lunes, abril 15, 2024
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Casi nadie quiere créditos, ahora

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Hace algún tiempo que de los escaparates de las oficinas bancarias del país han desaparecido las agresivas campañas destinadas a captar clientes de activo, es decir, gente dispuesta a llevarse un crédito después de pasar un leve examen de rutina por el despacho del director y tras presentar algunas garantías, no siempre miradas o comprobadas con esmero. Últimamente la razón por la que los escaparates reclaman depósitos y han dejado de ofrecer créditos es sobradamente conocida: vivimos una crisis de crédito. El personal está sobreendeudado (empresas y particulares), la economía está cayendo y los bancos tienen las cajas casi vacías, para lo justo. Con este panorama a nadie debería extrañarle que la actividad crediticia atraviese una época floja, por mucho que los tipos de interés hayan iniciado una rapidísima carrera a la baja, como muestra el Euribor, que casi roza los 2 puntos de descuento en 50 días de vertiginosa caída.

En este ambiente poco propicio a las alegrías estamos asistiendo a declaraciones cruzadas que no dejan de llamar la atención. Por ejemplo, el máximo responsable del BCE, Jean-Claude Trichet, ha transitado con rapidez desde las amenazantes declaraciones en las que parecía dispuesto a subir todos los días los tipos de interés porque la inflación estaba muy mal hasta las últimas apariciones públicas en las que amenaza, o poco menos, a los banqueros con dejar de bajar los tipos de interés si el sector bancario no da créditos, como al parecer deben hacer los buenos patriotas. El propio premier británico se le anticipó hace unas semanas asegurando que si los bancos no daban créditos tomaría medidas.

En nuestro caso, Solbes convocó antes del Puente de la Constitución a varios banqueros de primera fila para pedirles que agilizaran los créditos, que para eso el Gobierno estaba multiplicando las inyecciones de liquidez, una declaración que últimamente ha suavizado su competente secretario de Estado de Economía, David Vegara, al afirmar que la financiación hacia las empresas se normalizará en los próximos meses. El propio Banco de España ha llegado a la conclusión de que el crecimiento del crédito va a ser lento en el próximo futuro y que su crecimiento será inferior al del propio PIB, lo que es una forma elegante de decir que va a reducirse.

¿Por qué no fluye el crédito como todos desearíamos? Desde luego, casi nadie desea que el crédito siga aumentando a ritmos frenéticos para financiar aventuras empresariales de las que hoy empiezan a almacenarse en los Juzgados de lo Mercantil. Para que haya demanda de crédito no sólo se necesita contrapartidas de liquidez en los bancos, sino deseos de gastar y ganas -y, sobre todo, proyectos- de invertir. Y ninguna de esas dos cosas parecen estar ahora mismo en el programa inmediato de acción ni de las empresas ni de las familias.

Por si estas razones no fueran pocas, hay al menos otras dos que convendría no olvidar. Una, que el precio de los activos está en claro retroceso y, por lo tanto, quienes quieran invertir estarán demorando al máximo sus decisiones en la seguridad de que dentro de un año la inversión necesaria será mucho menor. Una segunda motivación es la que evidencia la trayectoria de los tipos de interés, claramente a la baja. Tiene cierta lógica que, con tipos de interés en baja, la gente demore sus gastos y sus inversiones, por razones prácticas y de fácil comprensión. Queda, no obstante, la financiación de circulante, es decir, la financiación de la actividad corriente de las empresas e incluso de los particulares, una actividad que no puede detenerse sin riesgo de paralización de la economía.

A mantener ese flujo han ido orientados los esfuerzos de Gobiernos y entidades financieras en las últimas semanas y parece que un cierto grado de normalización se está logrando. La recuperación del crédito será bastante más lenta de lo que los Gobiernos están predicando, por muy buena voluntad que pongan en aprobar masivos planes de inyección de capital, que pocos desean en estos momentos de la economía por la sencilla razón de que no abundan ni los proyectos de inversión ni las ganas de gastar. La gente a lo que está a reducir deuda lo más rápido posible y ese proceso posiblemente dure algún tiempo. Desde luego, parece la tarea prioritaria de casi todo el mundo para el año 2009.

Primo González

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