viernes, diciembre 2, 2022

Que el cielo lo juzgue

La primera vez que vimos a Marcelo volverse loco, fue en el Pizjuán, contra Navas, hace muchos años ya, pero la gente sigue desconfiando. El Sevilla tiene un par de mediocentros que sacuden duro, a Reyes pululando por detrás de la línea del miedo y un delantero centro mestizo  y voraz, que cuando entra en plano deja al equipo contrario a contrapié.

La gente grita mucho, allí. Hay memoria de un Madrid mártir, atado a su portería, asaeteado por líneas diagonales, triángulos en la banda, parábolas a la espalda de la defensa. Unos señores alzan un cartel que dice: yonkies y gitanos. Inclinarán el campo con razones, entrarán a borbotones por las bandas, le exigirán a Casillas lo que no tiene. Y en un lado está Carvajal y en el otro Marcelo. El español da vueltas sobre el trazo de la pelota y nunca llega. El brasileño está en la escena como un autista en las recepciones del embajador. Se sienta donde no debe. Corretea bajo las mesas. Habla a destiempo. Baila una música que sólo él escucha. Subvierte el orden por pura indiferencia. No ha sido domesticado, y esa es una historia hermosa para que la canten los poetas, pero un lateral necesita del latido del ingeniero para atar las costuras del partido, y Marcelo sigue siendo el mismo niño cabezón, que pisaba las líneas y huía de la geometría como si allí habitara el demonio

Con Ramos haciendo de Modric, el Madrid es plomizo y redundante, pero es capaz de mantener sus constantes vitales. Esa facilidad pegajosa con la que se planta en tres cuartos y, a partir de ahí, pena por obvio y se enquista en los detalles, por lo menos cuando faltan los espacios y le ceden las bandas con malicia. Isco peregrinaba por su lado izquierdo (tiene querencia, el niño), y Marcelo, que lleva un par de semanas desnortado, mandaba a los tejados cada balón que le llegaba. En qué momento de la temporada al brasileño se le van a saltar los plomos, es imposible  saber. Normalmente lo que hace arriba repercute abajo, y más abajo todavía, cuando hay un extremo o un lateral que pisa la cal y centra hacia atrás, Marcelo se vuelve tarumba. Es fantástico porque no existen razones. Una especie de atavismo. Algo hay en las triangulaciones de banda allá al final del campo, que matan su ligerísimo poso racional.

 El Real sin Karim, y con Cristiano enfrascado en el área es como una cementera

A pesar de todo, fue un centro suyo el primero que Cristiano estuvo a punto de embocar. Ronaldo que se vistió con la piel del depredador y dejó sus momentos sutiles para otra ocasión. Nada de acelerar el vaivén del juego o de inflamar la jugada con un toque imperceptible. Miró lo que había hecho Messi y decidió ser el punto final a cada ataque. Un pisito en el área con vistas al gol, porque lo otro, nadie se lo va a agradecer.

Manda el Madrid, así que a callar!, dijeron en el bar. Pero no era del todo cierto. Había posesión y tiranía, pero cuando la jugada se inclinaba hacia la portería de casillas la impresión era de estar a una sola palabra del gol. El Real sin Karim, y con Cristiano enfrascado en el área es como una cementera, con Kroos dándole a la palanca, las bandas muy abiertas y pintonas y nadie por el centro para intentar el pase interior. El partido estaba tenso pero en paz, y chocaron las cabezas de Ramos y un polaco de los que quitan el oxígeno en el medio del campo. El extranjero quedó ensangrentado, como cualquier vecino que choca con Ramos, y Emery se pensó demasiado si cambiarlo o ponerle la máscara de ultrón. Así las cosas, el Madrid tomó el centro de mando una línea más arriba. Le llegó la pelota a isco, bien encimado por su par y el malagueño tiró Andalucía por la borda en una media vuelta inexplicable para la gente de un país de lluvia. Ese fue el detalle del partido, todo arte y eficacia, y si el mundo fuera como debería ser, hubiera sonado un rasgueo de guitarra, justo antes de que Cristiano emergiera de la sima del área para poner al Madrid en ventaja.

Emery seguía indeciso, y el Real comenzó a correr hacia los contrarios. Ahí estaba James, muy oscuro hoy, dándole con su puntera venenosa y Chicharito haciendo una cosa rara con la cara, continuando la jugada, siempre con la portería detrás de las orejas. Más allá descubrimos a Cristiano, que había olfateado algo y bajó el balón a gol como si espantara una mosca con el pie. Los del plus se quejaron de que era juego peligroso y un paisano se sintió ofendido. Nos ha jodido que si era peligroso, gritó exaltado, agitando el puño hacia la pantalla. El encuentro hubiera sido un caso cerrado si el Madrid hubiera tenido dos laterales orgánicos, hombres de partido que echen el candado a los rivales y suban al ataque con un ojo mirando hacia la casa madre. Pero estaban Carvajal y Marcelo y el Sevilla comenzó a golpear en sus puertas.

El Sevilla se echó de bruces sobre el partido para convertirlo en un combate de boxeo

En el último minuto de la primera parte, Marcelo hizo tres movimientos indescifrables con el rival encima, junto a la cal y con la pelota de cara. De repente había miedo en el área del Madrid y un contrario controló en las barbas de Ramos, al que se movieron sus instintos y se echó al suelo para conjurar el peligro. Fue un penalti clarísimo y estúpido. El primero de esa clase de Ramos en el curso y el andaluz se levantó espantado de su propio desastre y pidió perdón a los muertos del Madrid por su insensatez. Bacca tiró la pena máxima, James le indicó a Casillas por dónde iría, pero fue gol, porque Iker sólo sigue su razón inconsciente, como los héroes, los santos y los bobos, y este portero es capaz de descender esos escalones en una misma jugada. Caso único.

En la segunda parte el Sevilla tiró de las líneas del partido hacia abajo, hacia el área del Madrid que parecía el vértice donde todo confluye. Un primer pase que se lo levantan a Kroos, el equipo blanco pillado en el medio de la escalera, Reyes templando y filtrando hacia un extremo y los laterales del Madrid volatilizados en medio del polvo que levanta su propio caos. Afortunadamente para los merengues, estaban los centrales en su sitio y Ramos destruyendo por los bordes. Marcelo seguía saltando a la comba pero Carvajal podía ser a un tiempo el agujero y el guardián, quedarse con la bola y salir esprintando hacia la portería contraria. Bale esperaba fuera del campo y, según salió se fue de dos contrarios, miró la pelota, levantó la cabeza y telegrafió un pase con la carga de electricidad justa que encontró a Ronaldo al otro lado. Escorado en el área y saltando hacia atrás, Cristiano usó la musculatura de su cuello como si fuera un superpoder y puso la bola muy lenta, al otro lado de la portería, con el guardameta encogiéndose como si el susto le impidiera llegar al balón.

Nada estaba dicho y el Sevilla se echó de bruces sobre el partido para convertirlo en un combate de boxeo. Otra llegada por el sitio de recreo de Marcelo acabó con un remate a gol a un milímetro de Casillas, subido a un pedestal, cincelado en mármol, con escorzo mínimo y gesto de espanto. Barroco mostoleño.

El Madrid iba por las venas abiertas del partido y el Sevilla volvía por ellas, quedándose a un espasmo del gol. Salió Illarra y todo fue a peor. Hubo una última jugada con barullo y pase filtrado, y Casillas bajo la cal esperando a su hombre, y una mano que le salió de entre las costillas y evitó el gol, aunque no del todo puesto que era blanda la mano y la pelota siguió burlona hasta salir fuera del campo cuando ella quiso. Acabó el partido con un córner en contra y el madridismo gritó duro el final. Una vez en el vestuario, Marcelo siguió contando chistes, pero sus compañeros no acabaron de verle la gracia.

FICHA TÉCNICA

Sevilla, 2 – Real Madrid, 3

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Varane, Pepe, Marcelo (Arbeloa, m. 87); James, Kroos, Sergio Ramos, Isco (Illarramendi, m. 83); Cristiano, Chicharito (Bale, m. 67). No utilizados: Navas, Coentrao, Nacho, Jesé.

Sevilla: Sergio Rico; Diogo (Denis Suárez, m. 70), Carriço, Kolo, Trémoulinas; Krychowiak (Iborra, m. 78), Mbia; Aleix Vidal, Banega, Reyes; Bacca (Gameiro, m. 78). No utilizados: David Soria, Fernando Navarro, Vitolo, Coke.

Goles: 0-1. M. 35. Cristiano. 0-2. M. 36. Cristiano. 1-2. M.45. Bacca. 1-3. M. 68. Cristiano. 2-3. M. 80. Iborra.

Árbitro: González González. Amonestó a Reyes, Sergio Ramos, Carvajal, Tremoulinas, Carriço.

Sánchez Pizjuán, 45.000 espectadores.

Ángel del Riego

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