lunes, febrero 6, 2023

¿Cómo mantendrá su bronceado Pedro Sánchez?

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Alguien me dijo que lo más interesante que se podía escribir del nuevo curso político era sobre cómo mantener el bronceado del verano. El resto, filfa. El principal análisis que se puede hacer de estas dos elecciones autonómicas de este domingo es cómo hará Pedro Sánchez para sostener su bronceado, con el blocao hecho una ruina.

La estrategia del soberbio líder socialista ha llevado a que su partido pierda casi 12 puntos de respaldo electoral entre las generales de antes del verano y las autonómicas en el País Vasco. ¿Que no vale contar así? Es que si lo hacemos de autonómicas a autonómicas, la dimisión en en el PSOE y el PSE debería ser en bloque. No la ha habido, de momento.

Cuatro años ha sido un mundo en la vida política española. Lo único que permanece, tras los vaivenes de la irrupción de Podemos, el desgaste del bipartidismo y los partidos históricos, las calamidades de elecciones generales y dos investiduras fallidas, es que Feijoo y Urkullu siguen firmes en sus feudos.

Se puede decir que Alberto Núñez Feijoo se ha puesto guapete para postularse en Madrid. Parece claro que el PNV ha recuperado la hegemonía a base de no moverse ni ponerse nervioso con la irrupción ‘podemita’. Pero, siendo importantes las elecciones en Euskadi y Galicia, el atolladero político nacional es tal, que muchos miraban al norte en busca de un desbloqueante muscular. Pues todo dependerá de la digestión de la derrota. Al margen queda la posibilidad de oacto entre PP y PNV en la coyuntura actual, algo que tampoco parece decisivo.

Lo que parece claro en clave nacional es que la estrategia del “no, qué parte del no, no entiende”, no le ha dado un solo voto al Partido Socialista Obrero Español. El PSOE vive casi despeñado, bajando sus suelos electorales, sin remedio, sin posibilidad de consuelo. Bueno, quizás Sánchez, que debió aprobar matemáticas en su carrera, diga que sigue siendo “decisivo” en Euskadi para un pacto con el PNV. Y, a base de aupar a ajenos –como en Madrid con el Podemos de Carmena–, seguir tirando al suelo 137 años de historia. Incluso podría tener ensoñaciones y poluiciones nocturnas viéndose gobernando con Podemos y Bildu en Euskadi y así, así… “Así, un día todo esto será nuestro y españa tendrá un presidente algo, guapo, bronceado”…

¿A quién se lo dirá Pedro Sánchez? Aunque bajo su 1,90 de político agrupa a muchas facciones del PSOE, lo cierto es que su círculo cercano es cada vez más reducido. La deriva personal y política de Sánchez es cada vez más complicada de respaldar por los grupos de notables y militantes que le siguen siendo afines, como Miquel Iceta. Pero su círculo íntimo está aislado con muy malas relaciones hasta personales. El sábado, 1 de octubre, habrá un decisivo Comité Federal. Decisivo, o no, según aforismo que firmaría el mismísimo Rajoy. Pero es que la dubitativa actitud de quienes están en desacuerdo con la deriva de Sánchez deja cada cita en un amago, una finta, un ardid interruptus.

La situación de Pedro Sánchez y los suyos empieza a recordar a un episodio de las guerra del 98 con Estados Unidos. Los últimos de filipinas se atrincheraron, al mando de un capitán en un blocao en la provincia de Luzón, ignorantes de que la guerra había terminado. Llegaban los emisarios filipinos y estadounidenses y eran despachados con cajas destempladas, aguantando carga tras carga. No sabían que la guerra había terminado. Y que la habían perdido.

La metáfora guerrera espero que le sea perdonado a este humilde plumilla. Pero es que me ha venido a la cabeza cuando los notables socialistas transmitían la idea de que Sánchez se iba a trincheras. «Como Maduro», explicitaba uno de ellos.

Joaquín Vidal

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