lunes, febrero 6, 2023

El teatrillo de Sánchez y Rivera

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Sólo suman 130 diputados, pero los líderes del PSOE y Ciudadanos, Pedro Sánchez y Albert Rivera, escenificaron el miércoles con la pompa y boato dignos de la firma de un tratado internacional su acuerdo para aglutinar fuerzas de cara al debate de investidura.

Sentados mano a mano a la mesa, Sánchez y Rivera rubricaron con solemnidad los papeles que algún mandado había colocado ante ellos dentro de sendos portafirmas de cuero negro y que contenían la quintaesencia de lo que será su gobierno “reformista y de progreso”. Luego, de pie, lo certificaron con un efusivo apretón de manos entre el aplauso de sus equipos, que también se demostraron el mutuo cariño acumulado en tantas horas de negociación.

La teatralización rozaba lo absurdo y recordaba a la firma de un tratado de desarme entre rusos y americanos. Todo para que Sánchez pudiera pregonar que su entendimiento con Rivera es “histórico”. Tanto que el líder del PSOE se negó a ensuciar su posterior comparecencia ante la prensa abordando otros temas y menos aún respondiendo a quienes le preguntaron de dónde pensaba sacar los votos que le faltan. Dijo que habrá tiempo de hablar de pequeñeces como esa.

La exageración comenzó con el escenario elegido. El grupo Socialista había reservado la Sala Constitucional del Congreso de los Diputados, la más solemne y en la que cuelgan los retratos de los padres de la Carta Magna. Después, los dos líderes se fueron a pronunciar sus discursos ante el cuadro de Juan Genovés ‘El Abrazo’, símbolo de la reconciliación tras la dictadura e icono de la Transición. Debió de ser una gozada para Rivera, que está obsesionado con que la etapa de su desembarco en la política nacional pase a la historia como la ‘Segunda Transición’. Al fondo a la derecha, las banderas de España y de la UE completaban el aura de grandes personajes con que los dos políticos quisieron cubrirse.

Fue una puesta en escena rococó, que contrasta con la escasa trascendencia práctica de lo firmado. El acuerdo puede quedar en papel mojado si Sánchez no logra que el número de ‘síes’ supere al de ‘noes’ cuando se someta a la segunda votación de investidura. Y está lejos de conseguirlo, a la vista del enfado que provocó en Podemos su pacto “histórico”.

Sánchez necesita al menos la abstención de los diputados de Pablo Iglesias para superar el muro de 123 votos en contra que le ha garantizado el Partido Popular. Pero el contenido de su acuerdo con Rivera complica aún más ese objetivo. Por mucho que el líder socialista repitiera que el pacto con Ciudadanos supone la derogación de la reforma laboral, ha quedado claro que consolida el abaratamiento del despido que tanto criticó cuando lideraba la oposición.

El PSOE ha escorado a estribor, como dirían los marineros de mi pueblo

El PSOE se ha arrimado a la derecha –ha escorado a estribor, como dirían los marineros de mi pueblo- y al menos en materia laboral su programa “reformista” consagra la visión ultraliberal de Ciudadanos de lo que debe ser el mercado de trabajo. Pero eso a estas alturas no tiene efectos prácticos porque lo firmado sólo es una declaración de intenciones de dos partidos sin fuerza para gobernar. Bien mirado, Izquierda Unida y Compromís podrían haber representado un teatrillo parecido y salir luego con la misma solemnidad a anunciar el cierre del Ibex 35 o que España abandona la OTAN.

A Sánchez le gusta apelar a la historia: la noche del 20D ya calificó de “histórico” el peor resultado de su partido. El tiempo dirá si, aun con todo en contra, consigue ser presidente.

¿Y Rajoy? Sigue en su castillo, deprimido porque nadie negocia con él y no quieren verle ni en Pontevedra, donde un impresentable le pegó en la campaña electoral y ahora el Ayuntamiento acaba de declararlo persona no grata. Una faena que, según sus quejas, no le han hecho en Pontevedra “ni a Hitler ni a Stalin”. ¡Hay que ver!

César Calvar

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