sábado, abril 13, 2024
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Ucrania neutral

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La Rada Suprema ucraniana acaba de revocar, imprudentemente, este 23 de diciembre su condición de país no alineado que había adoptado en 2010 y que no le ha protegido de la rapiña territorial de Moscú donde dicen que un subsiguiente ingreso en la OTAN convertiría a Ucrania en potencial enemigo de Rusia. ¡Menudo cinismo cuando Rusia ya le ha arrebatado Crimea militarmente y sigue contribuyendo a su desmembramiento!

En marzo de 2008 la OTAN abrió innecesariamente la puerta a Ucrania y Georgia. En los EEUU reinaba aún Bush «junior», el de la invasión ilegal de Irak avalada por Aznar y que tantos coletazos negativos ha traído. Prevaleció entonces la postura de los duros, víctimas históricas del imperialismo zarista y soviético. Ni siquiera la prudente Merkel supo oponerse. Este error fue corregido por Obama en 2009 al tender una mano a Rusia que fue aceptada por el Presidente ruso Medvedev, criatura de Putin y ahora su Primer Ministro, lo mismo que Putin lo fue de Medvedev cuando este fue Presidente (no hay nada como rodear astutamente las limitaciones constitucionales….). Georgia y Ucrania se quedaron en el congelador aliado.

Antes Georgia había intentado, estúpidamente, en agosto de 2008, apropiarse militarmente, más que recuperar, dos pequeños territorios, Abjasia y Osetia del Sur, colindantes con Rusia que deseaban seguir siendo rusos tras la independencia georgiana. La bofetada rusa fue tremenda, exagerada, descartando cualquier proporcionalidad militar. Teniendo la legitimidad de la comunidad internacional (ostentaba un mandato pacificador de la OSCE en esos dos territorios) se pasó muchos pueblos y casi llegó a la capital georgiana, Tiblisi. Ahora estos dos territorios son independientes en los faldones rusos.

En 2009 se suavizaron, pues, las tensiones entre los occidentales y Rusia. Aunque permanecía el importante diferendo sobre la defensa antimisiles se lograron acercamientos y empresas conjuntas. El Consejo OTAN-Rusia era entonces un foro útil aunque modesto en sus resultados.

En 2013 surgió la crisis por el acercamiento de Ucrania y de la UE, legítimo según el Acta Final de Helsinki de la CSCE, hoy en día OSCE, suscrita por Rusia, por la que cualquier país europeo tiene derecho a formar parte o no de cualquier organización, ahora vetado por Putin, por sí y ante sí, tras recuperar su Presidencia en 2012. ¿Acercamiento imprudente entre Kiev y Bruselas? Quizás en el como pero no en el fondo. ¿Es legítimo que Ucrania se incline ante el imperialismo vecinal ruso? Al parecer la respuesta puede ser positiva oteando Europa desde la atalaya del Kremlin o de la centralidad peninsular del Cerro de los Ángeles, históricamente a años luz de cualquier imperialismo ruso. No así del francés, pasado, del británico, aún presente en la península, o del estadounidense, por su poderío mundial aunque la democracia y la propia UE no existirían hoy en Europa sin el amparo norteamericano durante la Guerra Fría.

Un país puede ser no alineado o neutral, de derecho o de hecho, pero ello no está regañado con que ese país forme parte de la UE, como Suecia o Finlandia, o casi lo sea, como Suiza. El problema con Ucrania es que a Putin le viene mal que Kiev no quiera formar parte de la “UE salsa rusa” que monta hacia el este y sur de su propia y avasalladora centralidad. La postura ucraniana era legítima sin perjuicio que exigía mayor diplomacia para no malhumorar al oso ruso y evitar un eventual zarpazo, como ocurrió, pero ese zarpazo militar apropiándose de Crimea fue ilegítimo como rechazable es su apoyo militar a los secesionistas ucranianos. De ahí la necesidad de no condonar la actitud moscovita y con más motivo porque Rusia garantizó la inviolabilidad e integridad de las fronteras de Ucrania, una Ucrania que con su independencia renunció al armamento nuclear estacionado en su territorio. La violación rusa de su compromiso sólo anima a los nucleares a no dejar de serlo y a serlo a otros que no lo son. Ni a España ni a la comunidad internacional interesa una proliferación de países con armas nucleares. Más bien, hay que seguir reduciéndolas. Sin duda es legítimo que Rusia encuentre su sitio en este mundo global pero no que lo haga a dentelladas.

La OTAN se ha mostrado distante hacia ésta revocación ucraniana de su fugaz no alineamiento. Hace bien. Un ingreso ucraniano agravaría la tensión y, más importante, Ucrania no aportaría mayor seguridad a la Alianza Atlántica, exigencia legítima de los aliados. Al día de hoy la inaceptable megalomanía de Putin requiere soluciones diplomáticas que no impidan a Ucrania buscar su prosperidad según sus inclinaciones. El mundo debe ser libre para todos. Quizás las actuales dificultades económicas rusas reconduzcan al amo del Kremlin hacia el pragmatismo constructivo que a miles de kilómetros demuestran Barak Obama y Raúl Castro. La aplicación plena de los Acuerdos de Minsk es más necesaria que nunca.

Carlos Miranda

Embajador de España 

 

 

 

 

Carlos Miranda

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