domingo, noviembre 27, 2022

Dios sabrá en qué se ha convertido la derecha religiosa

El movimiento de Jerry Falwell y Pat Robertson venía estando de capa caída algún tiempo, pero los acontecimientos de los últimos días sugieren que se está adentrando en la anarquía política. 

Un síntoma novedoso del problema llegaba durante el encuentro de 150 líderes evangélicos celebrado en Texas este mes, donde los diáconos profundamente divididos de la derecha religiosa tuvieron que celebrar tres rondas de votación antes de optar por apoyar a Rick Santorum, que no tiene ninguna posibilidad real de hacerse con la candidatura presidencial Republicana.

Richard Land, destacada figura de la Convención Baptista del Sur, explicaba a la radio pública la decisión de optar por Santorum en lugar de Mitt Romney: «¿No le parece que antes de casarnos con el novio de toda la vida, tendríamos que probar con un extraño alto moreno y ver si puede mantenernos al nivel que nos gustaría?»

¿Probar con un extraño alto de pelo moreno? ¿Casarse con el novio de toda la vida? ¡Llamando a Marcus Bachmann!

Las cosas no le han salido bien en general en esta campaña al alabado movimiento en tiempos. Los candidatos de favor, Mike Huckabee en particular, no se postulan. El favorito pertenece a lo que algunos cristianos conservadores consideran una secta. Michele Bachmann hizo aguas. Rick Perry se consumió — y al abandonar la campaña dio su apoyo a Newt Gingrich el mismo día en que el ex presidente de la cámara baja era públicamente acusado por una ex mujer de querer «un matrimonio abierto».

La inmolación de Perry, en particular, pone de manifiesto la menor implicación y el peso contraído del movimiento. Cuando se unió a la campaña con esperanzas de deportistas de élite el año pasado, el gobernador de Texas y su mujer hablaban de que había sido llamado por Dios a postularse. «Hay gente que ve la zarza ardiendo», recordaba haber dicho Anita Perry a su marido. A instancias suyas, decía ella, Perry «esquiló la lana» — referencia bíblica a pedir consejo a Dios, pero llegó a la conclusión de que «se sentía verdaderamente llamado a hacer esto».

Cuando su candidatura empezó a derrumbarse, convino con la opinión de su mujer de que estaba siendo «atacado» a causa en parte de «su confesión». Cuando acabó en quinto lugar en los comités de Iowa, se volvió a Texas para decidir su rumbo «con oración y reflexión». La respuesta a sus oraciones fue permanecer en la campaña — aunque solamente, como fue el caso, otro par de semanas.

«Dios no dijo ‘quiero que te presentes'», aclaraba Perry la pasada semana. «Desde luego no me dijo que fuera a ganar».

Hace unos años, un candidato abiertamente evangélico como Perry habría sido formidable a causa de sus estrechos vínculos con el movimiento. Pero este año no. Los conservadores religiosos vienen retirándose como fuerza política.

«Ello acaba con la idea de que esta gente va a controlar América», dice Michael Cromartie, que dirige el Evangelical Studies Project del Centro de Legislación Pública y Deontológica, un colectivo. «Tienen menos expectativas a tenor de lo que puede hacer la política para cambiar la sociedad».

Los evangélicos declarados y los cristianos renacidos son alrededor de la cuarta parte de la población estadounidense, pero eso no significa que voten principalmente por cuestiones sociales. En Iowa, el 57% de los Republicanos que acudieron a las urnas se identificaron de esa forma, pero sólo el 13% consideraban el aborto la cuestión principal, en comparación con el 42% que escoge la economía (la cuestión principal con independencia de la religión). En New Hampshire, sólo el 6% de los Republicanos que acudieron a las urnas consideraba el aborto lo más importante. 

Ni siquiera los líderes del movimiento dan la imagen de conservar su hincapié — como queda demostrado en las tres rondas que hicieron falta antes de que los evangélicos decidieran respaldar a Santorum. 

Santorum llamaba «milagroso» al apoyo — pero apenas se manifestó en los sondeos de Carolina del Sur. Para los conservadores religiosos, que en el año 2008 fueron obligados a aceptar a John McCain (un caballero que en tiempos tildó al predicador Robertson y a Falwell de «fuerzas del mal»), tiene pinta de ser otro año de decepciones y compromisos.

Fue el mensaje de la marcha de Perry pronunciado como discurso de despedida y de apoyo a Gingrich. «Hay perdón para los que buscan a Dios», decía de Gingrich, «y estoy convencido del poder de la redención, dado que es un pilar central de mi confesión cristiana».

Perry enumeraba «un Dios amante» en sus agradecimientos, y un partidario identificado como «mi hermano cristiano». Pero habló de la fe con menos interés. «Comencé esta campaña con una sensación de vocación», decía, pero «una vocación nunca garantiza un resultado concreto». 

Para Perry y la derecha religiosa, fue el celebrado reconocimiento de que Dios ha dejado de elegirles para dominar el paisaje político.

 

Dana Milbank

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