domingo, diciembre 4, 2022

¿A qué esperamos?

El Fondo Monetario Internacional ha revisado, como se sabe, sus previsiones sobre la economía española y considera que la contracción será de al menos el 1%, el crecimiento débil prolongado y el aumento del desempleo más que dramático. Nada nuevo, desde luego, pero es interesante constatar que desde esa instancia internacional, en la que se respaldan las medidas gubernamentales y se elogia la supervisión, se insista en otra obviedad: la necesidad urgente de reformas estructurales que el Gobierno, sorprendentemente, no se anima a emprender con la profundidad que a todas luces es necesaria.

Las medidas adoptadas hasta el momento, por mucho que se respalden dentro y fuera, no son más que el inmediato remedio para que la sangría no vaya más allá de los muy alarmantes límites que ya ha superado. Ni lo resuelven todo, ni enfrentan las deficiencias concretas de nuestra economía para navegar en la crisis y salir de ella cuanto antes mejor preparados. La estrategia gubernamental no parece contemplar reformas estructurales que vayan más allá de lo cosmético, y si antes no apreciaba las sugerencias que en este sentido le ha venido haciendo la oposición, ahora resulta que se toma también a beneficio de inventario las recomendaciones internacionales como hizo, por cierto, con otras sugerencias de las cumbres a las que España ha asistido recientemente, salvo las del rescate puro y duro.

Ciertamente, las circunstancias actuales son paradójicas a pesar de la gravedad ya por nadie negada. Se reconoce abiertamente que los Presupuestos devueltos por el Senado se basan en previsiones y contienen parámetros que han quedado obsoletos antes de su aprobación definitiva y, sin embargo, no hay señal de que, ante lo que está ocurriendo y se avecina, el Gobierno rectifique con claridad y emprenda las negociaciones oportunas para que la dura cirugía que precisamos cuente con el más amplio respaldo. A la trayectoria a la deriva se suma la falta de energía y el escaso interés por un consenso que vaya más allá de la muda aceptación de las decisiones gubernamentales. ¿A qué esperamos?

Germán Yanke

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