domingo, noviembre 27, 2022

El final del asunto del supercomité

El supercomité podría haber sido la relación más distinguida de nuestro tiempo: un reparto equitativo entre Demócratas y Republicanos que iban a proponer los presupuestos que traerían la tranquilidad nacional durante los próximos años. Pero la relación nunca fue más allá de la primera cita, y los miembros del comité rompían la tarde del lunes de la más superficial de las formas.

A las 16:24, justo al cierre de los mercados, el portavoz del presidente de la Cámara John Boehner, Michael Steel, salía del despacho de Jon Kyl, el número 2 Republicano en el Senado. «Esperamos una declaración electrónica de los dos secretarios en breve», anunciaba.

20 minutos más tarde, esta carta formal aterrizaba en las bandejas de entrada del correo electrónico de toda la capital.

«Tras meses de duro trabajo e intensas deliberaciones, hemos de anunciar hoy la conclusión de que no va a ser posible facilitar a la opinión pública ningún acuerdo bipartidista antes del plazo del comité», afirmaban los secretarios, la Senadora Demócrata de Washington Patty Murray y el congresista Republicano de Texas Jeb Hensarling.

La segunda parte de esa oración era evidente para todo el mundo que viene prestando atención. A pesar de meses de esperanza y promoción, el supercomité no había hecho ningún progreso de cara a un acuerdo. Pero la primera parte de esa oración es dudosa: ¿Duro trabajo e intensas deliberaciones? Celebraron unas cuantas vistas, pero nunca se acercaron a un acuerdo y llevan semanas sin celebrar al menos una sesión conciliatoria.

La última jornada del supercomité es característica. Ambos bandos habían reconocido que sus diferencias son irreconciliables, pero sacaron adelante las mociones de todas formas — no porque esperaran un avance sino para dar la apariencia de que habían hablado justo hasta el plazo de vencimiento.

Al final difundieron un correo electrónico, y Kyl, el integrante del comité que ha hecho más que ningún otro por garantizar su fracaso, trataba de escabullirse de su despacho pasando desapercibido. El portavoz de Kyl salía del gabinete para responder a las preguntas, y mientras la prensa hablaba con él, Kyl y su guardaespaldas abandonaban las dependencias por una puerta trasera y corrían al ascensor.

«¿Por qué fracasa?» preguntaba un periodista. Kyl no respondió. Las puertas del ascensor se cerraron en la cara de cámaras y micrófonos.

Fracasa porque los Demócratas no se avinieron a realizar recortes en la seguridad social y el programa Medicare de la tercera edad sin que los Republicanos cedieran en materia tributaria. Los Republicanos no iban a cambiar de postura, y por eso el comité estuvo sentenciado desde el primer momento.

Eso estaba garantizado ya la mañana del lunes, mientras Kyl y el homólogo Demócrata John Kerry recorrían el ruedo del Russell Senate Office Building visitando los platós de las diversas cadenas de cable y echando la culpa al otro.

«Nuestros amigos Demócratas», decía Kyl a la CNBC, pensaban «que era la oportunidad de subir los impuestos, y no importaba lo que nosotros propusiéramos».

«Pusimos un esfuerzo enormemente razonable — con recortes muy dolorosos — en ello, y ellos dijeron: ‘no'», replicaba Kerry en la MSNBC.

Y aun así los miembros del comité simularon durante toda la jornada que el acuerdo estaba al alcance de la mano — pero la inspección superficial desvelaba que se trataba de un sainete. Solamente 7 de los 12 miembros del comité participaban, y Demócratas y Republicanos pasaron poco más de dos horas bajo el mismo techo.

En el pasillo exterior de la oficina de Kerry en la segunda planta del edificio Russell, un grupo de estudiantes de instituto procedentes de Atlanta contemplaba a unos 50 periodistas vigilando la puerta cerrada, a la espera de que saliera un miembro del comité.

Con cierta frecuencia aparecía un miembro del gabinete o un becario con cara pálida y alguna actualización crucial, como: «siguen en ello», o «yo no esperaría sentado» o «ya veremos».

Los Republicanos abandonaban «las negociaciones» justo pasada la 1 del mediodía, para no volver más. Mientras los miembros Demócratas del comité seguían reunidos en el despacho de Kerry, los miembros Republicanos celebraban su propia vista una planta más arriba en el despacho de Kyl. En el pasillo, la prensa bromeaba diciendo que los senadores utilizaban el tiempo para sacar a la venta sus acciones.

A las cuatro de la tarde nada menos, Kerry seguía haciendo teatro. «¿Qué tiene usted que decir al pueblo estadounidense que está viendo la televisión y siguiendo a este comité a punto de fracasar?», preguntaba un periodista

«Bueno, eso es lo que usted supone», respondía Kerry.

Minutos más tarde, el supuesto era confirmado como todo el mundo esperaba. «A pesar de nuestra incapacidad para superar las significativas diferencias del comité», anunciaban los secretarios en su declaración, «finalizamos este proceso unidos en nuestro convencimiento de que hay que abordar la crisis fiscal del país».

Gracias por avisar. ¿Pero no se suponía que eran ustedes los que tenían que abordarla?

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Dana Milbank

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