inquero o “panet” ,  todos salabamos, y esto para mí es de una riqueza singular, pues significa diversidad, nos hace distintos y contrariamente a las doctrinas políticas oficiales nos enriquece, en una isla, donde progresivamente domina el alemán. Desde el S.XIII mi familia vivió en Mallorca primero en el Coll d´en Rabassa cerca del aeropuerto actual y desde 1453 en Moscari (Selva) un pueblo de montaña cerca de Inca, me fue muy útil hablar castellano y mallorquín de niño en mi casa, para mi carrera por todo el mundo, es más, diría que el bilingüismo aceleró mis neuronas, pues he acabado hablando 14 idiomas, lo que no está mal, e intento aprender, de la muerta lengua de Oc.

 Pero les voy a contar una historia, que no se si tendrá que ver con nuestros “Xuetes” pero que demuestra que cuando se imponen las cosas por la fuerza, salta nuestra capacidad de hacer frente al enemigo, y somos capaces de conservar las tradiciones por mucho que intenten “normalizarnos” es decir hacernos a todos iguales en pobreza, pero no diversos, como suelen hacer los “socialistas” de todos los partidos.

Se trata de aprender un sistema de resistencia, explicado  en un artículo por Art Benveniste En su presentación ante la Conferencia SCJS de 1999, en Los Ángeles, Seth Ward contó acerca de una mujer del norte de Nuevo México, a quien había entrevistado. Ella estaba describiendo las prácticas criptojudías de su familia y relató su juego de naipes, cada mes de septiembre, con su abuela. Jugar a los naipes era un ritual anual de la familia que estaba relacionado, de alguna manera, con las Altas Fiestas Judías.

Me recordó una historia contada por el rabino Baruj Garzón, de Madrid: Hace varios años, la comunidad judía de España quería comprar un terreno en la zona de Barcelona, para un campamento de verano judío.  De vuelta a casa, esa noche, Garzón recibió una llamada del propietario que le dijo que había ciertos días de la semana siguiente en los cuales no podría firmar los papeles. Esos días jugaban a los naipes. El Juego de Naipes, disfrazaba la Oración. Cuando la Inquisición, los judíos secretos se reunían para orar sentándose alrededor de una mesa con naipes sobre la mesa (una vela bajo ella) y libros de oración sobre sus regazos. Cuando los extraños pasaban por ahí, jugaban a los naipes y cuando estaban solos, volvían a los libros de oración. En Nuevo México, los naipes se llaman Barajas y en otras zonas los naipes se llaman Cartas. La Academia Hebraica de Albuquerque ha investigado y descubierto que la palabra «baraja» alude a la palabra «Brajá», que significa «bendición» en hebreo.

Como los “Xuetes” son nuestros compañeros de navegación, en la Historia de Mallorca, habrá que aprender de ellos, tal vez con alguna BARAJA especial, para no ser engullidos por el “imperialismo “catalán. Que lo lleva intentando desde el comienzo de la Transición. Con procatalanistas liderados en su día por Francisco de Borja Moll , autor participe en el diccionari catala-Valenciá -Balear. Su hija Aina Moll. fue con los gobiernos de Pujol Directora de lingüística de la Generalitat de Cataluña, secundados por la izquierda que a través de Francina Armengol, actual presidenta del Congresos de los diputados español, fue catalanizando la educación sin respecto ninguno  a nuestro mallorquín lengua que había existido desde el Reino de Mallorca de Jaime III capital Montpellier y que formaba parte del Diccionari que e mencionado y en el que trabaje en el El Estudio General Luliano, haciendo fichas, para la diferente lexicografía de sus hermanas catalán y valenciano.

Los chuetas, del mallorquín xueta/es (ʃwətə(s)), conforman un grupo social de la isla de Mallorca, en España, descendientes de una parte de los judíos mallorquines conversos al cristianismo y de los cuales, a lo largo de la historia, se ha conservado conciencia colectiva de su origen, por ser portadores de alguno de los apellidos, de linaje converso, afectado por las condenas inquisitoriales por criptojudaísmo en el último cuarto del siglo xvii, o por estar estrechamente emparentados con ellos. Históricamente han sido estigmatizados y segregados, por lo cual, y hasta la primera mitad del siglo xx, han practicado una estricta endogamia. Hoy en día, entre 18 000 y 20 000 personas en la isla son portadoras de alguno de estos apellidos.​

El término se documenta por primera vez en torno a los procesos inquisitoriales iniciados en 1688, como expresión usada por los propios procesados. Su etimología es discutida y cuenta con diversas hipótesis. Las más aceptadas son:

Procedería del mallorquín juetó,​ diminutivo de judío que habría derivado en xuetó —expresión aún vigente— y que habría evolucionado en xueta. El principal argumento para defender esta propuesta es que su uso primigenio era autodefinitorio y eso excluiría connotaciones denigratorias.

Para otros, se trataría de una expresión despectiva que procedería de la palabra xulla, tocino, y por extensión carne de cerdo (en mallorquín pronunciado xuia o xua, [ʃwə])5​ y haría referencia a los hábitos alimenticios de los conversos en relación al consumo del cerdo,​ o a la costumbre, presente en diversas culturas, de usar nombres ofensivos relacionados con el cerdo para designar a los judíos y los conversos.​

Una tercera propuesta relacionaría ambas etimologías: la palabra xuia habría provocado la sustitución de la j de juetó por la x, dando xuetó, y, a su vez, se habría ido imponiendo xueta sobre xuetó por la mayor similitud fonética con xuia.

También se les ha denominado del carrer del Segell (de la calle del Segell),​ por la calle homónima de la cual tomó nombre el barrio donde vivían concentrados, y también del carrer,10​ bien por reducción de la expresión anterior, bien por el retorno del castellano de la calle, propio de la documentación oficial inquisitorial, a causa de la proximidad fonética con del call, haciendo referencia al antiguo barrio judío de Palma de Mallorca. Modernamente se ha querido relacionar con la calle de la Argenteria, que actualmente es la calle chueta por excelencia,​ donde, hasta hace poco, se concentraba la mayoría de los residentes en Palma y que toma el nombre de uno de los oficios más característicos del grupo, plateros.​

En algunos documentos se han utilizado las expresiones hebreo, género hebreorum, de estirpe hebrea o directamente jueus (judíos),​ o con el castellanismo judío [ʒodío],1macabeos​ o, en relación a sus profesiones más habituales, argenters (plateros) y marxandos (tenderos y buhoneros).

En todo caso, después de los procesos inquisitoriales, pasó a ser una palabra ofensiva,y los designados han preferido referirse a sí mismos con los nombres más neutros de del Segell, del carrer o, más habitualmente, con noltros (nosotros) o es nostros (los nuestros) opuesto a ets altres (los otros) o es de fora del carrer (los de fuera de la calle).

Los apellidos considerados chuetas son: Aguiló, Bonnín, Cortès, Forteza/Fortesa, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya/Piña, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola, Valls. Pero el tema es complejo: en listados anteriores, a veces no constan Valleriola (casi extinguido) o Valentí (originariamente el apodo de una familia Fortesa); tampoco figura en ninguna lista Enrich (inicialmente apodo de una familia Cortès); entre las listas de los últimos penitenciados por la Inquisición figuran Galiana, Moià y Sureda, actualmente no considerados chuetas; en cambio, Picó y Segura no aparecen entre los penitenciados en el siglo xvii y sí se los considera. Sin embargo, hay que tener en cuenta que algunos Fuster (nobles), Martí (de Pollensa), Miró (de Sóller), Pomar (de Manacor y Artá) no lo son, como tampoco los Cortès y Segura inmigrados abundantemente a Mallorca durante el siglo xx.

También cabe señalar que los registros de las conversiones, a caballo entre los siglos XIV y XV,​ así como los de la Inquisición, de finales del XV y principios del XVI,​ documentan más de 330 apellidos entre los conversos y los condenados por judaizar en Mallorca. Un detalle que ha llamado la atención de diversos estudiosos que han tratado el tema, es que algunos mallorquines llevan apellidos de procedencia claramente judía, que no son considerados descendientes de hebreos, ni chuetas (por ejemplo: Abraham, Amar, Bofill, Bonet, Daviu, Duran, Homar, Jordà, Maimó, Salom, Vidal y otros).

La procedencia conversa no es condición suficiente para ser chueta; es necesario que este origen haya quedado fijado en la memoria colectiva de los mallorquines mediante la identificación de las familias y linajes así considerados. Por lo tanto, aunque los chuetas son descendientes de conversos, sólo una parte de los descendientes de conversos son chuetas-

Los chuetas,  como he señalado más arriba, término derivado del mallorquín «xueta/es» (ʃwətə(s)), constituyen un grupo social único en la isla de Mallorca, España. Son descendientes de judíos mallorquines que, durante la Inquisición española, fueron forzados a convertirse al cristianismo. A pesar de la conversión, han mantenido una fuerte conciencia colectiva de su origen judío a través de los siglos, lo que los ha distinguido como una comunidad singular dentro de la sociedad mallorquina.

El origen de los chuetas se remonta a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, cuando la persecución contra los judíos en España alcanzó su punto álgido. En 1391, una serie de pogromos llevó a la conversión forzada de muchos judíos en Mallorca. La situación se intensificó con la instauración de la Inquisición española en 1478, que perseguía a los conversos (judíos convertidos al cristianismo) sospechosos de practicar en secreto el judaísmo, conocidos como «marranos».

En Mallorca, los conversos eran sometidos a una vigilancia estricta y a menudo enfrentaban juicios por parte de la Inquisición. A pesar de la presión y el temor, muchos de ellos lograron preservar su identidad y tradiciones en secreto. Con el tiempo, esta comunidad se identificó como chueta, un término que inicialmente tenía connotaciones despectivas pero que hoy se usa con orgullo por muchos de sus miembros.

La identidad chueta se ha conservado a lo largo de los siglos, en parte gracias a la preservación de ciertos apellidos que se asocian directamente con este linaje. Algunos de los apellidos chuetas más reconocidos incluyen Aguiló, Bonnin, Cortès, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valleriola y Valls. Tener uno de estos apellidos significaba, hasta hace no mucho tiempo, pertenecer a un grupo que era socialmente aislado y, en muchos casos, discriminado.

La discriminación hacia los chuetas perduró hasta bien entrado el siglo XX. Se les prohibía el acceso a ciertos oficios y cargos públicos, y las barreras sociales eran tan fuertes que los matrimonios entre chuetas y no chuetas eran extremadamente raros. Sin embargo, la situación ha cambiado significativamente en las últimas décadas, y hoy los chuetas participan plenamente en la vida social y cultural de Mallorca.

A pesar de las dificultades, los chuetas han mantenido una rica herencia cultural que refleja su pasado judío. Algunas familias chuetas conservan costumbres y tradiciones que tienen sus raíces en el judaísmo, aunque a menudo de manera velada o simbólica. Las celebraciones, la gastronomía y ciertos rituales familiares han sido transmitidos de generación en generación, a veces sin una comprensión completa de su origen.

En tiempos recientes, ha habido un resurgimiento del interés por la historia y la cultura chueta. Muchas personas han comenzado a investigar sus raíces y a reivindicar con orgullo su identidad. Este movimiento se ha visto reforzado por iniciativas culturales y académicas que buscan preservar y divulgar la historia de los chuetas.

Además, la comunidad judía global ha mostrado un creciente interés en los chuetas. Se han establecido contactos y se han llevado a cabo eventos que fomentan el reconocimiento y la integración de los chuetas en la diáspora judía.

Los chuetas representan un capítulo fascinante y complejo de la historia de Mallorca. Su experiencia es un testimonio de la resistencia y la capacidad de una comunidad para mantener su identidad a pesar de siglos de persecución y discriminación. Hoy, los chuetas continúan enriqueciendo la vida cultural y social de Mallorca, y su historia sirve como un recordatorio del valor de la diversidad y la importancia de la memoria histórica. Yo no soy Xueta, por le apellido de mis antepasados, pero probablemente silo fueron por algún de sus esposas, como una de ellas llamada Bennassar. Por lo que es muy probable que nuestrs sangres se juntaran en el devenir de los siglos, lo que motivo una antigua articulo que publique en el diario Ultima Hora donde decía que “Tots com xuetes”. Lo que demuestra mi orgullo de procedencia aunque desde 1962 resida en Madrid y mis hijos hayan todos nacidos aquí, en esta ciudad liberal que nos acoge a todos como propios, Lo otro son arcaísmos ridículos, aunque mi reivindicación sea que se mantenga el mallorquín como lengua independiente del catalán avasallador.

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