jueves, diciembre 1, 2022

Perfecta formalidad

Jueces y magistrados en sus antípodas políticas reconocen que Iñigo Iruin es un magnifico abogado. Este lunes en el Euskalduna de Bilbao lo demostró. Su intervención fue de una perfecta formalidad. Tirando de autos del Supremo, de sentencias anteriores y de la reciente ley pactada entre PP y PSOE según la cual se establece la “ilegalización sobrevenida” para aquellos electos que  en caso de atentado no lo condenen, Iruin hilvanó un discurso en el que  no hay rendija jurídica y falta de conocer el texto íntegro de los estatutos, hay que aceptar que Batasuna ha dado un paso antes nunca visto. No condena porque la ley no lo exige y habla de expulsar al militante que no rechace la violencia o le dé amparo para ajustarse a la ya citada ley en la que se establece la “ilegalización sobrevenida”. No falta, formalmente, un detalle.

Sin embargo, el Gobierno ya ha anunciado que remitirá al juez los estatutos presentados por Iruin que, sabedor de la ley, insistió en que el nuevo partido no es sucesor de ningún otro; es decir de Batasuna. Sin embargo la duda razonable ahí está. ¿Se ajusta a derecho descartar la “sucesión” cuando muchos de sus impulsores son de Batasuna de toda la vida? ¿Cuándo no pocos aún tienen causas pendientes con la justicia por su vinculación de una u otra manera con ETA?

El acto de este lunes se atuvo estrictamente a la ley, pero Batasuna sabe o debiera saber que a estas alturas no basta con la formalidad perfecta. Nunca antes Batasuna se había pronunciado en los términos escuchados en Bilbao pero ¿Por qué no exigir a ETA su disolución? ¿Por qué no dar un paso más que les hubiera dado un punto de esa  credibilidad de la que carecen y “condenar”, no solo “rechazar” los actos terroristas? Por  “imperativo legal” sus electos prometían guardar la Constitución y ahora los demócratas, las víctimas,  están en su derecho de poner en cuarentena la actitud de Batasuna que si se produce es  por “imperativo legal”.

El paso dado por Batasuna, considerado claramente insuficiente, es la consecuencia directa de la presión policial, política y ciudadana sobre los terroristas y sobre aquellos –Batasuna- que durante años y años han aplaudido, han callado, han justificado el horror y el dolor causado por el terrorismo de ETA. Sin infravalorar lo vivido y oído en el Euskalduna de Bilbao, los allí reunidos deben entender que el demócrata de verdad lo es y lo parece y ellos no lo han sido y, por tanto, no lo han parecido. Los jueces tienen la última palabra pero por si acaso el Gobierno ya tiene un buen acopio de informes porque si algo tiene claro el vicepresidente Rubalcaba es que de él se ríen una vez. Solo una.

Charo Zarzalejos

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