miércoles, noviembre 30, 2022

Que tengan suerte

Hoy empiezan el cole, la universidad, la normalidad. Y necesitaremos suerte, sin duda. No la hemos agotado, ni mucho menos, en los sorteos navideños de la ONLAE. Que va. Tendremos suerte este año porque, al fin y al cabo, tampoco hemos hecho nada que nos impida aspirar a ella y conseguirla. Y merecerla no es un asunto vedado a categorías superiores, a gentes glamurosas, ni a seres extraños a los que, como usted o yo, vamos y venimos de acá para allá, ayer, hoy y mañana, queriendo algo mejor que aquello que poseemos y que todos los días nos amenazan con quitar. Tendremos suerte, porque ésta no es ni elitista ni exquisita: es, quizá, más imparcial que la ceguera de la justicia o que el azar del tiempo.

La vida está llena de trampas, de situaciones imprevisibles, de momentos terribles en los que abandonados a nuestro destino perdemos y caemos en el abismo de la tristeza y de la desgracia. Nos pasa, desde luego, cuando no tenemos suerte. Pero este año no será así: saldremos adelante; cada día encerrará un abanico infinito de oportunidades y las expectativas serán más que expectativas. Habrá magia, pero no será la de un juego engañoso a la vista o una manipulación tramposa de los sentidos: habrá magia porque tendremos suerte y entonces lo imposible se tornará verdad, realidad: será. Lo intangible adquirirá forma, descubriremos cosas inimaginables hasta ese momento y veremos más allá de lo que nuestras pupilas nos permiten. Tendremos olfato y percibiremos la sensibilidad de las cosas que nos pasan: jugarán los sentidos y oleremos lo visible, veremos lo que suena y seremos, por extraño que pueda parecer, protagonistas en lugar de los protagonistas que siempre lo son.

Esa será nuestra suerte: No se tejerá como lo sueños, ni provendrá de anhelos y aspiraciones peleadas, combatidas y por las que tengamos que haber luchado con denuedo, dolor o sufrimiento. Será eso, simplemente suerte. Suerte, nada más. Como si no fuera la suerte uno de los derechos que nos merecemos por el mero hecho de ser y de estar aquí y ahora, o allí o allá dónde estemos entonces. Y este año será, por qué no, un año de suerte, más allá de lo que seamos capaces de trabajar, producir y conquistar en nombre de la necesidad, la obligación o la justicia. No dejaremos todo a expensas de ella, porque en la vida, ¡ay amigas y amigos!, hay que pelear por lo que se desea, con fuerza, respeto, prudencia, templanza y generosidad, porque, ya se sabe, que nada se regala por regalar si no hay esfuerzo y mérito para conseguirlo. Pero la tendremos. La tendremos, sí. Este será el año en que tendremos suerte. Será hora de que sea así, ¿O no? Y será, créanme. Yo, al menos, así lo creo, lo espero y lo deseo. Que tengan suerte.

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Rafael García Rico

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