miércoles, noviembre 30, 2022

Internet contraataca

Para ser un caballero que llegó al poder explotando el potencial de Internet, el Presidente Obama se ha mostrado extrañamente irritable los últimos días a medida que el medio se vuelve contra él.

La semana pasada, sus asesores se dejaban en evidencia al despedir a una funcionaria media del Departamento de Agricultura por una supuesta grabación racista de un blog de derechas — sólo para disculparse y ofrecer su rehabilitación al saber que la mujer inocente había sido víctima de una edición selectiva.


A continuación, la tarde del lunes, el portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs terminaba tratando de decir al mundo que no había que prestar atención a los 91.000 documentos de información clasificada acerca de la guerra de Afganistán recién colgados en la red.


«En términos de grandes revelaciones, no hay nada que veamos en estos documentos», decía el portavoz presidencial de la filtración documental de WikiLeaks.


Y: «Desconozco — desconozco la existencia de una lista de inquietudes diferente hoy a la que sería hace una semana, basándome en lo que hemos visto».


Por si estas variaciones del viejo «circulen, no hay nada que ver» no bastan, Gripps ofrecía la rara negación del triple salto mortal: «Desconozco lo que se dice, desconozco lo que se informa, no es algo que se haya discutido públicamente de forma equitativa».


Entonces, ¿por qué dice John Kerry, secretario del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que los documentos filtrados «suscitan dudas serias de la realidad de la política de América hacia Pakistán y Afganistán» y que «pueden muy bien aumentar la urgencia de subrayar los riesgos y realizar los ajustes necesarios para enderezar la política»?


La pregunta dejaba a Gibbs mudo. «No, no, vamos — bueno, vamos — déjeme ser claro primero — yo creo que es difícil — sería difícil identificar a alguien que haya hecho tanto como el Senador Kerry», ofrecía.


Ah, entonces vale.


Lo que Gibbs no dijo es que Obama está siendo tumbado por el mismo medio que le encumbró. Durante y después de la campaña de Obama en 2008, sus asesores presumían de la forma en que se habían desenvuelto para superar lo que el director de campaña David Plouffe llamó «el molesto filtro de los medios».


Tras ayudar a minar la posición de los medios tradicionales, Obama y sus ayudantes ahora acusan las consecuencias del declive.


Cuando el bloguero Andrew Breitbart colgaba una grabación que trataba injustamente a la funcionaria de Agricultura Shirley Sherrod, la falsa noticia provocó una tormenta en la red. Los tan condenados medios de referencia, incluyendo a Fox News, empezaron a hacer llamadas telefónicas y en cuestión de horas arrojaban dudas sobre el relato de los hechos de Breitbart, pero para entonces una administración Obama presa del pánico ya había despedido a la inocente.


De igual forma, con el episodio de WikiLeaks, los funcionarios de Obama descubren que la red sin filtros no tiene ninguna consideración especial con la seguridad nacional de América. Cuando los medios de información informan de documentos filtrados, de forma típica dan a la administración la posibilidad de exponer la necesidad de reservar ciertos detalles — nombres de fuentes y detalles operativos, por ejemplo — que pueden poner en peligro a tropas regulares estadounidenses y sus aliados. The New York Times — que junto a dos publicaciones europeas recibió un aperitivo de los documentos — decidió no publicar los nombres entre otros detalles que pueden comprometer a agentes estadounidenses y sus confidentes.


Gibbs estaba en posición de desventaja al responder a la enorme filtración documental, porque, como señalaba él, «a nadie de esta administración se le dio la oportunidad de ver lo que contienen y lo que no». El problema de Gibbs es que no se enfrentaba a uno de esos medios que tienen uno de esos filtros. «The New York Times no publicó los documentos», decía. «WikiLeaks publica los documentos».


Eso dejaba al secretario de prensa una única defensa, y no era muy viable: los documentos habían sacado a la luz las sospechas de los funcionarios estadounidenses de que la Inteligencia militar de Pakistán viene colaborando con la insurgencia talibán, pero todo lo que pudo hacer Gibbs fue recomendar a la gente que evitara examinarlos.


«La cobertura informativa que recojo en las noticias no cambia, creo, materialmente los desafíos a los que nos enfrentamos», argumentaba. «No creo que los desafíos que se pueden haber enumerado en un trozo de papel esta vez la pasada semana sean, muy honestamente, muy distintos, basándome en lo que leemos en estos documentos en este momento de esta semana».


Tal razonamiento no impresionaba a Ed Henry, de la CNN, que preguntaba «si estos documentos sugieren pues que esta guerra ha ido demasiado lejos o no».


«No», respondía Gibbs tajante. «No, yo no — no — no creo que de ninguna forma estos documentos sugieran eso». Pero sí que admitía que «nadie aquí está para anunciar la victoria. No habéis escuchado esa fórmula pronunciada ni difundida por nosotros».


Otra victoria de los medios sin filtros contra Obama.

Dana Milbank

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