miércoles, diciembre 7, 2022

Dar la cara

Miércoles 11 de enero primera sesión plenaria del Congreso y la pregunta es si ese día, él, vendrá… no vendrá… le veremos… no le veremos… Me refiero a Mariano Rajoy, nuestro recién estrenado presidente del Gobierno desaparecido en las brumas monclovitas. Según ha dejado dicho la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría el presidente se hará presente a finales de enero y solo entonces nos explicará a los ciudadanos el por qué de las medidas económicas adoptadas por su Gobierno que son todo lo contrario a lo que decía que iba a hacer. Pero ya digo que este miércoles 11 de enero se celebrará un pleno y aunque el PP anda sobrado de escaños puede que el presidente se deje ver en la Cámara.

En el pleno se va a tratar sobre la reforma del Reglamento del Congreso, reforma en la que se viene trabajando desde hace años sin que hasta ahora se haya logrado sacar adelante. Pero el plato fuerte será la convalidación del Real decreto de medidas urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera para la corrección del déficit público.

La ocasión no puede ser más propicia para que el presidente tuviera a bien adelantarnos el por qué de algunas de las decisiones que ha adoptado en vez de esperar hasta finales de mes. Pero según dicen los suyos, Mariano Rajoy mide sus propios tiempos y no se va a dejar presionar por nada ni por nadie de manera que solo nos queda deshojar la margarita preguntándonos cuándo y cómo el presidente tendrá a bien explicarse.

Según las encuestas, los españoles se muestran sorprendidos, pero también comprensivos, con las medidas económicas aprobadas por el Gobierno y que suponen una subida de impuestos que va a dejar temblando los bolsillos de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Bueno, de la inmensa mayoría de los trabajadores porque está claro que a esas doscientas fortunas que tienen sus dineros en las Sicavs las medidas del Gobierno no les afecta.

Verán, me parece bastante evidente que en democracia los gobernantes tienen la obligación de explicarse continuamente. Y si, además, en el primer Consejo de Ministros el gobernante toma medidas opuestas a las prometidas en campaña electoral, pues más obligado está a explicar por qué.

En su última legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero tardó dos años en hacer lo contrario de lo que se había comprometido en materia económica y, naturalmente, fueron muchas las voces, también la mía, que se lo reprocharon. Cuando se incumple de manera rotunda un programa electoral lo primero que hay qué hacer es explicar por qué y lo segundo disolver las Cámaras y convocar elecciones o cuanto menos presentar una moción de confianza. Está claro que habiéndose celebrado elecciones el 20 de noviembre no se van a convocar elecciones de nuevo, pero desde luego el presidente tiene la obligación política y moral de explicarse ante los ciudadanos.

Eso sí, me sorprende la laxitud de algunos a la hora de enjuiciar los incumplimientos de Rajoy. Lo que para algunos en Zapatero era intolerable en Rajoy es comprensible e incluso de manera cínica aducen que los programas están para incumplirlos. Les falta añadir que están para que los incumplan los suyos, su partido favorito.

Lo peor que le puede pasar a Mariano Rajoy es que no dé la cara a la hora de explicar los problemas y de por qué adopta determinadas decisiones. Las encuestas publicadas este fin de semana señalan que los ciudadanos no están contentos con las medidas adoptadas pero que hay una disposición a comprenderle, mayor motivo para que el presidente salga y se explique. Veremos si se hace presente el miércoles.

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Julia Navarro

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