domingo, diciembre 4, 2022

Marroquinería política

Las relaciones de España con Marruecos siempre serán delicadas. Muchos factores las condicionan en el presente y desde el pasado. Pero el más importante es el de la vecindad que obliga a España, por un despiadado interés propio, a llevarlas con mucho tacto sin perjuicio de poder expresar su desacuerdo en un abanico variado de temas. La obligación de cualquier gobierno es la de dar a las relaciones con los países vecinos una importancia especial por razones de buena, provechosa y pacífica convivencia.

Con Marruecos nuestros gobiernos deben ponerse guantes de terciopelo sobre manos de acero. Rabat no puede escapar de ciertas realidades objetivas, pero es obligación de los gobiernos españoles constatar esta realidad sin convertirla en causa de degradación de la relación bilateral. Es más fácil deslizarse por la pendiente que volverla a subir.

Hay dos temas, pero no son los únicos, que nos condicionan mucho con Marruecos: la inmigración ilegal y el terrorismo yihadista. Podrá no gustar en España, podrá ser incluso perverso e inaceptable, pero Marruecos está en ambos casos en condiciones de ayudar o de hacernos la vida muy difícil.

Rabat puede controlar el flujo de inmigrantes que desde su territorio intentan asaltar las vallas de Ceuta y Melilla o de embarcar en pateras para cruzar el Estrecho. Esos inmigrantes, que vienen en gran medida del África Subsahariana, constituyen también una enorme presión para Marruecos. Se cuelan ilegalmente en su territorio antes de intentar llegar a España de cualquier manera. Marruecos también acoge las “devoluciones en caliente” españolas, criticadas por organizaciones humanitarias y la propia Unión Europea. Añádase la necesaria ayuda marroquí para luchar contra el narcotráfico.

Respecto al terrorismo yihadista, Rabat puede cooperar en la prevención de atentados que puedan tener lugar en España o contra españoles en territorio marroquí. No tiene interés en rebajar su vigilancia ya que estos terroristas cuestionan también al régimen marroquí y amenazan a su población, pero la concepción marroquí del poder, centralizada y autoritaria, sin perjuicio de celebrarse elecciones en Marruecos, le facilita considerar legitimo compartir con España la información de que dispone o de no hacerlo según el estado de las relaciones bilaterales entre nuestros dos países, y no solo de las oficiales.

De ahí la importancia de que la diplomacia española pueda suavizar los eventuales descontentos sin perjuicio de quien tenga razón. La diplomacia está para eso, para ayudar a llevarnos bien con los demás países y para poner paños calientes cuando es necesario, sin descartar, también, presionar para defender nuestros intereses. Rajoy lo ha entendido, dando largas cuando se le ha preguntado por el chapucero rescate de la gendarmería marroquí de tres espeleólogos españoles que se accidentaron en un inaccesible barranco. Uno falleció cuando el accidente y, días más tarde, otro por la impericia de los rescatadores marroquís que, previamente y durante varios días, rechazaron una ayuda española con más experiencia y medios.

Se equivocaron las autoridades marroquíes y lo saben. Deben sacar la oportuna lección de ello (podría contemplarse un acuerdo de cooperación en materia de rescates). Acierta Rajoy al no elevar este drama mortal a un nivel político innecesario. Es más, cuanto más global e imbricada sea la relación hispano-marroquí, incluso en temas defensa, mejor será.

Margallo deberá seguir esta senda aunque sabemos que es más tosco que su jefe, con tremendas meteduras de pata y errores de politica exterior. Ya vimos cómo al criticar desmesuradamente a Zapatero por asistir a un seminario en el Sahara Occidental acabó incomodando tanto a Rabat que su homólogo marroquí canceló una visita a España el pasado mes de marzo. ¡Bingo!

Margallo debería explicar convincentemente cómo no fue posible que ni él mismo, ni su Ministerio, ni nuestra Embajada en Rabat, ni nuestro Consulado en Casablanca consiguiesen que las autoridades marroquíes aceptasen enseguida la ayuda española a pesar de la soberbia nacionalista de la Administración marroquí. El fallo es marroquí, pero Margallo no se ha lucido. Era su responsabilidad por ser la del Gobierno. Solo suya, de nadie más. Sin perjuicio de que lamentemos todos dolorosamente el fallecimiento de dos de estos tres espeleólogos, su experiencia incita asimismo a considerar y asumir que cuando se sale de nuestras fronteras se está a merced de otros tratamientos y reglas que pueden ser peores que en casa.

El Juez Ruz acaba de añadir aceite al fuego. No es una crítica a Ruz, que ha hecho bien su trabajo en este caso como, asimismo, con lo de la corrupción de Bárcenas y del Partido Popular. Pero al imputar presuntamente por genocidio de unos saharauis a unos funcionarios marroquíes, forzosamente se tensa más la cuerda entre Madrid y Rabat.

Quizás sustituyendo a Margallo, por sus fallos y mala interlocución con Rabat, por otro con mejores maneras diplomáticas fuese más fácil suavizar eficazmente las cosas.

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -

Últimas Noticias