martes, abril 23, 2024
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La edad difícil de la Constitución

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Si los treintañeros entran en la madurez y suelen consolidar su situación laboral, e incluso algunos se casan, los treinta años de vida de la Constitución se celebran en el peor escenario desde su aprobación. La economía, zarandeada por la tormenta perfecta que se ha situado sobre la piel de toro, anuncia cada día una noticia negativa en forma de nueva suspensión de pagos. El modelo alternativo al sector de la construcción y al consumo sencillamente no existe.

La voladura incontrolada del sector inmobiliario, sin que el Gobierno haya definido una estrategia de corrección y de sustitución progresiva, la pérdida de fondos europeos que animen el sector de la construcción, la inmovilidad a la hora de desregular y flexibilizar la economía y las recetas del inventor del TBO -empezando por el conejo y continuando por las bombillas y las corbatas de Sebastián-, unido a un modelo autonómico que multiplica gastos y genera ineficiencias, presenta un aniversario constitucional muy desencajado. El último dato, la caída en trece puntos de la producción industrial, refleja el sombrío final del 2008 que no presagia nada mejor para el 2009.

La última medida de Zapatero, los 8.000 millones de euros dirigidos a los ayuntamientos, que Blanco ha nominado como Plan Zapatero -muy lejos del Plan Felipe o del que elaboró Borrell- servirán poco más que para trampear, tapar algún agujero y esperemos que no se convierta en un nuevo PER extendido por toda España. El Gobierno es incapaz de hacer un esfuerzo intelectual y sistematizar un plan de obras públicas, lo cual, dada la desaparición de los ministros/as del Gobierno y su probada calidad individual, no produce ninguna sorpresa. ¿Donde están la ministra Garmendia o la trajinera ministra de Fomento? Excepto Sebastián, que es todo voluntarismo con un cierto toque infantil, el Gobierno de Zapatero puede acceder con todo merecimiento al premio de «Peor gobierno socialista de la Democracia». Los gobiernos de Felipe -con Boyer, Solchaga, Maravall, Guerra, Solana y algunos más- se agigantan cada día en que el parvulario de Zapatero toma una nueva medida política frente a la crisis.

Por si faltaba algo para el aniversario, ETA ha marcado pauta con un asesinato ensartado en su nuevo objetivo: la conexión norte del AVE, bautizada como la ‘Y’. Ha matado a un vasco que era un «colaboracionista», pues su empresa trabaja en la infraestructura ferroviaria. El atentado reabre etapa nueva y marca una tendencia en la estrategia de la banda que se incrementará conforme se acerque el periodo electoral. ETA vuelve al modelo de Lemóniz, como ha declarado Íñigo Pascual, hijo del ingeniero asesinado en 1982, y presenta la gran verdad del terrorismo que ha convertido a la sociedad vasca en rehén de su terrible realidad, por mucho que se grite hoy en Azpeitia «ETA kampora».

Un aniversario constitucional que el Congreso festeja con un reducido acompañamiento de presidentes de la Comunidades -sólo acudieron cinco- que hacen «fú» a la presencia de la Corona en la sede de la soberanía nacional. Convertidos en pequeños reyezuelos, no asisten a la Fiesta constitucional e incumplen su obligación porque en sus cabezas sólo cabe su realidad provinciana autonómica. A Madrid sólo vienen a sacar jirones del Estado.

En la relación de espectros de la política se mueve también Mariano Rajoy, cuya foto de «ministro de la Presidencia» de Zapatero no le hace ningún favor. La debilidad de su liderazgo y su astenia política vaticinan tiempos difíciles para el Partido Popular, perdido en el nuevo escenario que ha surgido de las elecciones del 2008. El desamparo de sus votantes, a los que Pedro Castro se permite vituperar sin recibir una respuesta contundente desde la sede nacional de Génova, y el alejamiento de los ciudadanos, perplejos ante una oposición más complaciente con los devaneos que contundente con el deterioro de la vida pública, sin rumbo ni brújula, demuestra el bloqueo político con el que la Constitución recibe la primera madurez.

Los aires de la calle Génova traen rumores del estado anímico de Rajoy, que empieza a sentir el vacío helado de algunos compañeros de viaje, como Arenas, experto en abandonos, mientras Ruiz-Gallardón se pega a su rueda y hace el boca a boca con el alcalde de Getafe, consciente de que el último acto de Mariano será ungirle con sus manos para devolver, a todos los que consideran sus dinamitadores, su venganza por las ofensas recibidas.

Ignacio del Río

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