viernes, diciembre 9, 2022

Prácticas de lesbianismo en ‘Gran Hermano 16’

¡Oh milagro! La producción de 'Gran Hermano 16' ha permitido que los telespectadores del Canal 24 Horas del programa puedan ver cómo dos concursantes se soban las tetas. Es de suponer que el realizador estaba con el dedo encima del botón para cortar la imagen en caso de que las chicas decidieran seguir tocándoselas sin ropa de por medio. 

La censura de la que alardeó Mercedes Milá no ha podido con el brote de lesbianismo en la casa entre Marta y, cómo no, Sofía. ¿O brote de calientap…? Teniendo en cuenta lo mal que lo debió pasar Carlos, presente en el show, también podría valer ese término.

El juego lo empezó la hija de Mayte, sí esa mujer que anda ya «perreando» por las discotecas al estilo de Clint Eastwood en 'Por un puñado de dólares' (éste mataba a quien fuera a tiros y ella pretende matarles a polvos). 

«¡Tía!, ¡Tía!», gritaba mientras daba saltitos por el salón hasta llegar a la barra de la cocina donde estaba Carlos. «¡Tía, yo quiero esas tetas!». Sí, han oído bien, eso es lo que decía mientras miraba a Marta. ¡Yo también!, es lo que grité yo al escucharla.

Lo que para cualquier otra mujer se habría saldado mirando para otro lado o cambiando de tema, Marta lo continuó tocándole a su vez las tetas a Sofía, que, encantada de la vida, le devolvió el toqueteo a su compañera.

Como no podía ser de otra manera en macho que presuma de ello, a Carlos no le quedó otro remedio que estirar el brazo, «a ver…». Por intentarlo que no quedase, pero enseguida se encontró con un «stop» fulminante de Marta con una sola palabra, «tío».

Al pobre no le quedó otra que salir por la tangente, «nunca he tocado unas tetas de goma«, pero eso fue quizás lo que peor pudo hacer ya que su compañera, más enérgica que cuando intentó tocárselas segundos antes, le aclaró que «no son de goma». 

Pues claro que no Martita, todo el mundo sabe que son cien por cien naturales pero hay momentos en los que cualquier excusa es buena para salir del paso. O al menos eso es lo que pensaba Carlos, que seguramente no le habrá contado la experiencia «senil» a su amada Ivy, a la que es de suponer iría a ver corriendo para intentar cuando menos pillar «cacho» con ella. 

En esa casa, en materia amatoria, el que no corre, vuela. Quizás les haya afectado hablar tanto de la Segunda Guerra Mundial, que ha provocado frases como «te voy a poner el culo como la bandera de Japón». O «como el culo de Han», como dijo Vera. Para que luego digan que no tienen cultura.

La mosca

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