lunes, mayo 27, 2024
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Este Gobierno no sirve

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Da la impresión de que el Gobierno, que en medio de la desesperación da por perdido el discurso de la confianza, pretende arreglar el dañado edificio económico y financiero español, pintando la fachada y arreglando el tejado, en lugar de ocuparse de los cimientos, para lo que hace falta contar con un equipo de arquitectos e ingenieros de primer nivel, como los que acaba de seleccionar Barack Obama para hacer frente a la crisis en Estados Unidos, y no con el equipo chapucero y desconcertado que se sienta en el Consejo de Ministros español.

Pero no, aquí siguen los mismos -Solbes, Sebastián, Álvarez, etc.-, los que hasta hace seis meses negaban la existencia de la crisis. Y, además, y ello es muy grave, tras anunciar una gigantesca derrama de fondos públicos de más de 150.000 millones de euros, sobre bancos y cajas de ahorro, crecen las sospechas de un favoritismo encubierto en socorro de los empresarios y banqueros amigos de la Moncloa, al tiempo que se pretende disfrazar todo ello de un discurso social, que las cifras del paro dejan en la peor evidencia.

En esto de la crisis económica y financiera ya no sabemos dónde estamos, y el Gobierno de Zapatero, el que menos. Parecía que el vicepresidente de Economía, Solbes, pensaba recortar las ayudas a los ayuntamientos en los Presupuestos del Estado, y ahora aparecen 11.000 millones del extraño cuerno de la abundancia de Zapatero con el que otra vez se desmienten a sí mismos, a ver si con ello se reactiva la obra pública local. Y lo mismo, por más que lo nieguen, pasará con los Presupuestos, camino de un déficit casi demencial y posiblemente más cercano al 5 por ciento que a otra cosa. Y con los impuestos, que por ahora se niegan a rebajar (veremos si el IVA al final se queda en el 15 por ciento, como en Inglaterra), acabará por ocurrir cosas parecidas, es decir, más rectificaciones, a nada que en la UE se imponga esa tendencia.

Si se tuvieron que rectificar en sólo cuestión de horas, después de todos los acuerdos hallados por el Eurogrupo en París (liderados por Gordon Brwon), las medidas financieras de ayudas a los bancos y cajas de ahorro que en un principio preveía el Gobierno, cuando todavía presumía Zapatero del mejor sistema financiero del mundo, pues imagínense todo lo demás.

Y todo ello en medio de la propaganda sobre una política presupuestaria de corte social que produce paro a raudales y que sólo beneficia a los ricos en las ayudas multimillonarias del Estado. De manera que los únicos sectores que van a recibir ingentes cantidades de dinero público, para paliar la crisis financiera y económica que nos invade son la banca, las constructoras y los automóviles. Es decir, y entre ellos, muchos de los primeros responsables de burbujas y especulaciones financieras e inmobiliarias son los primeros beneficiarios de los fondos públicos del Estado y, junto a ellos, las grandes multinacionales del automóvil. Y todo esto con el argumento social de que si quiebran algunos bancos se desploma el sistema, y que si no hay obras públicas quiebran las constructoras y crece el paro de manera exponencial. El mismo argumento con el que se justifican las ayudas a la industria del automóvil. Pero ¿y el resto de sectores, empresas, trabajadores y familias, que suman muchos millones de españoles?

Pues como el Gobierno está perdido, y ocupado en salvar a los ricos y a los poderosos, a los demás ni agua, ni caso, en medio de un torrente caótico de medidas que se superponen y contradicen, en la espera del primer semestre negro del 2009 y de un récord histórico del paro como el que se anuncia en España, confirmando todos los pronósticos que señalan a nuestro país como uno de los más dañados por la crisis. Entre otras cosas, por culpa de nuestra particular burbuja inmobiliaria y del gigantesco déficit exterior, el público y el privado. Los que, en definitiva, tienen a las empresas que cotizan en la Bolsa en almoneda, y a buscadores de gangas frotándose las manos, como es el caso de los rusos de Lukoil en las puertas de Repsol, y ahora a punto de merendarse a otro campeón español de la energía, de los que alardeaba Zapatero meses atrás.

¿Qué hacer? Pues, para empezar, cambiar de un plumazo y por las bravas al equipo económico del Gobierno y los asesores económicos del presidente. Y a partir de ahí empezar de nuevo, rectificar el caos de medidas confusas y contradictorias y, mediante un sólido pacto con la oposición, restablecer en lo que se pueda la confianza y la credibilidad perdida por el Gobierno. Todo lo demás no conduce a ninguna parte porque, además de los graves problemas que nos acosan, falla el equipo humano y el de gobierno que los tendría que solventar.

Pablo Sebastián

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